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Número 87 - 24 de junio 2005
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Enfoque
JUAN ANTONIO MONROY
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Dios y la religión

Ha estado en Madrid Ray Kurzweil. Es norteamericano. Vive en Boston. Dicen de él que es un prestigioso inventor e informático. Ha venido hasta nosotros para presentarnos su libro VIAJE FANTÁSTICO. No es la obra de un loco, desde luego, pero sí la de un visionario.

Ni su padre ni su abuelo llegaron a los sesenta años. Los dos tenían corazones débiles y no resistieron a las estocadas de la parca. Obsesionado con la idea de la muerte prematura, Kurzweil, de 57 años, se ha empeñado en encontrar un camino hacia la inmortalidad. Su primer tropiezo en las investigaciones que lleva a cabo es no reconocer que ese camino ya está diseñado en un libro que puede comprar por pocos dólares en cualquier librería de su país: La Biblia.

Cuentan que Alejandro Magno llegó a la India porque buscaba el agua de la inmortalidad –elixir sacado de una leyenda semita-. Españoles que exploraron tierras de América anhelaban encontrar la Fuente de la Eterna Juventud. Ni en la India ni en América se encontró la longevidad infinita.

Kurzweil lo pretende. Dice haber desarrollado un método para burlar la fecha del nacimiento. Añade que la técnica y la ciencia descifrarán un día no lejano cómo actúan nuestros genes y podremos vivir eternamente. ¡Qué horror! ¡Vivir eternamente! Augura Kurzweil que en 2.030, dentro de nada, por el cuerpo humano viajarán minúsculos robots que regenerarán los tejidos. Dice que seremos mitad humanos mitad máquinas.

Todo esto lo explica en su libro VIAJE FANTÁSTICO, que se está vendiendo a un ritmo acelerado. Los editores se frotan las manos. En librerías de Estados Unidos este viaje fantástico está desplazando a otra fantástica mentira, el CÓDIGO DA VINCI. El predominio de la fantasía sobre la razón siempre ha constituido un grado de locura.

Como era de esperar, Dios no cabe en los experimentos en los que trabaja Kurzweil. Siguiendo a Paul Van Buren, uno de los teólogos protestantes que quisieron matar a Dios y que a estas alturas del siglo XXI están casi todos muertos, la fe en ese Hombre viejo en el cielo ha dejado de tener sentido. Hemos de vivir sin Dios. Darle las gracias por los servicios prestados y cerrar definitivamente el libro que retrata su biografía. Es lo que nos propone Kurzweil. Poco caso hacen estos desquiciados espirituales a aquellas palabras de Nietzche en ASÍ HABLA ZARATUSTRA: “Desde que no hay Dios, la soledad se ha hecho intolerable”. O a aquellas otras de Jean Paul Richter, parecidas a las anteriores, en WHO GOES THERE?: Si no hay Dios, “todas las almas de esta enorme trinchera de cadáveres del universo se hallan solas”.

Al prescindir de Dios, lo siguiente en la estrategia de Ray Kurzweil es marginar la religión. Un párrafo en su obra atestigua lo que Dios dictó a San Pablo, que la sabiduría humana entontece, que este tipo de conocimiento conduce al desvarío de la mente. Según la sinrazón de Kurzweil, “las religiones nacieron en una época en que no había tecnología ni ciencia. Habrá que remover nuestro sistema de creencias”.

Puede que sea cierto, que en la aurora de los tiempos no hubiera tecnología ni ciencia, pero estaba Dios, en cuya mente ya figuraba el conocimiento de la utilización de las fuerzas naturales para satisfacción de las necesidades humanas y el conjunto del saber en todos los órdenes de la vida.

Dios fue el primer tecnólogo, el primer científico y el primer ser religioso.

Jamás se podrá prescindir de la religión, porque no es una teoría que surge en el tiempo. Es un sentido sublime, a la vez que profundo, envuelto con deslumbrantes resplandores en aquella eternidad que no tuvo principio ni fin.

El filósofo francés Claud Tresmontand lo define perfectamente en un encantador pasaje de su libro CÓMO SE PLANTEA HOY EL PROBLEMA DE LA EXISTENCIA DE DIOS: “Despojar A Dios de su carácter religioso es despojarlo de su divinidad… La nada absoluta no puede producir ningún ser. Dios se nos aparece como algo necesario y eterno. Al aparecer Dios se inicia en la Historia la etapa del hecho religioso”.

De idéntica opinión es nuestro filósofo Xavier Zubiri, discípulo que fue de Ortega y Gasset: En su obra EL PROBLEMA FILOSÓFICO DE LA HISTORIA DE LAS RELIGIONES, escribe: “La historia de las religiones es la palpitación real y efectiva de la divinidad. Es una presencia soterrada de la divinidad, pero una presencia dinámica, real y efectiva en el seno del espíritu humano”.

Siga el señor Ray Kurzweil con sus investigaciones para alcanzar la inmortalidad y larga vida tenga. Pero no nos quite a Dios ni a la religión, porque nos dejará sumidos sin solución en el caos profundo de la nada, sin vida y sin esperanzas. En ese caos caerá él algún día.

J.A. Monroy es un escritor y conferenciante internacional
© J. A. Monroy, ProtestanteDigital.com, 2005 (España)

 
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