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Yo estaré en la manifestación del 18J
Como es sabido, no abordo temas políticos cuando participo en esta página. No me parece apropiado - lo he dicho en más de una ocasión - y, por otro lado, gracias a Dios, me sobran espacios para emitir mis juicios sobre la situación política nacional. Considero indispensable reiterar esa aclaración para evitar malas interpretaciones y es que el anuncio de que voy a participar, Dios mediante, en la manifestación pro-familia del próximo sábado 18 de junio no está, en absoluto, vinculado a razones políticas.
Aún más. Creo que las cuestiones morales en juego son de tal envergadura que los evangélicos, a título personal como es mi caso, o a título colectivo, deberían estar también en esa manifestación.
La razón es triple. Primero , la manifestación está convocada por una federación de organizaciones pro-familia que se define como aconfesional, civil y no partidista. Más aséptico, imposible. Segundo , el motivo es la defensa de la familia y la denuncia de que leyes como las que pretenden legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción de niños por parejas homosexuales son inadmisibles para el bien de la sociedad. Tercero, como creyente evangélico, soy más que consciente de que una sociedad indulgente con determinado tipo de prácticas se acarrea el juicio de Dios y que la obligación de los creyentes es advertir de esa posibilidad.
No se me escapan las objeciones a mi participación en la marcha. Habrá quien hable de la fuerte presencia católica en la misma. A mi me preocupa más la débil presencia evangélica. Y es que en naciones como Bolivia o Argentina, este tipo de manifestaciones en las que han intervenido evangélicos, católicos, ortodoxos e incluso judíos han permitido precisamente evitar aberraciones legales o morales como las que se nos vienen encima. En otras palabras, no me importa si en la manifestación me encuentro a un obispo, a un rabino o a un homosexual escandalizado de lo que está perpetrando el lobby gay (que los habrá); lo que me dolería es no ver a un bautista, a un pentecostal o a un reformado ni por aproximación. Habrá quien diga que es una manifestación de la extrema derecha. Pero ese argumento además de obedecer únicamente a la ignorancia o a la malicia, me parece rematadamente estúpido, a menos - claro está - que se considere que defender la familia es cosa de la extrema derecha y si hemos llegado a ese punto es que estamos peor espiritualmente de lo que yo pensaba. Finalmente, habrá quien objete que con determinado carnet político o representación eclesial no es pertinente acudir a la manifestación. Si ése es el caso, debo señalar que siento una profunda compasión por los que lo dicen ya que indicaría que su militancia política está por encima de los principios morales contenidos en la Biblia o su deseo de quedar bien con los que mandan pesa más que su compromiso con las enseñanzas de las Escrituras.
Yo - lo vuelvo a decir - estaré y estaré además con la firme convicción de que es lo mismo que haría un evangélico de a pie, como es mi caso, en naciones como Estados Unidos, Gran Bretaña, Argentina, México, Bolivia o tantas otras, sin preocuparse de quien pueda ir a su lado y con temor de que Dios le pida cuentas por callarse. Y el que tenga oídos para oír que oiga.
(*) Por solicitud del autor, intercalamos este artículo en la serie sobre "La influencia de la masonería".
César Vidal Manzanares
es un conocido escritor, historiador y teólogo.
© C. Vidal, Libertad digital (ProtestanteDigital.com. 2005, España) |
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