|
¡No, no me conformo!
No me conformo con vivir. Quiero saborear la vida. No me conformo con ir contracorriente. Quiero mostrar que mi camino no es equivocado. No me conformo con la simpleza de cometer errores. Quiero aprender de cada uno de ellos.
No me conformo con la idea de impresionar. Quiero exponerme tal cual soy, aunque ello conlleve ser rechazada.
No me conformo a este gran mundo lleno de contradicciones. Quiero seguir sintiéndome peregrina en la tierra.
No me conformo con mirar a los demás como simples seres humanos. Quiero amar al prójimo como a mi misma.
Gracias a aquellos que no se conformaron podemos disfrutar de libertad hoy . Gracias a todos los que en su día, y en la medida de sus posibilidades, no se resignaron a una vida ya establecida y lucharon por mirar el envés de una hoja de la que sólo se mostraba una cara.
Acatamos leyes sin cuestionarnos si son aceptables o no. Si están fundamentadas en aquello que a Dios le agrada o simplemente van en contra de su voluntad. Si todos lo hacen ¿Por qué ha de estar mal? Seguimos el protocolo que nos marcan, dejando en casa nuestro disfraz de cristianos, uniéndonos al cortejo que los demás han iniciado, y que por lo tanto no será tan malo.
Cuando comenzamos a conformarnos, nos hacemos semejantes a la mayoría . A ese mundo del que Jesús nos aconseja no conformarnos, invitándonos a renovar nuestro entendimiento. (Rm 12:2). Qué poco originales somos cuando seguimos los pasos de la mayoría. Cuando cerramos los ojos y, cual ratón en Hamelín, seguimos la musiquilla que el flautista toca.
No me resigno a admitir que en esta sociedad todo lo establecido haya de ser acatado, rebelándome contra un mundo donde los frágiles, los desfavorecidos no tienen cabida. Me rebelo ante la injusticia que procede de quienes creen ser justos. Ante quienes miran de soslayo y se creen con el derecho de juzgar. Me rebelo ante una vida religiosa que se conforma con cultos dominicales y ósculos de protocolo.
Quiero renovarme cada día para no caer en las redes de lo absurdo. De vivir por vivir, sin mirar más allá . Anhelando que mi rebeldía sea portadora de valores que se mustian por el poco uso. Acciones plagadas de olor fragante, que lleguen con agrado hasta Dios.
Una forma de demostrar que somos seguidores de un Dios que no se conforma con una mera creación humana . Nos da aliento de vida, capacitándonos para ser mucho más que meras marionetas en manos de un titiritero.
Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, ProtestanteDigital.com, 2005, España |