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Ecofeminismo y posmodernidad
El ecofeminismo hace unas reflexiones profundas tanto sobre la tierra y la naturaleza dominada, como sobre la discriminación y dominio que la mujer ha tenido por parte del varón. Pone en línea la explotación de la tierra y la dominación de la mujer. Cuestiona y critica una teología hecha desde patrones excesivamente antropocéntricos y quiere ver una teología más cósmica que incluye la revisión de la figura de Jesús mismo en la línea del Cristo Cósmico. La crítica iría en la línea de que la mayoría de las Cristologías se han hecho desde estos puntos de vista antropomorfos y se ha olvidado al Cristo Cósmico del que también podemos encontrar retazos en la Biblia.
Se necesitaría simultanear la recuperación y el respeto por la tierra, con una nueva relación entre hombres, mujeres y tierra o naturaleza. Por tanto su crítica iría en la línea de cuestionar tanto las estructuras culturales, como sociales, como religiosas, hechas desde posicionamientos androcéntricos que incorporan unos valores tan discriminatorios para la mujer como para la naturaleza o la tierra. Ambos sufren de una discriminación basada en unas estructuras mentales de tipo patriarcal que han dado lugar tanto a una dominación y explotación de la tierra como de la mujer.
Sería necesario, por lo tanto, cuestionar toda la estructura mental, así como las estructuras sociales, culturales y religiosas . Sería entrar en una crítica del pensamiento de la modernidad que ha encumbrado a la razón en detrimento del sentimiento, pero bajo el patrón dominador del hombre, creando todo un modelo de organización patriarcal, en la que puede haber influido el propio texto bíblico interpretado y leído en clave androcéntrica. Habría que superar la etapa de la modernidad y entrar en la nueva posmodernidad con una nueva sensibilidad menos dominadora y con menos afán de sometimiento y explotación. Nueva sensibilidad posmoderna que afectaría tanto a la mujer como a la tierra. Y creo que estamos en el camino de que haya consecuciones en estas áreas feministas de liberación tanto de la mujer como de la tierra en una nueva visión ecofeminista. El patrón o modelo del hombre como dominador y explotador tanto de la mujer como de la naturaleza, debe cesar.
La mujer ecofeminista ve que tanto ella como la tierra han sido situadas en la modernidad en el mismo plano y, a su vez, opuesto a otro nivel del mundo de la creación cultural, artística o espiritual en la que se ha ubicado al varón en la modernidad ya obsoleta. La naturaleza ha quedado sometida a la cultura, lo cual implicaría que el hombre es dominante tanto sobre la tierra como sobre la mujer. La posmodernidad tiene que superar estas etapas, eliminando también otros niveles de explotación de tipo económico laboral en los que se ha explotado el trabajo de la mujer y se ha expoliado la tierra.
En cuanto al cristianismo debería superarse la interpretación que de la Biblia se ha estado haciendo en clave patriarcal, cuestión que ha coadyuvado a la marginación de la mujer y a una mente de dominación de la tierra como si todos sus recursos fueran renovables . Tanto la tierra como la mujer han sido como un objeto en manos del varón quien podía enseñorearse sobre ellas. Por tanto en esta etapa posmoderna en la que nos movemos, en la que ha sido destronada la diosa razón y se ha dado un cauce más amplio a una nueva sensibilidad y a nuevos sentimientos que afectan a todas las áreas de la vida, es el momento de aplicar también una nueva sensibilidad para con la mujer y para con la tierra.
Puede ser el momento adecuado para una liberación no traumática de la mujer, basada en unos sentimientos más amplios de reconocimiento y fraternidad que no se limita solamente a un estudio racional del caso . Una nueva sensibilidad que afectaría por igual a la liberación e igualdad de la mujer, como a un sentimiento de mayor respeto a la naturaleza, considerándola incluso como algo vivo y sagrado que no hay que depredar sin límite pues es la creación de Dios en la cual se puede notar la presencia real del espíritu divino. La tierra y Dios están en relación constante, relación que se mantiene, a su vez, con el hombre y la mujer en plan no de dominio entre ellos, sino en plan de igualdad.
Así, en una espiritualidad de este tipo, o en una teología feminista, habría que revisar, como hemos dicho, la figura de Jesús, hablando y enfatizando el Cristo Cósmico y no haciendo una única imagen de un Jesús antropocéntrico . También la imagen de Dios debería cambiar, ya que se ha tenido una imagen de Dios en un doble sentido: un Dios dominador, autoritario y poderoso, a la vez que una imagen de un Dios masculino, aún siendo muchas las imágenes femeninas de Dios que se pueden encontrar en la Biblia.
Por tanto nos vamos a encontrar una mujer en la posmodernidad con una nueva espiritualidad, no sometida a los esquemas patriarcales, que demanda una relectura de la Biblia alejada de las claves androcéntricas, que no van a ir por la línea del silencio en las congregaciones, ni por la resignación o el sometimiento al varón, así como de todo rechazo de la línea patriarcal que niegue su subjetividad femenina y acentúe una jerarquización masculina en la vida religiosa. Una línea menos pasiva y más activa y rebelde, que puede transformar las estructuras vividas por el cristianismo de la modernidad, que ha sido racional, frío y androcéntrico. Quizás comencemos a vivir un cristianismo más cercano al modelo de Jesús.
Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía, escritor
y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2005, Madrid, España. |