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Aún me queda el mar
Me acerco al mar. Compruebo que aún es mío. Pronto aparecerán ellos, los turistas, los robadores de paz. Me acerco al mar, aún puedo disfrutar de él sin el agobio que provoca la llegada del verano.
Llegará como cada año ataviado con el irremediable bullicio, con la algarabía que provoca el descanso. Llegará con su ritual de sombrillas multicolores y ese extenso tapiz de toallas desenrolladas en la arena que dejará de ser visible.
Irrumpirá de nuevo el señor verano portando su hatillo de bostezos y sesteos, voces jubilosas de quienes por fin gozarán del tan ansiado recreo. Pero también traerá consigo largas y cansinas horas que derramará sobre esos otros que no gozaremos de vacaciones hasta llegado el otoño.
Hará su aparición acicalado de sol , con su sonrisa morena, trayendo calor y sofoco, esquivando los remilgos que se cuajaron en los fríos días del pasado invierno. Llegará, con el dulce olor a jazmín en flor que en las frescas noches se ha de expandir al aire derramando una deliciosa fragancia casi comestible.
Entonces mi puerto se quedará pequeño, invadido por seres de pantalón corto que cuelgan de sus cuellos modernas cámaras digitales con las cuales intentan vanamente captar imágenes imposibles de robar. Cuando los veo irrumpir mi espacio, egoístamente deseo que pronto llegue septiembre para regalarme la calma que julio y agosto me arrebatan.
Egoístamente espero, aún sabiendo que llegado octubre me convierto en usurpadora de otros lugares, de ciudades que me dan asilo. Que yo también soy turista e intento captar imágenes archivándolas en mi memoria, para hacer uso de ellas cuando la rutina clava sus garras y la vida es menos hermosa.
Yo, que tan irascible y huraña me vuelvo en los meses de verano, soy bien acogida por desconocidos que me ofrecen hermosos parajes donde pasar mis días de descanso , mostrándome amistosamente sus credenciales de armonía y paz.
Aún así, hoy suspiro aliviada. Todavía me queda el mar, mi bella bahía, las playas semidesiertas, la tenue brisa del atardecer, las últimas horas de una primavera que agoniza ante la llegada del señor verano.
Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, ProtestanteDigital.com, 2005, España |