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Testigos de Jehová:
las profecías del fin del mundo
La influencia de la masonería (XIII)
Junto con la insistencia en que sólo en el seno de la secta podía conocerse la Biblia correctamente, Russell articuló un segundo pilar, tomado del adventismo, consistente en insistir en que el fin del mundo estaba peligrosamente cerca. Si uno tardaba en entrar en la secta podría quedarse fuera en el momento del fin y ser destruido por Dios; si uno se sublevaba contra el despotismo de la cúpula, el resultado sería la expulsión de la “única religión verdadera” y quien sabe si tendría tiempo de arrepentirse antes de la llegada de la destrucción.
Russell había profetizado el fin del mundo para 1914 con tanta claridad y durante tanto tiempo que ningún adepto se hubiera sentido con libertad para dudarlo . Según informa el libro de la secta (hoy retirado de circulación) titulado “Santificado sea tu nombre”, el resto de los israelitas espirituales (los adeptos) distribuyó en los Estados Unidos de América y en el Canadá más de diez millones de ejemplares del tratado The Bible Students Monthly, tomo 6, número 1, con el artículo de primera página “Fin del mundo en 1914” (1). Decididamente, eran muchos millones de ejemplares para dudar de que el autonombrado pastor Russell se creía sus propias profecías.
En cualquiera de los casos el anuncio venía haciéndose desde hacía mucho tiempo como quedaba de manifiesto en las publicaciones de la secta y difícilmente se hubiera podido alterar ya . Veamos sólo algunos botones de muestra de la enfermiza insistencia de Russell en que el fin del mundo vendría en 1914:
“En 1914 el Señor tendrá el control pleno. El gobierno gentil será derribado; el cuerpo de Cristo será glorificado; Jerusalén dejará de ser pisoteada; la ceguera de Israel desaparecerá; habrá una anarquía mundial; y el reino de Dios sustituirá a los gobiernos del hombre” (2). (Resulta evidente que ni una sola de las profecías se cumplió en 1914, circunstancia que difícilmente servía para apoyar las pretensiones de Russell).
“ ... dentro de los próximos veintiséis años todos los gobiernos presentes serán
derribados y disueltos... el completo establecimiento del Reino de Dios se realizará en 1914 A.D. “ (3)“ ... la batalla del gran Dios Todopoderoso (Apocalipsis 16:14) acabará en 1914 A.D. con la destrucción completa del presente gobierno de la tierra...” (4)
“ ... el pleno establecimiento del Reino de Dios en la tierra en 1914 A.D. “ (5)
Tan convencido parecía estar Russell de que el fin sería en 1914, que no sólo anunció la conversión de Israel y el final de los gobiernos mundiales sino también la caída de Babilonia (término que – tomado de los adventistas – servía para designara todas las iglesias cristianas):
“Y, a finales de 1914 A.D., lo que Dios llama Babilonia, y los hombres Cristiandad, habrá desaparecido, como ya se ha mostrado en la profecía” (6).
Por supuesto, a eso debía acompañarle la total glorificación de los “santos” (es decir, los adeptos de Russell):
“Que la liberación de los santos debe tener lugar en algún tiempo antes de 1914 es algo manifiesto... Sobre cuanto tiempo antes de 1914 los últimos miembros vivos del cuerpo de Cristo serán glorificados, no estamos directamente informados” (7)
Sin embargo, contra lo que esperarían sus adeptos actuales, Russell no pretendía que sus cálculos emanaran exclusivamente de la Biblia. De hecho, había sido iniciado en la masonería, y en ésta encontró no escasa fuente de inspiración para sus enseñanzas. De entrada, se trató de la simbología. Russell recurrió al disco solar alado propio del Antiguo Egipto – y de la masonería – para ilustrar las portadas e interiores de sus obras.
Por si fuera poco, recurrió también a la corona atravesada por una cruz que es propia de la simbología masónica y que, de manera nada casual, sigue siendo el símbolo preferido de la Ciencia cristiana. Seguramente, no pocos Testigos de Jehová de la actualidad se quedarían sorprendidos de saber que el símbolo que acompañó a la Atalaya durante décadas había surgido de la masonería.
Abundan también en las publicaciones de estos años, las referencias a una terminología masónica. Por ejemplo, Cristo es definido como el “Gran Maestre” de “esta gran Orden secreta” o se hace referencia constantes a una “Edad Dorada venidera”, hasta tal punto que la referencia masónica a la “Edad Dorada” se convirtió en título de una de las publicaciones de la secta fundada por Russell.
(1) Página 279 de la edición española de libro de 1964.
(2) Studies, vol. 2, primeras ediciones, pp. 76-78.
(3) Studies, vol. 2, pp. 98-99.
(4) Studies, vol. 2, primeras ediciones, p. 101.
(5) Studies, vol. 3, p. 126.
(6) Studies, vol. 3, p. 153.
(7) Studies, vol. 3, p. 228. Edición de 1913.
César Vidal Manzanares
es un conocido escritor, historiador y teólogo.
© C. Vidal, Libertad digital (ProtestanteDigital.com. 2005, España) |
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