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El gobierno humano: Bolivia (y 1)
Bolivia ha estado en estos días al borde del abismo al haber faltado muy poco para que se produjera un enfrentamiento civil de impredecibles consecuencias. El anterior Presidente, Carlos Mesa, dimitió en cuestión de semanas por segunda vez, pero esta última de forma irrevocable al haber sido desbordado por los acontecimientos, produciéndose durante unos días un peligroso vacío de poder que no presagiaba nada bueno. Y aunque la situación parece estar algo más controlada al haberse nombrado un nuevo Presidente, la situación del país es verdaderamente dramática en lo económico, lo social y lo político, ocupando Bolivia el triste puesto de ser la nación más pobre de América del Sur.
Los datos no dejan lugar a dudas: en el año 2001 la renta per cápita era de 830 dólares anuales, es decir más o menos el equivalente al salario mínimo mensual que un trabajador cobra en España. Pero seguramente del 2001 hasta hoy es posible que esa cifra haya bajado aún más. En ese mismo año la deuda externa de esa nación era el 55% del Producto Interior Bruto, lo que significa que más de la mitad de su riqueza se destinaba a pagar las deudas contraídas. Las diferencias sociales son inmensas, hasta el punto de que la región más rica donde radican los yacimientos de gas y petróleo, Santa Cruz, busca desligarse, en el marco jurídico y político, del resto de Bolivia. Si se atiende a los recursos minerales, energéticos y agrícolas inmediatamente salta a la vista que Bolivia no es, ni de lejos, un país pobre; al contrario, se trata de una nación con inmensas posibilidades para el desarrollo y el bienestar, dado que aparte del gas y el petróleo ya mencionados, tiene minas de estaño, oro, zinc y plata, aparte de ricas plantaciones de café, cacao, bananas y otras frutas tropicales.
¿Cómo es posible, entonces, que la inmensa mayoría de la población viva en la pobreza? Solamente hay una respuesta a esta pregunta: la mala gestión, el abuso y la corrupción de unos pocos han llevado a Bolivia a esta bancarrota. Tristemente no es el único caso en América y tampoco en el mundo en el que se da esta terrible paradoja: por un lado riqueza de recursos, por otro pobreza generalizada.
No es extraño que la población se haya echado a la calle harta ya de soportar unas condiciones de vida difícilmente aceptables cuando se sabe que en el suelo y debajo del suelo que se pisa hay recursos para que todos vivan bien. La indignación de los campesinos y mineros ha llegado a tal punto que incluso ha tenido repercusiones fuera del país, al haberse planteado el G-8 condonar la deuda que Bolivia tenía contraída con los países más ricos del mundo . Resulta triste que sea necesario ver a un país a un paso de la guerra civil para tomar medidas que aflojen la soga que oprime su cuello.
Pero las imágenes de esas masas populares clamando por soluciones justas para sus demandas en medio de un caos legal no dan la razón a aquellos que piensan que es preciso, por el bien del pueblo, la supresión de toda forma de gobierno central. No es contra la idea de gobierno en sí por la que el pueblo se ha levantado sino contra un gobierno injusto, pues desde el mismo momento en el que los seres humanos decidimos, por conveniencia o necesidad, convivir y relacionarnos de manera organizada de acuerdo a ciertas normas, se hace necesario el gobierno. A menos que queramos vivir como Robinson Crusoe es absolutamente imprescindible que haya alguna forma de gobierno, pues hasta en los animales que viven en manadas hay un principio jerárquico de mando. Por lo tanto, el anhelo de un gobierno y de un gobierno justo es lo que ha echado a los bolivianos a la calle.
Ahora bien ¿cuáles son las soluciones humanas para satisfacer esa demanda? Hay muchas, pero tal vez podrían resumirse en dos:
- Los gobiernos impuestos sobre el pueblo . Suelen ser dictaduras y, como tales, son vitalicias. El problema de ello es que si salen malas se convierten en algo terrible porque la única manera de sacudírselas de encima es mediante un golpe de Estado o una insurrección popular, con todo lo traumático y difícil que eso es. En algunos casos el remedio es peor que la enfermedad porque tras un dictador derrocado llega otro igual o peor que el anterior. Si salen buenas suelen serlo para un solo sector de la población: el que simpatiza o se beneficia de las mismas, pero ¡ay! de aquellos que disientan de sus planteamientos ideológicos.
- Los gobiernos propuestos por el pueblo . Son las democracias y la virtud que esta forma de gobierno tiene es que no hace falta cortarle la cabeza a nadie para quitarlo del poder. Si el gobierno sale malo se le puede echar por medios civilizados en la siguiente cita electoral. Si sale bueno tiene un inconveniente y es que su bondad no va a ser permanente por dos razones: por la misma esencia que tiene la democracia de limitar en el tiempo el mandato de un mismo gobernante y por la degradación intrínseca que la naturaleza humana tiene, razón por la cual quien su momento fue admirable y maravilloso se convierte, con el transcurso de los años, en alguien enojoso e insoportable.
Estas son las dos soluciones humanas de gobierno, siendo la segunda preferible a la primera pues ya dijo Churchill que la democracia era el peor sistema de gobierno si exceptuamos a todos los demás. Pero en el pasaje bíblico abajo enunciado se habla de otra solución a esta necesidad que los humanos tenemos, aunque ésta no es una solución humana sino divina. Las características de la misma las veremos en el próximo artículo.
'Estas son las palabras postreras de David. Dijo David hijo de Isaí, dijo aquel varón que fue levantado en alto, el ungido del Dios de Jacob, el dulce cantor de Israel: El Espíritu del Señor ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua. El Dios de Israel ha dicho, me habló la Roca de Israel: Habrá un justo que gobierne entre los hombres, que gobierne en el temor de Dios. Será como la luz de la mañana, como el resplandor del sol en una mañana sin nubes, como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra. No es así mi casa para con Dios; sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo, ordenado en todas las cosas, y será guardado, aunque todavía no haga él florecer toda mi salvación y mi deseo. Mas los impíos serán todos ellos como espinos arrancados, los cuales nadie toma con la mano; sino que el que quiere tocarlos se arma de hierro y de asta de lanza, y son del todo quemados en su lugar.'
( 2 Samuel 23:1-7 )
Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador
y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2005, ProtestanteDigital.com, Madrid, España |
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