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Número 85 - 07 de junio 2005
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MANUEL DE LEÓN
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La teología del búfalo de agua
Apuntes Misioneros en el contexto asiático (VII) 

La teología del búfalo de agua es una teología radical y descarnadamente realista. Su proclama profética no difumina ni alarga, sino que denuncia a las mismas religiones que parecen ensalzar lo invisible y despreciar lo que se ve. Sin embargo el Evangelio es el del “oír, ver y tocar” como lo único que puede alimentar la esperanza. Los poderosos de la tierra proclaman la invisibilidad y la violencia. Quieren hacer invisibles “al extranjero, al huérfano y a la viuda y al hambriento, al sediento, al desnudo, al enfermo y al que está en la cárcel (Mateo 25:31-46)” Esto es violencia, porque los cuerpos de los niños famélicos, deben seguir siendo visibles para el mundo, para este mundo que se angustia y agoniza en sus excesos.

El propio mentor de esta teología, el profesor de ciencias Ecuménicas y cristianismo, el japonés Kosuke Koyama, nos dice como nació esta teología: “ "En una ocasión escribí una serie de notas y reflexiones breves mientras disfrutaba del gusto incomparable del mango durante la estación seca y mientras escuchaba el croar de los sapos durante la estación húmeda. Tenían un hilo común: la experiencia de un misionero japonés en el norte de Tailandia. Cuando hube acumulado bastantes, pensé qué nombre podía dar a la colección. En una reunión de la Asociación de Escuelas de Teología del Sudeste de Asia , comenté que al ver a los campesinos trabajando con búfalos en los arrozales me vino una inspiración. Mi guru , Shoki Hwang, aceptó con desenfado que llamara Teología del búfalo de agua a mi conjunto de reflexiones. (...)”.   “Decidí subordinar los grandes pensamientos teológicos, como los de Tomás de Aquino y Karl Barth, a las necesidades intelectuales y espirituales de los campesinos. Decidí que la grandeza de las obras teológicas ha de juzgarse por la amplitud y la calidad del servicio que puedan prestar a los campesinos a quienes he sido enviado. También decidí que no entendería realmente la Summa Theologiae o la Dogmática de la Iglesia hasta que no fuera capaz de usarlas en provecho de los campesinos. Mi teología en el norte de Tailandia debe comenzar con las necesidades de los campesinos y no con las grandes ideas desarrolladas en la Summa Theologiae o en la Dogmática de la Iglesia ”.

Koyama busca la unidad visible de las iglesias, un Movimiento Ecuménico capaz de hacer visible a Dios en la faz de Jesucristo. Es necesario también hacer visibles los dones y la sabiduría de las mujeres tanto en la Iglesia como en la sociedad, porque su espiritualidad, su trabajo a favor de la justicia, la paz y la integridad de la creación, hacen que la vida comunitaria y la teología sean diferentes. Una sociedad que oprime a las mujeres debe tener a alguien que rompa el silencio y haga visible a sus tradiciones y su historia que se ha hecho violencia y dominación a la mujer de todo el mundo.

Algunos artículos de Kosuke Koyama, sin embargo, rezuman lo que el ha titulado la alegría de la esperanza. La “oikumene”,   todo el mundo habitado, está destrozado por la violencia pero ese  "Regocijaos en la esperanza" es una posibilidad de conversión radical . Este mundo lleno de seres humanos desesperadamente pobres, de niños hambrientos, de gentes arrancadas de sus hogares que son victimas y carne de la guerra y de los conflictos étnicos ¿cómo pude alegrarse en la esperanza? se pregunta Koyama. Esto es difícil entender en la vida ordinaria porque la alegría y la esperanza son metas en horizontes lejanos. Sin embargo Dios abraza el mundo y cuanto mas desesperado está el ser humano, mas apretado se hace el abrazo vivificador de Dios que compasivo resuena: “Alegraos en la esperanza” (“Y santificareis el año cincuenta y pregonareis libertad en la tierra a todos sus moradores “Lev, 25:10)

En este abrazo de Dios, el ser humano que no tiene hogar, puede mirar al Hijo del Hombre que no tenía donde recostar su cabeza. Nadie está tan despojado como Jesucristo. Cristo desnudo, en una cruz, descalzo, roto desgarrado, habla a este mundo que también está quebrado y desgarrado. La cruz es la tierra mas santa, es un lugar donde podremos sentirnos derribados pero nunca vencidos, porque hay espacio para la compasión.

La invitación para la esperanza comenzaría, cuando sentimos a ese Dios al que se le inflama toda su compasión, pese a ser un mundo infiel. Dios cada día agudiza su amor y podemos entender la alegría de la esperanza oculta en la historia de la vida íntima de Dios. Porque la esperanza no es historia del tiempo, sino de amor y compasión. El Evangelio pone al amor por encima del tiempo, pero ¿qué es el amor si no se hace visible y permanece intangible? Porque el hermano que vive la devastadora pobreza mostrando su cuerpo famélico son una realidad visible, un negro foso que separa a los ricos de los pobres. Las ametralladoras y el sida son visibles. Visible es el racismo, el militarismo y el poder del dinero y la respuesta a esas realidades no puede ser otra que la gracia de Dios que actúa en el mundo de la invisibilidad.

Dios habla mas de 7000 dialectos e idiomas. Dios está abierto a las naciones, a las culturas: “Bendito sea Egipto, pueblo mío; y Asiria obra de mis manos; e Israel, mi heredad” (Is 19:31) ¿Cuántos idiomas habla Dios? Todos. Todos los pueblos están interrelacionados. Todos los pueblos están abrazados compasivamente por Dios y en ese abrazo el mundo se trastorna, se conmueve, porque el Padre de la parábola cuando ve de lejos al hijo, fue movido a misericordia y el hijo se echó sobre su cuello y el padre lo besa y pone el anillo y los mejores vestidos. Un Dios corriendo hasta la periferia, saliendo de su trascendencia y de su centro, para convertir la periferia en centro. Por eso la gracia produce conmoción en vez de tranquilidad. El Cristo que sale al encuentro del ser humano quebrantado, produce esperanza, pero también inesperada conmoción. La teología tiene la tarea de descubrir esa conmoción y hacerla visible. Los seguidores de Cristo pueden tener distintas opiniones y convicciones pero todos estamos llamados a ponerlas bajo la luz del Dios compasivo que abraza el mundo.

La raíz del ecumenismo es que Dios tiene a cada ser humano como algo irremplazable e incomparable. Cada persona es conocida por Dios, pero nosotros decimos tantas veces ¿Soy acaso guardián de mi hermano? como si fuesen basura, seres humanos que sobran, prójimos molestos que hay que hacer invisibles.

En el encuentro de la 8ª Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) las exposiciones giraron en torno a este tema de “Buscad a Dios con la alegría de la esperanza” con tres destacados teólogos, el Arzobispo de Tirana y toda Albania, Anastasios, la Dra. Wanda Deifelt, teóloga feminista brasileña y el profesor y teólogo japonés Kosuke Koyama. Se transmitió en esta 8ª Asamblea la importancia del arrepentimiento y la conversión (metanoia) para volverse a Dios desde la alegría de la esperanza.. Koyama trajo en su discurso ese poder abarcador de Dios y toda esa teología que el ha llamado del búfalo de agua.

Pero esta teología quizás nazca a raíz de la experiencia de la bomba atómica, de la idolatría de la cultura nipona y de las consecuencias que produce de desigualdad y desgarro entre los pobres y los ricos. La única universalidad posible en este mundo es la universalidad de la cruz y en eso consiste la fuerza del cristianismo. El apóstol Pablo entendía que es lo decisivo del cristianismo y Jesús había dicho: “ cuando sea levantado, atraeré todas las cosas hacia Mi”, por eso dice Koyama que en la cruz de Jesucristo “no hay lugar para ningún complejo cristiano de superioridad respecto a los adeptos de otras creencias. Si los cristianos comprenden que el nombre de Jesucristo implica unidad de la santidad y del ser-destrozado” ya no tendrán afán de ser enseñantes sino testigos ¡martires!”



Artículos anteriores de esta serie:
   1  Asia: puerta abierta al Evangelio  
   2  Las misiones no son colonias  
   3  Las grandes Sociedades Misioneras en Asia  
   4  Hudson Taylor y Bod Finley  
   5  La Biblia en el entorno de Asia  
   6  Teología asiática  

Manuel de León es escritor, historiador, y director de "Vínculo" (revista de las Iglesias de Cristo de España).
© M. de León, 2005, Asturias, España.

 
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