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Número 87 - 21 de junio 2005
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JUan simarro
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18J: el mosquito y el camello

Sin querer entrar en las temáticas de la homosexualidad, que a veces he tratado, aunque dejando claro en mi pensamiento ético-crítico de las temáticas sociales, que la cuestión homosexual en mis exposiciones ha sido, simplemente, la defensa de un colectivo de personas más, a las que no se les debe robar su dignidad. Porque los que estamos acostumbrados, desde el compromiso social, a gritar contra la marginación de las personas, contra el robo de la dignidad de tantos seres humanos en el planeta hoy, también vemos que debemos de posicionarnos claramente a favor de los derechos civiles de cualquier colectivo humano y a favor de la búsqueda de su dignidad.

Nunca he entrado en el análisis de la homosexualidad en sí, y soy ¡cómo no! defensor de la familia como el que más desde mis posicionamientos cristianos y desde la vivencia de una espiritualidad cristiana, aunque encarnada en la realidad. Pero sin embargo, sí quiero entrar, aprovechando la manifestación del 18J, en un análisis de los posicionamientos de la Iglesia en temas morales y en posicionamientos cristianos con respecto a la ingente variedad de los valores bíblicos y de los antibíblicos. Porque con respecto a estos valores, se puede dar el caso de que estemos filtrando los mosquitos y, en cambio, nos estemos tragando los camellos. De ahí la crítica de Jesús a los religiosos de la época: “¡Guías de ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!”.

Por tanto el tema de este artículo no va tanto por la homosexualidad en sí, como por el hecho del riesgo que corre, tanto la Iglesia como los cristianos en general, de errar sobre los valores y problemáticas sobre las que la Iglesia y los creyentes se deben manifestar. Así, se monta una gran manifestación del Foro de la Familia con apoyo de la Conferencia Episcopal en contra del matrimonio homosexual o de la homosexualidad en sí, manifestación apoyada por la Iglesia Católica, pudiendo esta permanecer tranquila y ajena, salvo honrosas excepciones, a las grandes problemáticas de la humanidad, ante las cuales no se montan manifestaciones bendecidas por el clero. Se da también el hecho de que esta manifestación del 18J ha sido politizada desde el principio en contra del gobierno socialista y recibiendo todo el apoyo del partido de la oposición, el PP.

Personalmente no podría haber ido a esta manifestación del 18J, pues tendría el sentimiento de estar pecando contra un colectivo ya de por sí estigmatizado a lo largo de la historia, burlado y despojado de su dignidad, como es el colectivo homosexual. Y nosotros los evangélicos españoles entendemos de eso. Creo que no deberíamos manifestarnos con tanta fuerza contra la posibilidad de matrimonios homosexuales, mientras no estemos usando el poder de manifestación para otras temáticas como la injusticia en el mundo y a favor de los que sufren por las desigualdades y las grandes acumulaciones. Es un contrasentido y un usar el Evangelio de forma parcial, olvidándonos de las grandes denuncias bíblicas en contra de la opresión, la pobreza y la acumulación de bienes. Acumuladores que muchas veces quieren rendir pleitesía a Dios en la propia Iglesia. Esta forma parcial de manifestarse de forma tan fuerte en contra de la homosexualidad y pasar de largo de otras problemáticas, es una mutilación de los valores cristianos. Es hacerse excesivamente parcial olvidando cuáles son los grandes trazos del cristianismo.

No veo yo que la Iglesia promueva o apoye manifestaciones en contra de los abusos de los niños de la calle, del escándalo de los niños trabajadores, de los niños que se mueren de hambre, de las nuevas esclavitudes que se dan en el mundo hoy . Hay una parcialidad obsesiva hacia los pecados del sexo que no se ve en las prioridades de Jesús. Jesús, si fue parcial, fue con los pobres y los marginados, con los oprimidos, con los excluidos y tachados de pecadores, contra todo tipo de injusticia.

A mí no me cabe duda que, si la Iglesia se pone de espaldas a los valores del Reino, reivindicadores de la justicia social y de sacar a los últimos al primer plano de la preocupación y la dignificación, y se lía en problemáticas relacionadas con el sexo, rechazando con tanta fuerza y de manera tan enfática a ciertos colectivos y estigmatizándolos, están filtrando el mosquito y tragándose el camello. En el fondo se convierten en guías de ciegos, que no han entendido el cristianismo como búsqueda de la justicia y la solidaridad con el prójimo, un cristianismo participativo en una acción de servicio de cara al prójimo en necesidad que hace que nuestra acción repercuta sobre Dios mismo, pues Él nos dice que nuestra acción social con el prójimo es algo que hacemos por Él.

Aunque no quiero hacer gradaciones de las problemáticas humanas, no me cabe duda que la homosexualidad, en el pensamiento de Jesús, estaría en la calidad de mosquito, frente al gran problema de la humanidad, el gran camello que, a veces, nos tragamos, siendo capaces incluso de coquetear con los opresores y con las estructuras de pecado injustas que marginan y empobrecen a más de media humanidad. Recordemos el artículo 1/16 de Manuel López en donde nos dice que escudriñemos la escritura con respecto al “Sexo Mandamiento” y nos afirma que “la repartición inadecuada de la riqueza y la protección de los miembros más débiles y pobres de la sociedad, el Nuevo Testamento dedica 1 de cada 16 versículos”.

Y la ratio será mayor si nos ceñimos a los Evangelios. Si nos atenemos al programa de Jesús, vemos que la gran problemática no está en el sexo. Y, aunque así fuera, se echa de menos la manifestación de la Iglesia y de los que defiendan la familia, en contra del adulterio, de la fornicación, de los abandonos de la familia, de los malos tratos, de las diferentes formas de convivencia fuera del matrimonio, de los abusos sexuales a veces dentro del seno de la propia Iglesia. Sobre esto no hay manifestaciones. Sin embargo Jesús en su programa acentúa el camello frente al mosquito, sin que yo quiera quitarle importancia a los pecados en relación con el sexo. Pero Jesús, de forma programática para su propio ministerio, sigue insistiendo: “El espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el años agradable del Señor”. Programa que nos anima a dirigir nuestra vista a los profetas y su denuncia de la injusticia y de la opresión. Parte central del Evangelio.

Y cuántas veces, los cristianos y la Iglesia como institución, olvidamos este programa que debe ser el de todos nosotros, su seguidores, convirtiéndonos en iglesia del antirreino. Sí, iglesia del antirreino, aunque estemos manifestándonos en contra de los homosexuales del mundo, privándoles de su dignidad y de sus derechos civiles. Es un contrasentido. Si los cristianos no queremos que el matrimonio se iguale a la unión entre homosexuales, cuestión en la que yo estaría de acuerdo, sólo estaríamos legitimados a manifestarnos masivamente, cuando lo estuviéramos haciendo también para no tragarnos el camello de la injusticia, la marginación de las personas, la exclusión, la opresión y el robo de la dignidad de más de medio mundo por parte de las fuerzas injustas y acumuladoras del antirreino del dios Mamón . Si no es así, tampoco estamos legitimados para una manifestación en contra del matrimonio homosexual y, menos aún, en contra de los homosexuales.

Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2005, Madrid, España.

 
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