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Número 87 - 26 de junio 2005
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CRITICA LITERARIA POR J. A. MONROY 
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¿SON VIGENTES LOS DONES MILAGROSOS?, por varios autores, 373 páginas, 2004, Editorial CLIE, Galvani, 113, 08224-Terrasa (Barcelona).

Por muy contrario que se sea al movimiento pentecostal, nadie puede negar la realidad de los dones del Espíritu Santo en las páginas de la Biblia. En el Antiguo Testamento no es raro que “el Espíritu” de Dios se apoderara esporádicamente de determinados personajes para realizar hazañas en beneficio del pueblo hebreo. Un solo ejemplo: “El espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano” (Jueces 14:6).

Según el profeta Joel, las personas favorecidas con visiones, oráculos y posesión del Espíritu eran una minoría en aquellos tiempos. En el futuro, dice en el capítulo dos de su libro, Jehová se comunicaría mediante el Espíritu en unas proporciones no soñadas. Llegados los tiempos mesiánicos, los dones del Espíritu alcanzarían a todos los estratos sociales.

El apóstol Pedro, en el discurso que pronuncia el día de Pentecostés después de la resurrección de Cristo, ve el cumplimiento de la profecía de Joel en la comunicación sobreabundante del Espíritu Santo a los reunidos en el cenáculo.

Pero es San Pablo, el convertido de Damasco, quien desarrolla una auténtica teología sobre los dones del Espíritu. La idea de Pablo es que tales manifestaciones extraordinarias del Espíritu Santo se conceden a todos los miembros de la Iglesia. Pablo, hay que decirlo, no siempre es claro en sus exposiciones. Existen algunas contradicciones con otros escritos suyos y con otras partes de la Escritura.

Quienes rechazan la doctrina pentecostal sobre los dones divinos dicen que tales dones existieron, no lo niegan, pero añaden que se trataba de un privilegio de parte de Dios a la Iglesia primitiva. Que los dones cesaron a partir del primer siglo y ciertamente después de la incorporación de la Iglesia al Estado romano en el siglo IV.

Por su parte, los teólogos pentecostales están en la línea opuesta. Aseguran que los dones del Espíritu han estado vigentes en la Iglesia a lo largo de los veinte siglos de existencia., Y que hoy en día se conceden a diario a los fieles que se congregan para adorar a Dios. La doctrina pentecostal insiste de una manera prioritaria en el llamado don de la plenitud espiritual, el bautismo del Espíritu Santo, que para un importante sector del pentecostalismo es la única evidencia de conversión. Anteponen el bautismo del Espíritu Santo al bautismo por inmersión en agua, aún cuando Cristo dio ejemplo haciéndose bautizar en el río Jordán. El descendimiento del Espíritu Santo en forma de paloma tuvo lugar después del bautismo en agua, no antes.

Estoy empleando un lenguaje humano, a ras de tierra, porque desde el punto de vista divino Cristo no necesitaba ser lleno del Espíritu Santo, puesto que El mismo era el Hijo y el Espíritu.

¿SON VIGENTES LOS DONES MILAGROSOS? h a sido escrito por cuatro autores: Richard B. Gaffin, profesor de Teología Sistemática y pastor de la Iglesia Cristiana Ortodoxa; Robert L. Saucy, profesor de Teología Sistemática y líder en una Iglesia Bautista conservadora; Samuel Storms, licenciado en Filosofía y Letras y pastor de la Comunidad Metropolitana de la Viña; y Douglas A. Oss, profesor de Hermeneútica y Nuevo Testamento y miembro de una Iglesia de las Asambleas de Dios.

La obra ha sido editada por Wayne A. Grudem, profesor de Teología Bíblica y Sistemática. La traducción para Editorial CLIE ha sido realizada por Ismael López Médel.

Cada uno de estos autores presenta su particular teología sobre los dones del Espíritu Santo.

Gaffin defiende la postura cesacionista. Es decir, cesó el ministerio apostólico, la Iglesia jamás ha tenido apóstoles con la unción y autoridad de los que fueron confirmados por Cristo como tales. Cesaron también los dones del Espíritu, de los que sólo disfrutó la Iglesia primitiva.

Saucy escribe sobre lo que él llama “la postura abierta y cautelosa”. Es rotundo en sus afirmaciones. “Las Escrituras no contienen ningún mandato que inste a los creyentes a buscar una nueva relación con el Espíritu… Existe rotunda evidencia bíblica de que los dones y actividades milagrosas, asociadas con los apóstoles y con otros profetas, estaban pensadas para la fundación de la Iglesia y, por lo tanto, no continúan como parte de la vida normal de la Iglesia”.

Storms titula su capítulo, el tercero, “La postura de la tercera ola”. En 60 páginas de texto desarrolla lo que en la primera adelanta sin rodeos: “Durante más de 15 años enseñé que ciertos dones del Espíritu Santo, en particular la palabra de sabiduría, la profecía, el don de lenguas, la sanidad, los milagros y el discernimiento de espíritus murieron con los apóstoles. Mi tarea será dar cuenta de este cambio de pensamiento y explicar por qué ahora abrazo estos dones”.

La defensa de la postura pentecostal carismática está a cargo de Douglas A. Oss. Para este autor, todos los dones del Espíritu que se mencionan en el Nuevo Testamento están vigentes en la actualidad, porque los últimos días a los que alude Lucas “no concluyen hasta el regreso del Señor”.

Cuatro autores, cuatro maneras de enfocar los dones y el bautismo del Espíritu Santo. Casi 400 páginas de controversia, plagadas de textos bíblicos, para cuya lectura se precisa más moral que la del Alcoyano aquél. Entre otras razones, porque a un mismo texto se le dan cuatro interpretaciones distintas. De mareo.

Juan Antonio Monroy es escritor y crítico literario.
© J. A. Monroy, ProtestanteDigital.com, 2005 (España)

 
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