Número 86 - 19 de junio 2005
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X. MANUEL SUÁREZ 
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Diversidad, tolerancia, unidad
El que no es contra nosotros, por nosotros es 

-Venimos a tener el culto protestante- -No, protestante no, dirás evangélico, porque nosotros no somos protestantes- Me quedé pegado; estábamos a la puerta de una institución en la que un grupo de hermanos de diferentes denominaciones llevábamos años teniendo cultos.

Me quedé pegado porque quien me estaba corrigiendo en público era mi hermana en la fe que me acompañaba; seguro que quería desvincularse de la mala imagen que el vulgo tiene de los protestantes y, sobre todo, que no la confundiesen con esos protestantes liberales no nacidos de nuevo. Me sacudió su miopía, su dogmatismo intolerante y estrecho, su incapacidad para reconocer a sus hermanos como hermanos, por mucho que le disgustasen; por un momento pensé en sacar a mi hermana de su desconocimiento, pero miré para el funcionario y vi claro que de ninguna manera valía la pena ponerse a debatir en aquel momento, en aquel sitio, en público.

En otra ocasión estaba escuchando en la radio una tertulia sobre un telepredicador evangélico que había pedido perdón públicamente por algo que había hecho mal; los contertulios le descuartizaron y llamé para denunciar la hipocresía de ellos, que se tragaban los desmanes de algún miembro del gobierno de entonces y que ya me gustaría, ya, verle pidiendo perdón en público como al telepredicador. No entró mi llamada, pero por lo menos allí, entre los contertulios, estaba un hermano protestante; él sabría cómo contestar. Pues no: mi hermano, un protestante liberal, fue con mucho el más cruel descuartizador; seguro que quería asegurarse de que su prestigio de protestante progresista no se viese manchado por la imagen de aquel telepredicador americano. Me sacudió también esta vez su miopía, su dogmatismo intolerante y estrecho, su incapacidad para reconocer a su hermano como hermano, por mucho que le disgustase.

Los dos episodios me llegaron al alma y los he visto reproducidos en más ocasiones. ¿Es que no hemos aprendido a conjugar diversidad y libertad con unidad? ¿Es que no hemos aprendido qué significa tolerancia? ¿Es que no sabemos descubrir en el otro hermano profundas raíces, nuestras mismas raíces, que nos identifican y superan las normales diferencias? ¿Es que no somos capaces de discrepar en libertad con nuestros hermanos sin descalificarles públicamente? Un pueblo que no sabe reconocer su identidad profunda, que no es capaz de reconocer como de la familia propia a un creyente por encima de las diferencias, un pueblo que eleva a muros de trascendencia lo que es definitivamente accesorio, un pueblo que no es capaz de correr riesgos por verse identificado con hermanos que no le gustan, un pueblo que no tiene el más mínimo cuidado por guardar la imagen pública de unidad, es un pueblo que se está vaciando de consistencia, de mensaje y de capacidad de influencia.

Los protestantes no necesitamos papa para guardar la unidad: nuestra unidad se ancla en Alguien mucho más poderoso, nuestro Padre común, y por eso, desde la más libre diversidad, reconocemos en medio de nosotros un único Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos (Ef 4.5-6).

En estos días se celebrará el Festi-Madrid ; será una piedra de toque. Hermano que me lees, puedes tener todas las reservas del mundo, puedes estar en pleno desacuerdo con los métodos de quienes lo organizan, sus expectativas o su imagen, pero es un proyecto diseñado y elaborado por tus hermanos, tan diferentes de ti, pero tus hermanos, que han trabajado durante meses con toda convicción y espíritu de profundo sometimiento al Señor. Y, fíjate, puedes tener razón, pueden estar equivocados en sus planteamientos, pero no tengas duda alguna: quieren ser instrumentos en las manos de Dios igual que tú. Y lo serán. ¿Serás capaz de orar para que el Señor les bendiga en todo? ¿que les abra amplias puertas? ¿que dé fruto a su trabajo? ¿Serás capaz de orar con la misma convicción que por los proyectos en los que tú crees más firmemente? Si lo eres, serás auténtico, sabrás distinguir lo básico de lo accesorio, reconocerás tu más genuina identidad, demostrarás madurez, auténtica tolerancia y profundidad.

Si no eres capaz de orar así, no serás el primero; ¿recuerdas? "Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es" (Mr 9.38-40).

X. Manuel Suárez es médico, escritor y Consejero de Medios de Comunicación del Consello Evanxélico Galego.
© X. M. Suárez, ProtestanteDigital.com, 2005 (España)

 
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