 |
Récord Guinness
‘Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.'
(Efesios 4:26-27)
Uno de los fenómenos que nuestra cultura ha producido, llegando a globalizarse, es la búsqueda para destacar en logros y registrarlos, de manera que quede constancia universal de los mismos. Lo que hasta hace no mucho tiempo era exclusiva de los deportistas de élite se ha extendido a prácticamente todos los aspectos de la vida humana, incluidos los más insospechados. Y de esta manera es como ha surgido el popular Libro Guinness de los Récords , el cual viene a ser el equivalente en página escrita de aquella gloria de los quince minutos al alcance de cualquier mortal en TV, al decir de Warhol.
Si bien, a diferencia de la pantalla, siempre la página escrita es mucho más duradera, aunque no así los récords registrados en la misma, que cambian de manos a velocidad de vértigo.
Es posible que el famoso libro no sea, en el fondo, más que la expresión del ansia de inmortalidad, de conquista y de superación que anida en el interior de todo ser humano, aunque la verdad es que hay récords que poco tienen que ver con lo trascendente y mucho con lo extravagante y estrafalario, pero tal vez esa es la única manera que algunos tienen para destacar. Por ejemplo, Tom Leppard está en el libro porque tiene el 99,9 % de su cuerpo tatuado, y aquí lo intrigante sería saber cuál es el 0,1 % que le falta y por qué lo ha dejado sin tatuar. Pero aparte de eso, hay que reconocer que se trata de todo un portento, especialmente cuando se quede en bañador. Los pelos de las orejas del hindú Radhakant Bajpai alcanzan la longitud de 13,2 centímetros, de manera que le cuelgan como tirabuzones, si bien más similares a la crin de un caballo que al vello suave de una adolescente. Aquí cabría preguntarse si con semejantes tapones en sus pabellones auditivos este buen hombre puede oír algo. Pero, en fin, todo sea por estar en el Guinness.
Claro que los hay verdaderamente increíbles, como Rene Alvarenga que se ha comido hasta la fecha unos 35.000 escorpiones vivos; espero que tenga suficiente bicarbonato en su casa para digerir semejante manjar. Aunque hablando de bicarbonato, por arrobas debe tenerlo a la mano Mikel Lobito quien se come todos los días 900 gramos de metal ¡y se queda tan campante!. Verdaderamente hay que tener estómago para hacer algo así. Y como la imaginación del ser humano no tiene límites cada día aparecen nuevos candidatos con propuestas de lo más estrambóticas y para todos los gustos: que si la paella más grande del mundo, que si el beso más largo de todos, que si el baile más duradero...
Pero el 1 de junio pasaban al famoso libro dos personas que nunca buscaron ni intentaron estar en el mismo: se trataba de dos ancianitos que, de un solo golpe, consiguieron dos récords, ocasión que aprovechó un representante del Guinness que se presentó en su casa con sendos certificados en la mano que constataban ambos logros. Uno era el récord mundial de vida en común, pues en ese mismo día habían cumplido 80 años de matrimonio y, según ellos mismos atestiguaban, de feliz matrimonio; el otro era que juntos sumaban más años que ninguna pareja, pues Florence tiene 100 y Percy 105; el gesto con el que aparecían en la entrevista era bien revelador de que este no era un matrimonio en el que lo único que hay en común es el techo bajo el cual se vive; con sus manos entrelazadas esta pareja de ancianos era todo un canto al amor, a la fidelidad y a todas aquellas cosas bellas para las cuales fue diseñado el matrimonio.
Y aquí es donde el Libro Guinness de los Récords , que estaba dando testimonio de la duración de este matrimonio, se queda corto en su apreciación de la auténtica realidad de las cosas, pues es evidente que, en este caso, se trata de algo más que duración, y ese algo más es la calidad que acompaña a la duración , algo que ese libro ya no puede medir ni constatar, pues no hay notario en el mundo que pueda cuantificar eso. ¡Pero este es precisamente el valor auténtico de este hombre y esta mujer! No simplemente que se hayan aguantado durante 80 años, lo cual en los tiempos que corren ya es una proeza en sí, sino que sigan enamorados como cuando se casaron.
Cuando le preguntaron a una hija suya cuál consideraba ser el secreto para la duración y calidad del matrimonio de sus padres respondió: ‘Mis padres siempre han seguido la máxima de no dejar que el sol se ponga con una discusión pendiente ' A lo que el periodista que escribe la crónica añade: ‘Y las pruebas demuestran que esa filosofía funciona.' Claro que lo que el periodista no sabe, y debería saber, es que esa máxima que tan buenos resultados ha dado no es una filosofía sino un principio bíblico , tal como está escrito en el pasaje arriba mencionado. No es el primer matrimonio con experiencia que ha hecho suya esa máxima: yo se la he escuchado a otras personas cuyo bagaje conyugal está aquilatado por el paso del tiempo. Intuyo que Florence y Percy son cristianos que han sabido tomar esta ínfima porción de la Sagrada Escritura y la han aplicado sabiamente a su matrimonio. Eso es lo que ha hecho la diferencia. Eso y darse un beso y un abrazo antes de dormir.
Y como se han doctorado cum laude en esta difícil asignatura conyugal tienen algo que decir a los jóvenes que fracasan: ‘Abandonan en cuanto aparece el primer problema.' Lo cual significa que el mantenimiento de las promesas hechas en el momento del casamiento requiere esfuerzo y sacrificio por ambas partes, pero esfuerzo y sacrificio no son precisamente las dos palabras en las que mucha gente quiera pensar hoy en día. De ahí los resultados.
Hoy, cuando en España se rompe legalmente una pareja cada 4 minutos, de manera que si lees este artículo completo en el tiempo que tardas en hacerlo se habrán entre una y dos... Hoy, cuando se inventan aberraciones de matrimonio que sólo son adefesios del auténtico... Hoy, cuando semanalmente hay un asesinato en el hogar que pone de manifiesto el infierno que se vive en tantos... Hoy..., es urgente que vayamos al remedio; remedio simple y al alcance de cualquiera. No hacen falta tantos psicólogos; lo que hace falta es bajarse del pedestal y acudir a la sabiduría condensada en la Palabra de Dios, que sigue siendo fuente de enseñanza en todos los campos de la vida, también en este del matrimonio .
Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador
y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2005, ProtestanteDigital.com, Madrid, España |
|