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El gobierno divino (y Bolivia)
Si las dos soluciones humanas globales para suplir la necesidad de un gobierno que fueron descritas en el artículo anterior, dictadura y democracia, podían catalogarse como mala la primera y menos mala la segunda, ello se debe a una sencilla razón: el oficio de gobernar le viene grande a cualquier ser humano, incluso al de más buena voluntad y con mejor preparación. Si estar al frente de una familia, entidad que consiste de unas pocas personas, es una labor harto compleja y en la cual muchos padres fracasan, ¿cuánto más complejo no ha de ser dirigir a una nación compuesta por millones de personas con tendencias y expectativas diferentes? Y todavía más cuando lo que no está claro es la misma definición de nación, es decir, la propia identidad conjunta de aquellos que han de ser gobernados. Al menos en una familia, aun con las grandes diferencias existentes entre sus miembros, la identidad del grupo familiar es algo que está más allá de toda duda, partiéndose de una base común que es su fundamento de cohesión. Pero en el caso que dilucidamos los gobernantes han de enfrentarse al hecho de que las naciones son entidades en cuya formación hay numerosos factores, naturales unos y artificiales otros, que han dibujado su perfil actual; pero un perfil que, lejos de estar definido, está siendo constantemente redefinido, con la crisis permanente que tal incertidumbre conlleva. El caso de España es bien ilustrativo a este respecto, donde, después de 500 años de la formación del Estado español, todavía, y ahora con más fuerza que nunca, nos estamos preguntando si somos una nación o si somos, más bien, una nación de naciones, no faltando los que piensan que en realidad la palabra España no es más que una entelequia.
Cuando digo que a los gobernantes humanos el oficio de gobernar les viene grande, no lo digo como algo denigratorio, sino más bien exculpatorio de tantos errores como cometen, pues por definición no dan ni pueden dar la talla para semejante tarea, ya que es algo que les sobrepasa. Claro que a algunos les sobrepasa más que a otros, pues no hay peor cosa que un insensato en puestos de autoridad.
De ahí que la primera cualidad que un aspirante a gobernante debería de tener es la plena conciencia de su incapacidad para lo que pretende hacer ; de hecho si tuviera un sentido abrumador de la envergadura de lo que tiene ante sí y de su propia carencia para realizarlo, seguramente gobernar sería lo último que quisiera hacer. Sin embargo, ocurre que todos los candidatos que se presentan a una elecciones piensan de sí mismos, y así lo proclaman, ser los idóneos para desempeñar el cargo, siendo los rivales los ineptos. ¡Qué bien vendría un poco más de modestia y realismo, aunque eso contraviniera todas las normas más elementales de las campañas electorales!
Es por todo ello por lo que, necesariamente, el gobierno humano, incluso el mejor, nunca puede pasar de ser una solución provisional mientras estemos en este estado de cosas que es este mundo. Provisionalidad sería la palabra que definiría, como ninguna otra, la esencia de cualquier gobierno humano, que como todo lo provisional es precario y eventual.
El anhelo de los bolivianos por un gobierno más justo que los que hasta ahora han tenido es perfectamente legítimo y es de esperar que así sea sin que haya que llegar a situaciones irreversibles. Pero el deseo de los bolivianos es algo universal, innato dentro del corazón de todos los seres humanos. Es por ello por lo que la Biblia tiene bastante que decir sobre esta cuestión y ahí es donde aparece la solución de Dios, tal como vemos en el pasaje abajo enunciado. Del mismo se desprende:
- La promesa de un gobernante : ‘ Habrá un justo que gobierne entre los hombres…' Nótese que es Dios quien está anunciando tal promesa, luego la idea de gobierno no es una invención humana para suplir una necesidad humana, sino que es idea de Dios para suplir la necesidad humana. Llama la atención el que se describa al gobernante prometido como justo, por encima de cualquier otra cualidad. Y aquí hay una diferencia radical con nuestros planteamientos, según los cuales lo que queremos ver en los gobernantes es eficacia, quedando la justicia relegada a un segundo plano, especialmente la personal. Ahora bien, ¿cómo puede alguien ser justo en lo público si en lo personal no lo es? ¿Dónde está el gobernante humano al que podamos con propiedad denominarlo como justo? ¿Quién es aquél que tiene esta justicia intrínseca? Aquí es donde vemos la absoluta ineptitud de todos los candidatos, sean de derecha o de izquierda. Bueno, de todos menos de uno: de aquél de quien se habla en este pasaje bíblico.
- El resultado de su gobierno : ‘ Será como la luz de la mañana…' Las ilustraciones con las que se compara el ejercicio de su cargo son bien evidentes: la aurora (tras la noche), el sol en plenitud, la lluvia que hacer germinar. En definitiva, la luz, la vida y la bendición.
- Contraste con los gobiernos actuales : ‘ No es así mi casa para con Dios…' Ante este gobernante palidece incluso alguien tan grande como David, a quien también le venía grande el cargo como él mismo confiesa.
- Infalibilidad de la promesa : ‘ él ha hecho conmigo pacto perpetuo, ordenado en todas las cosas, y será guardado…' Sin importar lo que creamos o dejemos de creer, la promesa se cumplirá indefectiblemente, de manera que este mundo y sus gobiernos provisionales no son sino el escenario sobre el cual Dios establecerá finalmente a este gobernante .
- El triunfo de su gobierno : ‘Mas los impíos serán todos ellos como espinos arrancados…' Que la maldad quede impune es una de las cosas más indignantes e insufribles de sobrellevar; algo que, desgraciadamente, sucede bajo los gobiernos humanos, pues hasta los mismos gobiernos están compuestos por seres humanos malos. De ahí que no puedan solucionar el problema, siendo ellos parte del mismo. Pero como aquí se nos ha hablado de alguien absolutamente justo, entonces puede y quiere desarraigar la maldad .
Éste es el único gobierno que llena las expectativas y suple las necesidades de los seres humanos . Es el gobierno de Dios por medio de Jesucristo. Un gobierno que él mismo nos enseñó a pedir: ‘Venga tu Reino.' Amén.
‘Estas son las palabras postreras de David. Dijo David hijo de Isaí, dijo aquel varón que fue levantado en alto, el ungido del Dios de Jacob, el dulce cantor de Israel: El Espíritu del Señor ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua. El Dios de Israel ha dicho, me habló la Roca de Israel: Habrá un justo que gobierne entre los hombres, que gobierne en el temor de Dios. Será como la luz de la mañana, como el resplandor del sol en una mañana sin nubes, como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra. No es así mi casa para con Dios; sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo, ordenado en todas las cosas, y será guardado, aunque todavía no haga él florecer toda mi salvación y mi deseo. Mas los impíos serán todos ellos como espinos arrancados, los cuales nadie toma con la mano; sino que el que quiere tocarlos se arma de hierro y de asta de lanza, y son del todo quemados en su lugar.'
( 2 Samuel 23:1-7 )
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El gobierno humano: Bolivia |
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Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador
y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2005, ProtestanteDigital.com, Madrid, España |
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