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Tributo a Paul Ricoeur
Paul Ricoeur, uno de los mas renombrados filósofos del siglo XX, falleció el pasado viernes 20 de mayo a los 92 años en las cercanías de París. Perteneció a la minoría protestante francesa, al igual que Óscar Cullmann, Jacques Ellul, Georges Casalis y Pierre Chaunu, por citar sólo algunos nombres. Fue uno de los pensadores más notables del siglo XX. Su obra concilió el estudio profundo de campos diversos, como la fenomenología y la hermenéutica, disciplina desde la que llevó a cabo singulares análisis de textos bíblicos .
Con un estilo mesurado, abarcó ampliamente aspectos tan diversos como el psicoanálisis, la historia, la literatura, la semiótica y el derecho. Fue un hombre apasionado por el conocimiento, que se opuso a la tan mencionada "muerte del sujeto" y señaló la necesidad de rescatarlo, sobre todo en el ámbito moral.
Como señala Mónica Cragnolini: "La filosofía se hace de muchas maneras: el modo en que Paul Ricoeur hizo filosofía tal vez represente uno de los modos más amplios y dialogantes del pensar contemporáneo. Cuando se recorren las páginas de la obra de Ricoeur pareciera que no existe línea filosófica que no haya sido tenida en cuenta, en el momento de plantear una cuestión problemática. Y esto, hecho con un estilo de tal claridad expositiva que siempre genera el asombro: ¿cómo es posible, se pregunta el lector, confrontar posiciones tan diversas, exponerlas tan claramente, y recoger 'lo mejor' de cada una de ellas para plantear la siempre continuada vitalidad de los problemas filosóficos?". Samuel Arriarán ha resumido muy bien su trayectoria filosófica: a) sus inicios a partir de la fenomenología, el existencialismo, la historia de las religiones y la teoría política; b) el encuentro con el psicoanálisis; c) con el estructuralismo; y d) con el posestructuralismo y la posmodernidad. Este autor observa que la obra de Ricoeur podría caracterizarse como "una verdadera revolución filosófica".
Nacido en Valence en 1913, Ricoeur perdió pronto a sus padres y fue educado por sus abuelos paternos, quienes le inculcaron la fe protestante. En el libro de entrevistas Crítica y convicción (1995), da testimonio de su formación religiosa así como de su apego a la lectura de la Biblia : "Por el lado de mi abuelo, hubo una evolución hacia el protestantismo liberal, mientras que por el de mi abuela, la dirección era el protestantismo pietista [...] De hecho, mi ambiente parroquial era ciertamente más abierto que el familiar, y llegó a ser un refugio seguro para mí. [...] Sí, la lectura de la Biblia fue central en este ambiente [...] el cual, no siendo intelectual, era poco dogmático y otorgó preferencia a la lectura, la oración y el examen de conciencia. Siempre me moví entre esos dos polos: el bíblico y el racional o crítico, una dualidad que finalmente, me acompañó toda mi vida".
Comenzó sus estudios de filosofía y más tarde fue reclutado en la Segunda Guerra Mundial. Pasó cinco años en un campo de concentración nazi, de donde fue liberado en la primavera de 1945. Ricoeur se acercó al existencialismo cristiano y colaboró con Emmanuel Mounier en la revista Esprit . En su país fue ignorado hasta los años ochenta, pues cuando publicó su libro sobre Freud ( Freud: una interpretación de la cultura, 1965) no le fue bien, debido sobre todo a que no cita a Lacan, de quien se había distanciado. Este libro se hizo famoso porque en él caracteriza, además de Freud, a Marx y Nietzsche, como "maestros de la sospecha", retomando la idea nietzscheana de que el dolor es un maestro que nos hace sospechar. Como explica Cragnolini: "Los tres 'maestros' han dado un golpe de gracia al yo moderno, que desde Descartes se postulaba como autofundado y transparente a sí mismo: las heridas infligidas a ese yo lo colocan en la posición de un yo quebrado que llega a ser declarado 'muerto' en algunas posiciones filosóficas de los años 60 y 70. Entre el yo cartesiano y el yo criticado por Freud y Nietzsche se ubica Ricoeur, reconociendo la importancia de la crítica a la subjetividad, pero también, la necesidad del sujeto". De esa época es su profundo interés por el símbolo y sus manifestaciones. Para él, "El símbolo da que pensar", dado que siempre parece decir algo más e impulsa al pensamiento en una tarea interpretativa infinita. Subraya nuevamente Cragnolini: "El yo se encuentra entre el inconsciente y lo sagrado, en ese lugar intermedio".
Como profesor en La Sorbona, dirigió junto a Jacques Derrida un seminario de fenomenología, pero en 1967 se trasladó a Nanterre, para iniciar un nuevo proyecto universitario. Allí fue decano de la Facultad de Letras y se vio envuelto en la vorágine del movimiento estudiantil de 1968, pero renunció en 1970 para marcharse a la Universidad de Lovaina. Regresó a Francia en 1973 y permaneció allí hasta 1981. Más tarde trabajó en Chicago y en Yale . Un episodio muy doloroso fue el suicidio de su hijo Olivier en 1986, que evoca (en su Autobiografía intelectual, 1995) como un "viernes santo de la vida y el pensamiento" y explica cómo significó para él "la desdicha que ha franqueado una línea de separación que ya sólo puedo trazar en el papel". Allí mismo agrega cómo le ayudó a superar ese momento tan difícil la reflexión y escritura de El mal. Un desafío a la filosofía y la teología (1986). A su hijo dedica el interludio "Lo trágico de la acción" en Sí mismo como otro (1990), libro donde también respondió a las críticas sobre su interés sesgado en la religión debido a su fe cristiana: "Si defiendo mis escritos filosóficos de la acusación de criptoteología, me guardo, con igual celo, de asignar a la fe bíblica una función criptofilosófica".
La metáfora viva (1975) es una investigación sobre la creatividad del lenguaje y su capacidad para incidir en la realidad. La metáfora viva innova sentidos por su "impertinencia semántica". Frente a la referencia habitual de un término, la metáfora genera una nueva referencia, y frente al sentido literal, una nueva pertinencia semántica, que se torna "impertinente" con respecto al sentido literal. El lenguaje poético no es sólo una "otro modo" de decir sino que es una forma de "decir más", pues existe una plusvalía de sentido generada por el trabajo semántico de la metáfora. Esta obra fue concebida simultáneamente con la trilogía Tiempo y narración (1983-1985) , donde analizó la forma en que la conciencia humana maneja el tiempo y lo plasma en las distintas formas del relato.
En Pensar la Biblia. Estudios exegéticos y hermenéuticos (1998, Herder, 2001), escrito al alimón con André LaCocque (profesor, como él, de la Universidad de Chicago), ambos autores abordan seis textos representativos del Antiguo Testamento en una suerte de diálogo interdisciplinario atento y riguroso. La contribución de Ricoeur, según Juan José Tamayo, " llama la atención sobre la especificidad de los textos religiosos y la originalidad del pensamiento hebreo, lo que le lleva a considerar inadecuado el concepto de 'metafísica bíblica', que estableciera Étienne Gilson. La relación entre los textos bíblicos y las comunidades históricas de lectura e interpretación exige el recurso al círculo hermenéutico -que no tiene por qué ser 'vicioso'--. La comunidad se interpreta a sí misma cuando interpreta la Biblia".
Años atrás, el trabajo de Ricoeur en este campo (un gran número de ensayos, ponencias y colaboraciones en libros) fue muy difundido en América Latina gracias a los esfuerzos de la profesora uruguaya Beatriz Melano, especialista en su obra. Además, la editorial Megápolis publicó en tres volúmenes una amplia selección de El conflicto de las interpretaciones (1969) . De particular interés fue el titulado Introducción a la simbólica del mal (1976) , que estudia la problemática del pecado original , un tema que aparece ampliamente desarrollado en Finitud y culpabilidad (1960) , continuación de su tesis doctoral, centrada en el análisis de la voluntad. Otro tomo que circuló ampliamente fue Exégesis, una publicación colectiva donde fue posible leer algunos de los ensayos hermenéuticos más emblemáticos del filósofo francés , que aparecerían reunidos en Del texto a la acción (1986). Recientemente, el Fondo de Cultura Económica ha puesto en circulación nuevas traducciones de estas obras.
Como escribe Marcelino Agís en el Diccionario de hermenéutica: "La hermenéutica, tal como es entendida por Ricoeur, es heredera de la tradición reflexiva en su conjunto y de su variante fenomenológica en particular. Así pues, a la aportación de Schleiermacher, Dilthey, Heidegger y Gadamer, hay que añadir la huella dejada por la filosofía reflexiva de Nabert, Fichte, Kant y Descartes. La hermenéutica añade a la fenomenología la necesidad de un gran rodeo ( dètour ) a través de los signos, símbolos y normas de nuestra cultura; la finitud de la comprensión y el conflicto de las interpretaciones que resulta de esa finitud; el carácter abierto de las mediaciones". En ese sentido, Ricoeur defendió la idea de que entre las hermenéuticas bíblica y filosófica existe una relación compleja de implicación mutua. Por ello, la bíblica debe ser entendida como una hermenéutica regional con respecto a la filosófica, que proporcionaría el marco general, con todo y que los texos bíblicos constituyen un caso único . Pensando en ello, Hans de Wit ha esbozado el concepto de arco hermenéutico propuesto por Ricoeur, en tres fases: primera, la lectura ingenua (momento en que el lector construye una pre comprensión del significado del texto); segunda, la exégesis (práctica teórica que trata de reconstruir controladamente el significado histórico del texto); y tercera, el saber comprehensivo (lectura productiva que desemboca en una nueva percepción del mundo y una nueva praxis).
La memoria, la historia, el olvido (2000), testamento intelectual y moral de Ricoeur, muestra una gran preocupación por las representaciones del pasado y la memoria y el olvido. Señalando los excesos de memoria y los abusos del olvido, Ricoeur asume una postura "intermediadora" marcada por una política de justa memoria , mediante un análisis de las posibilidades del perdón, un acto difícil que reconoce como el "tormento" en su pensamiento en torno a esta temática. La veta cristiana aparece en la necesidad de respetar la regla de oro (que Ricoeur estudió admirablemente en un ensayo recogido en Amor y justicia, 1991). Al respetar al otro, cada juicio moral atiende las necesidades de cada caso concreto.
Parcours de la reconnaissance ( Recorrido del reconocimiento, 2004) es una de las últimas obras de Ricoeur. En ella subraya el valor de la alteridad y que ninguna subjetividad puede realizarse sin el reconocimiento del otro. Como señala Cragnolini: "Este reconocimiento necesita de la distancia, más que de la fusión que confunde, y por eso este libro finaliza con una cita de Montaigne, en la que responde por su amor de amistad hacia La Boétie, señalando que lo único que puede decir es que lo amaba porque 'él era él y yo era yo'".
La obra de Ricoeur, para creyentes y no creyentes, es un modelo de rigor apasionado por la verdad y la búsqueda de sentido.
Leopoldo Cervantes-Ortiz es critor, médico, teólogo y poeta mexicano.
© Leopoldo Cervantes-Ortiz, ProtestanteDigital.com, España, 2005 |
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