
|
 |
 |
 |
|
|
Recomendar |
|
|
Agregar a
favoritos |
|
|
Página de inicio |
|
|
¿Quiénes somos? |
 |
 |
|
 |
 |
 |
 |
 |
[ Imprimir ] [ email ] |
 |
 |
¿Hasta cuándo el Holocausto?
En los primeros días de este mes de junio se dieron cita en Córdoba representantes de 55 países integrados en la Organización para la Seguridad y cooperación en Europa (OSCE). Objetivo primario de esta Organización es "la lucha contra toda forma de intolerancia y discriminación por motivos religiosos, culturales y de sexo". Sin embargo, marginando estos planteamientos que afectan a gran parte del universo humano, un pequeño estado enclavado en el próximo Oriente acaparó toda la atención durante los días que duró el encuentro: Israel. Y un tema: el antisemitismo. Dijo la prensa el pasado día 10: "Los 55 países miembros de la Organización clausuraron ayer la conferencia sobre antisemitismo y otras formas de intolerancia".
Esto me recuerda el artículo XVI de la Constitución española: "Los poderes públicos mantendrán. relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones". La Iglesia católica primero, mencionada específicamente en el texto constitucional, reconocida, destacada. Las demás confesiones, donde quepan, donde puedan, en el saco del ogro.
Exactamente lo mismo se dictaminó en Córdoba: Primero Israel, el antisemitismo. A otras modalidades de intolerancia, de discriminación, que las parta un rayo. Ande yo caliente y muérase la gente.
La consagración de Israel como país discriminado tiene una lectura discriminatoria en sí misma: Que los demás países que padecen discriminación religiosa, cultural o sexual no son iguales a Israel, son países de segunda mano que merecen menos atención. ¡Demencial!
Por aquellos días el Embajador de España en Israel, Víctor Harel, dijo al diario EL PAÍS que hablar en Córdoba de antisemitismo era esencial para "continuar preservando por todos los medios y actos posible la memoria del Holocausto, resaltando su unicidad y singularidad".
Holocausto es una palabra del vocabulario judío referida al sacrificio religioso en el que el martirizado era totalmente consumido por el fuego. En tiempos modernos se viene utilizando para designar a los seis millones de judíos víctimas de la barbarie nazi capitaneada por Hitler entre 1933 y 1945.
¿Fueron seis los millones de judíos que mataron los nazis? Alguien fijó esta cifra y ahí ha quedado. Pero es preciso leer otros documentos, de una precisión histórica comprobada hasta en sus mínimos detalles, que presentan versiones distintas: En EL MITO DE LOS 6 MILLONES, libro publicado en Barcelona por Ediciones Bau y escrito por J. Bochaca, el autor maneja una impresionante serie de documentos para concluir estableciendo el número de judíos víctimas del nazismo en algo menos de tres millones.
Aún así, la discusión no es relevante. Murieran seis o murieran tres millones en los campos de concentración del nazismo, ¿es que sólo murieron judíos en la última guerra mundial? Los datos aportados por la Enciclopedia Larousse estremecen. En aquella locura bélica murieron cinco millones de alemanes, 380.000 austriacos, 88.000 belgas, 20.000 búlgaros, 41.000 canadienses, 415.000 checoslovacos, 1.300.000 chinos, 300.000 norteamericanos, 90.000 finlandeses, 535.000 franceses, 421.000 británicos, 600.000 griegos, 430.000 húngaros, 450.000 italianos, 1.800.000 japoneses, 12.000 neozelandeses, 210.000 holandeses, 5.800.000 polacos, 460.000 rumanos, 8.500 sudafricanos, 17 millones de rusos, 1.600.000 yugoslavos, y otros que se omiten por no hacer esta relación inacabable, como gitanos, homosexuales, supuestos maleantes, estos últimos en cámaras de gas.
Es verdad que los judíos asesinados por Hitler murieron de forma distinta. Pero yo no distingo entre una y otra forma de morir. La muerte es muerte. El muerto, muerto está.
Si aquellas naciones que entre todas sumaron casi cincuenta millones de muertos, más de la mitad civiles, han olvidado sus pérdidas humanas, ¿por qué Israel nos recuerda a cada instante sus muertos en películas, una detrás de otra, en televisión, en prensa, en radio, en congresos, por todos los medios a su alcance? ¿Por qué revivir el drama día a día? Si es el pueblo de Dios, como dice, ¿por qué no perdona, olvida, y sepulta los pecados ajenos en lo profundo de la mar, como hace Jehová con los nuestros?
¿Quiere Israel que le andemos recordando el medio siglo de terror judaico en Rusia, el apoderamiento de todas las ramas esenciales de la vida rumana, la gran ofensiva judía en Alemania antes de la guerra, las fuertes penetraciones judías en Francia, Inglaterra y Estados Unidos o, volviendo las páginas de la Historia, aquella orden de David a sus tropas cuando se apodera de Jerusalén: "Todo el que hiera a los jebuseos, suba por el canal y hiera a los cojos y ciegos aborrecidos del alma de David" (2º Samuel 5:8)?
Muy recientemente, el presentador más famoso de la televisión Israelí, Haim Llavín, ha conmocionado a su país con la emisión de un documental sobre el terrorismo israelí en Palestina, elaborado en solitario durante dos años y medio. Las imágenes han estremecido a los ciudadanos que aún conservan la sensibilidad. Una pintada de grandes dimensiones en una pared, dice: "Árabes, al crematorio".
Que se hable en Córdoba de terrorismo es sano, pero que se incluyan todas las formas de terrorismo . Incluso el terrorismo verbal. Porque hay terrorismo en la boca del Embajador de Israel en España cuando pide que se continúe preservando la memoria del holocausto. ¿Qué pretende el señor Harel? ¿Qué nosotros, nuestros hijos, nuestros nietos y biznietos, todas las generaciones futuras vivan pendientes, angustiadas, culpabilizadas y en continua penitencia por lo que Alemania hizo con millones de judíos entre 1933 y 1945?
El Instituto judío Jacob Blaustein, basado en Nueva York, ha admitido que el 46 por 100 de los españoles estima que los judíos siguen hablando demasiado del Holocausto. Si este es el sentir general en casi todos los países, ¿por qué Israel no pone punto final al tema del Holocausto, tranquiliza su conciencia y libera la nuestra?.
J.A. Monroy es un escritor y conferenciante internacional
© J. A.
Monroy, ProtestanteDigital.com, 2005 (España) |
|
 |
[ Imprimir ] [ email ] |
 |
 |
 |
 |
|
 |