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Biblia y derechos humanos:
perspectiva general
Derechos del hombre y derechos de Dios (V)
Pablo exhortó a los siervos cristianos con estas palabras: "Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de corazón, como a Cristo. sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres" (Ef. 6:5-8), y a los "amos" les dijo: "Y vosotros, amos, haced con ellos lo mismo" (es decir: lo mismo que pido a ellos tratad1es con sencillez de corazón y de buena voluntad como al Señor, "sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor. sea siervo o sea libre"), "dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos y que para el no hay acepción de personas' (Ef. 6:9).
Fijémonos que Pablo pone el énfasis en las responsabilidades de cada uno respecto al otro. No antepone primero las reivindicaciones sino los propios deberes. Así lo hace siempre el apóstol (cf Col. 3:22-25) y no sólo Pablo sino también sus compañeros en el apostolado (1. P. 2:18) .
Esta actitud no solamente está presente en las relaciones laborales sino en todas las demás esferas de intercambio humano . "Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa ", escribe Pablo y añade, inmediatamente." Y vosotros, padres, no provoquéis de ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor" (Ef. 1:4). Nuevamente, se recuerda primero lo que debe hacer cada uno en su posición de hijo o de padre antes de pensar en lo que espera de sus progenitores o de su prole.
Exactamente igual cuando se consideran los vínculos conyugales. A menudo las palabras de Pablo en este caso han servido a ciertas feministas para rasgarse las vestiduras: "Las casadas estén sujetas a sus propios maridos como al Señor" (Ef. 5:22). Pero el supuesto "escándalo" de estas palabras se produce solamente cuando las lecturas de las mismas se hace fuera de contexto y sobre todo, olvidando que en el versículo inmediatamente anterior el apóstol invita al sometimiento de todos (amos, siervos, hijos y padres, esposas y maridos) "Someteos unos a otros en el temor de Dios" (Ef. 5:21). EI "sometimiento" que aquí se postula no es sola y exclusivamente el de la esposa con respecto al marido sino también recíprocamente el del esposo a quién se exhorta claramente: "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella ... Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama" (EL 5:25-28)
¿Qué quiere decir el Nuevo Testamento cuando invita a someternos los unos a los otros? Este sometimiento mutuo de acuerdo con Kittel en su Theological Dictionary of the New Testament quiere decir, en el lenguaje de Pablo, una entrega voluntaria de los propios derechos o las propias opiniones, no - como se suele traducir, pobre y lamentablemente, en muchas versiones "sujeción" o bien 'obediencia" (incondicional y sin límites), sino la aceptación, previa toma de conciencia iluminada por el Espíritu de Cristo, de un estilo de vida en que el amor al prójimo es lo determinante. Exactamente como Jesucristo no exigió sus derechos como Hijo de Dios y se hizo "súbdito; de la autoridad romana para redimirnos (Fil. 2)
Es el estilo de vida característicamente cristiano y es, paralelamente, la perspectiva cristiana de enfocar, y vivir, la problemática de los derechos humanos. Sólo sí cada uno busca primeramente los derechos del prójimo quedan garantizados los derechos de todos.
Vivimos en un mundo caído y solamente mediante la abnegación y la entrega a los demás es posible paliar las consecuencias del pecado. Génesis 3 nos ofrece no solamente el relato de la caída sino sus consecuencias Allí aparece la forma germinal del orden introducido por el pecado y por el que van a gobernarse las comunidades humanas como resultado inevitable. El desorden introducido por el pecado hace florecer la tiranía y el abuso de poder del dirigente sobre el súbdito , del empresario sobre los subordinados, del marido sobre la mujer (o de la mujer sobre el marido en las culturas matriarcales), rompiendo el equilibrio querido por Dios en toda relación humana y menospreciando la dignidad básica de todo hombre y de toda mujer creados a imagen de] Creador.
Para hacer frente a esta situación, la Palabra de Dios introduce nuevos modelos de relaciones humanas. Jesús anuncia la liberación de los cautivos en el Reino de Dios. Y junto a esta proclamación de libertad, muchas otras para que la fraternidad y no el enfrentamiento vuelva a ser el modelo original querido por el Creador . Todo ello como fruto de la cruz y la resurrección de Cristo.
Los escritos neotestamentarios recogen las implicaciones de la cruz y la resurrección. Cristo quiebra el poder del pecado y sus secuelas, introduciendo de esta manera la "nueva creación" (2 Cor 5: 17), o la "nueva naturaleza" (Col. 3:9-11). En esta nueva creación, las viejas estructuras pecaminosas de la sociedad reciben un golpe de muerte: "Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gál. 3:28). Este es el nuevo estilo introducido por la resurrección de Jesucristo.
Para el cristianismo, que actualmente experimenta las "primicias", el anticipo de la nueva creación mientras espera su propia resurrección y la renovación de todas las cosas (Ro. 8: 19-25), la cruz es el modelo que tiene para las relaciones que debe establecer con el mundo; un mundo caído. Y de la misma manera que Jesucristo no hizo valer sus derechos sino que "estando en la condición de hombre, se humilló si mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil. 2:8). Así también los seguidores del Crucificado hemos de pensar antes en el bien del prójimo que en la reclamación de nuestros privilegios.
Esta "subordinación" del cristiano no equivale a la bendición de las injusticias que se dan en este presente mundo caído. Todo lo contrario. La humildad y el sometimiento que el Evangelio propone es el camino del amor sufrido y, también, transformador. Es decir, el camino del amor redentor que, lejos de aceptar las actuales estructuras de pecado, tiende a su redención y renovación.
José Grau es un conocido teólogo y escritor. Este artículo forma parte de una serie que publicó Grau con la Alianza Evangélica Española (correo-e: oficina@AEEsp.net ) bajo el título "Derechos del hombre y derechos de Dios"
© J. Grau, Alianza Evangélica Española.
(ProtestanteDigital.com, España, 2005) |
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