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El ecumenismo del nuevo papa
Miércoles 20 de Abril. En su primer discurso tras haber sido elegido Papa, Benedicto XVI aludió a las relaciones ecuménicas. Se expresó en latín después de oficiar una misa con los cardenales en la capilla Sixtina. Nada más empezar a hablar, el nuevo Papa cometió lo que a mí me parece una imprudencia: Expresándose en primera persona aludió a sí mismo como “el actual sucesor de San Pedro”. Pegó un portazo desde las primeras frases. Porque si él es el sucesor de San Pedro, quienes quieran seguir en las pisadas doctrinales del apóstol han de someterse a su jerarquía.
Siguió el discurso. Se declaró “dispuesto a hacer todo lo posible para promover la fundamental causa del ecumenismo”.
¿Qué entiende Benedicto XVI por ecumenismo? Lo mismo que pensaban Juan XXIII y Juan Pablo II. A Juan Pablo I no le dio tiempo a pronunciarse: Que todos los cristianos no católicos agachemos la cabeza, dimitamos de nuestras creencias, vayamos a Roma humildemente y pidamos al jefe del Vaticano que nos acoja bajo su mitra . ¡Hay que estar ciego! O tal vez no.
El editorialista del diario “El País” lo entendió perfectamente y lo expuso con una lucidez a la que no nos tienen acostumbrados los periodistas españoles. Quienquiera que escribiera la editorial citada dio en el clavo. Dijo: “En su llamada a la unidad de los creyentes, Benedicto XVI, fiel a sus ideas y a los documentos que había redactado cuando estaba al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dejó claro que Cristo quiere que todos vuelvan al único rebaño de la Iglesia Católica, afirmando que existen aún ovejas descarriadas en el desierto y que la Iglesia “las tiene que traer al rebaño”. Es su idea de que fuera de la Iglesia católica no existe salvación para los seres humanos” (“El País” Madrid 25-4-2005).
Cristo quiere la unidad de los cristianos, está claro en el Nuevo Testamento. Pero la unidad en El, en Cristo, no en la institución Vaticana.
¿Y por qué somos nosotros -los no católicos- las ovejas descarriadas en el desierto y no ellos, los miembros de la institución religiosa que el Papa encabeza?
Que fuera de la Iglesia Católica no hay salvación es dogma de fe en el credo católico. Permítaseme un simple juego matemático. En el mundo de hoy somos seis mil millones de habitantes. Los católicos están en torno a mil doscientos millones, tirando largo. Si Cristo regresara mañana y el mundo llegara a su fin, si Dios celebrara el juicio final en este mismo instante, ¿está diciendo el Vaticano que mil doscientos millones de seres humanos irían al cielo y cuatro mil ochocientos millones al infierno? Esto es lo que se infiere de que fuera de la Iglesia católica no hay salvación. Y he sido muy generoso. He dado por supuesto que los mil doscientos millones de católicos reúnen las condiciones que impone el Nuevo Testamento para ir al cielo.
Todo sigue igual. Papa nuevo, argumentos viejos.
A Juan XXIII se le ha dado en llamar el Papa del ecumenismo. Nada de nada. Juan XXIII creía lo que han creído los papas durante siglos. Que entramos por las puertas del Vaticano o nos helamos de frío y morimos en la calle.
En Octubre de 1962, tratando de la convocatoria del Concilio Vaticano II, el Papa Juan XXIII dijo: “Se encenderá la llama de la esperanza en todos aquellos que aún llevando el glorioso nombre de cristianos, viven separados de esta sede apostólica, y tal vez, al escuchar la voz del divino pastor, se aproximen a la única Iglesia de Cristo”.
¿Lo quieren ustedes más claro? Los no católicos hemos de oír la voz de Jesús, pero no para que nos unamos a El, sino para que nos integremos a la Iglesia cuya cabeza está en Roma.
Cuando el Papa anterior, Juan Pablo II, fue a El Salvador en Febrero de 1996, el arzobispo de la capital, Fernando Saenz, al recibirle en el aeropuerto, dijo en su nombre “Hay que pedir a todos los que se han separado del romano pontífice que regresen a él. Ahora hay muchos que se dicen cristianos. Esto es un escándalo para el mundo, cuando Jesucristo sólo fundó una Iglesia”.
La Católica, claro. Los que no somos católicos no somos cristianos, no somos de Pedro, no tenemos salvación, el cielo se no abrirá el día que un sacerdote nos eche las aguas del bautismo, sus aguas, nos lleve de la mano en peregrinación al Vaticano y allí doblemos las rodillas y pidamos perdón.
Es lo que han querido todos los papas desde el despertar de la Reforma en el siglo XVI. Es lo que quiere también Benedicto XXVI.
Recordamos que la postura de ProtestanteDigital en la cuestión de la homosexualidad coincide y se identifica con la expresada por la Alianza Evangélica Española
J.A. Monroy es un escritor y conferenciante internacional
© J. A.
Monroy, ProtestanteDigital.com, 2005 (España) |
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