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Número 85 - 07 de junio 2005
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JOSÉ DE SEGOVIA
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Sprinsgteen se sacude el polvo
y lucha contra sus demonios

Cuando ya nadie duda de la jefatura del Boss, como uno de los grandes mitos de la música popular norteamericana, Bruce Springsteen ha iniciado un sorprendente viaje interior en su último álbum, Devils and Dust, que ha presentado con increíble sobriedad ante multitudes, que en Madrid y Barcelona han contemplado un escalofriante espectáculo, lleno de solemnidad. Un tono espiritual y trascendente ha marcado sus conciertos, en los que ha hablado de religión, Jesucristo, sacrificio y búsqueda de redención frente al mal y los demonios interiores, pero también de su incapacidad para encontrar razones para creer.

“Mis nuevas canciones”, dice Bruce, “hablan de almas en peligro”. Tras la reflexión sobre el 11 de septiembre, que supuso The Rising, el artista vuelve ahora al escenario de Las uvas de la ira de Steinbeck , un lugar habitado por marginados, perdedores y solitarios, que sobreviven en medio de ninguna parte. Son “historias individuales de personas que luchan con sus demonios”, dice Springsteen, las que hay en estas doce canciones con aire de folk y country, que recuerdan algunos de sus discos acústicos como Nebraska, pero sobre todo el tono oscuro de The Ghost of Tom Joad.

Estos relatos están llenos de pecados y oraciones, maldades y anhelos de gracia, que lo mismo narran un encuentro con una prostituta ( Reno ) que hablan de Jesucristo ( Jesus was an only son ). Springsteen se introduce así a través de la sangre y el polvo, por los oscuros laberintos del alma humana, de la que nacen estos cánticos, en que hasta once veces invoca a Dios, ocho de ellas en la composición que abre y da título al álbum:

El miedo es algo muy poderoso,
puede volver negro tu corazón, seguro,
tomará tu alma llena de Dios
y la llenará con demonios y polvo
.

Bueno, todo hombre y mujer
quieren hacer lo correcto,
encontrar el amor que Dios quiere
y la fe que Él nos manda.

Tengo el dedo sobre el gatillo,
y esta noche no basta la fe.
Cuando miro mi corazón,
Sólo hay demonios y polvo.
Bueno, tengo a Dios a mi lado
y sólo intento sobrevivir.

(Devils & Dust)

CORAZÓN HAMBRIENTO
El estilo de vida de Springsteen, parece más propio de un hombre de familia que de una estrella del rock . Ya que al Jefe no se le conocen otros excesos que el derroche de energía con el que se sacude el polvo de sus casi sesenta años, regularmente sobre un escenario. Viaja siempre con su mujer, acompañado de sus tres hijos. Y aunque tiene imagen de rebelde, usa el mismo lenguaje que cuando era monaguillo en una parroquia católica de Nueva Jersey. Su familia era irlandesa e italiana, por lo que estudió en un colegio de monjas y se dio a conocer con un disco llamado Nacido para correr ( Born To Run, 1975), que él mismo describió como “un álbum religioso, aunque divertido”.

Sus canciones nos presentan la mediocridad de la vida rural en una pequeña ciudad de provincias de la América profunda, llena de sueños rotos. En ese cuadro gris hay sin embargo una pasión por trascender las circunstancias, que le hacen sentir insatisfecho, rodeado de muerte, dolor y temor. Su huida en la oscuridad nace de la profunda convicción de que hemos sido hechos para la gloria. Eso que Agustín también comprendió, cuando descubrió que “el hombre ha sido hecho por Dios, y su corazón está siempre inquieto, hasta encontrar descanso en Él”. Por eso “todos tenemos un corazón hambriento”, dice Springsteen, “un hambre que no podemos resistir”.

En su disco del año 78, Bruce habla sobre La oscuridad al borde de la ciudad ( Darkness On The Edge of Town ). Describe nuestro mundo como “tierras malas”, sobre las que escupe, como un lugar de exilio lejos del Paraíso. En Adán levantó un Caín nos da la razón. Hemos heredado los errores de nuestros antepasados: “En la Biblia Caín mató a Abel / y fue expulsado al este del Edén / Naces a este vida pagando / por los pecados que otro hizo en el pasado”. Pero él no sabe como salir de ahí, y romper ese círculo de pecado. A veces parece cuestión de voluntad, otras es como si uno tuviera un sueño, y lo que nos falta es fuerzas para seguirlo. Pero lo que está claro es que “tenemos que salir de este lugar / aunque sea la última cosa que hagamos / tenemos que salir de este lugar / porque, chica, tiene que haber una vida mejor para mí y para ti”.

SUEÑOS DE REDENCIÓN
“He intentado leer la Biblia un tiempo”, cuenta Springsteen en una entrevista. “Es fascinante, tiene grandes historias”. Su lenguaje late por eso en muchas de sus canciones, como cuando suspira por ser limpio, usando la imagen evangélica del río, como tanto un lugar de bautismo, o la frontera final que nos separa de la tierra prometida . Así en Corriendo por la calle dice: “Esta noche mi chica y yo / vamos a ir conduciendo hasta el mar / y lavarnos estos pecados de nuestras manos”. Ya que hay una alienación que le hace sentirse extraño en esta tierra. Y es como si al reconocer esa esclavitud tuviera deseos de huir. Pero como ocurre tantas veces desde el origen del rock, son el coche o la guitarra los que se convierten en medios de redención.

Los coches de sus canciones están por eso sacramentalizados. No son meros medios de transporte, sino medios de gracia. “Juro que he encontrado la llave del universo / en un motor de un viejo coche aparcado”, dice en Crecer, un tema de sus disco del año 73 ( Greetings from Asbury Park, New Jersey ) . No es ir en coche, es “tener fe en tu máquina” ( Night ). Ya no es recorrer las calles, sino “atravesar mansiones de gloria” ( Born To Run ). Teniendo un coche puedes escoger tu horizonte, canta en la Carretera del trueno: “El Cielo está esperando bajando por ese camino / oh, oh, ven, toma mi mano / esta noche conduciremos a la tierra prometida”. Es el engaño escapista del personaje de la escritora católica sureña Flannery O´Connor en la novela Sangre Sabía , por el que “cualquiera que tenga un buen coche, no necesita justificación”.

Ya que la fe de sus personajes contrasta con la realidad oscura de su corazón. Es evidente que su música intenta dar dignidad a gente humilde, en medio de sus miserias, pero el problema es que al final, cuando le quitas su poderoso lenguaje y bajas el volumen, no queda más que pensamiento positivo. Es “creer en ti mismo”. Bruce afirma: “Creo en la esperanza que me puede salvar / creo en la fe / y oro por que alguien me levante / de estas malas tierras” ( Badlands ). Pero esa fe, esperanza y oración, no son más que “un sueño”.

JESÚS, HIJO DE MARÍA
Una de las últimas canciones de su nuevo disco está de hecho dedicada a Jesucristo, sobre el que dijo en Madrid que le gusta pensar como “hijo de María”:

Jesús era hijo único.
Cuando subía al Calvario,
su madre María andaba a su lado,
en el camino donde derramó su sangre.
En la colinas de Nazaret,
cuando tumbado leía los Salmos de David,
a los píes de su madre,
su madre rezaba duerme mi niño, duerme bien.
Porque yo estaré a tu lado,
para que ninguna sombra, ni oscuridad, ni tañido de campana,
atraviese tus sueños esta noche.

En el jardín de Getsemaní,
oró por la vida que ya nunca viviría,
suplicó a su Padre celestial que apartara
la copa de la muerte de sus labios.
Esa es una pérdida que nunca se podrá recuperar,
un destino que nunca se podrá alcanzar,
una luz que nunca encontrarás en ningún otro rostro,
un océano que nunca se puede atravesar.
Jesús besa las manos de su madre,
susurra: “Madre, seca tus lágrimas,
recuerda que el alma del universo,
deseó una palabra y se hizo carne.

( Jesus was an only son )

Ese sentido de pérdida que ve en la muerte de Jesús, está en esos sentimientos de indefensión e impotencia que transmite en baladas como la Mansión en el monte o La casa de mi padre de Nebraska (1982), donde aparece como un hijo pródigo. Es conmovedor escucharle cantar así, cómo cae dormido en los brazos de su padre, pero al despertar, se encuentra que ya no está. Nadie sabe dónde ha ido. Aunque....

La casa de mi padre brilla fuerte y luminosa,
se levanta como un faro llamándome en la noche,
me llama, y estoy tan frío y solo,
ilumina esta carretera oscura,
donde nuestros pecados quedan
sin expiación alguna.

( My Father´s House ).

¿No hay entonces reconciliación posible? Jesús nos dice que sí. El se ha entregado por nosotros, abriéndonos el camino al Padre. En su casa hay lugar para todo aquel que confía en Él. Aunque haya torres que se desplomen, hay un hogar eterno para todo aquellos que siguen el camino, la verdad y la vida ( Juan 14). Ningún sueño puede hacernos volver a nacer, pero sí el Espíritu de Dios ( Jn. 3). ¡Mira la luz que se levanta sobre estas “malas tierras”!. Nos anuncia una tierra prometida, una ciudad  sobre un monte, más allá de estas ruinas... ¡Es la casa del Padre! Allí podemos encontrar morada, al final de la noche…

José de Segovia Barrón es periodista, teólogo y pastor en Madrid.
© J. de Segovia, 2005, Madrid, España.

 
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