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Testimonio
Hola, ¿qué tal? Los niños suelen sorprendernos por su capacidad de asombro ante todo nuevo descubrimiento. Quería comentarte el testimonio de una hermana que me impresionó por eso.
Ahora debe tener unos cuarenta años, pero a la sazón era una niña de sólo ocho.
Asistía con su padre a la iglesia, aunque vivía las cosas de Dios como observadora . Si quería saber algo de Dios, debía preguntar a su padre. Rodeada de adultos, pensaba que Dios no tendría demasiado interés por una niña. Pero un día entendió que Dios podía y quería entrar en su corazón (en el suyo, no en el de otro) si ella lo deseaba. Primera sorpresa.
"Ah, yo sí que quiero" -dijo ella.
Al momento la sensación de compañía que percibió fue muy intensa. Tan intensa que incluso desapareció el miedo nocturno que hasta entonces había tenido (no es que el evangelio asegure este resultado, pero éste puede ser una consecuencia de aquél). Segunda sorpresa.
Pero la mayor novedad para ella fue que, pese a ser niña, ahora podía decir: "Ya puedo hablar directamente contigo".
En las cosas de Dios, lo grande no es ser espectador sino actor ; vivir el privilegio de la relación personal e individual con Él. Y esto es posible tanto si se es un adulto como un niño.
Un abrazo,
Carlos
Carles Pujol es médico de familia en Catalunya.
© C. Pujol, ProtestanteDigital.com, España, 2005 |