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A tus zapatos
Confieso que lo vi la semana pasada y no daba crédito a lo que estaba leyendo. Juan Antonio Monroy - cuya contribución al protestantismo español especialmente en los años sesenta del siglo pasado nadie podría cuestionar – había decidido llevar a cabo una crítica del Holocausto y de su interpretación, y para sustentar su argumentación citaba, nada más y nada menos, que un libro del nazi Bochaca, editado por la editorial nazi Bau, y distribuido por el nazi CEDADE.
Conozco bien la obra citada por Monroy porque en su día le dediqué unas páginas de mi libro La revisión del Holocausto (Anaya & Muchnik, 1994) donde analizaba la literatura de corte neo-nazi más o menos encubierto que tenía como meta negar o minimizar la realidad del Holocausto con finalidades políticas escasamente ocultas.
Reconozco que el dislate era de tal envergadura que me dolió y me preocupó entre otras cosas porque obras sobre el Holocausto y su interpretación hay muchas y buenas de Raoul Hillberg a Martín Gilbert pasando por Poliakov o Arendt.
Pero abordo aquí el tema no para discurrir sobre el Holocausto, sino sobre otra cuestión. Y es que temo que el patinazo – verdaderamente monumental - resulta una muestra de un mal mucho mayor, el de no pocos dirigentes evangélicos que han decidido que saben de todo y que pueden opinar sobre todo lo divino y lo humano.
En términos comparativos, Juan Antonio Monroy escribe mucho mejor que la mayoría porque ha volado en el periodismo evangélico durante décadas y porque también ha leído mucho más que el noventa por ciento de los que tanto opinan. Seguramente, si se hubiera mantenido en lo suyo, es decir, en la reflexión teológica, en la pastoral, en la opinión devocional, el resultado hubiera sido bueno.
Temo, sin embargo, que cuando abandona sus zapatos, los gazapos no son pequeños y, en esta ocasión concreta, de enorme gravedad por el tema abordado.
No es un problema suyo sólo y quizá si reflexionáramos sobre este mal tan extendido en ciertas alturas evangélicas nos explicaríamos nuestros males en España en su casi totalidad. Pero ése es un tema para una reflexión ulterior.
De momento, lo digo fraternal y mansamente, quizá bastaría con que mi apreciado Juan Antonio pidiera disculpas por lo sucedido – no creo que abrigara mala intención, sino todo lo contrario - y que otros tomaran nota para no pontificar sobre aquello – política, economía, relaciones iglesia-Estado, los Estados Unidos, el Tercer mundo, Oriente Medio, etc – sobre lo que suelen opinar como el que se bebe una horchata haciendo gala de una ignorancia atrevida que provoca sonrojo.
Si hacemos algo, precisamente porque es para la gloria de Cristo, vamos a hacerlo bien, aunque eso signifique abandonar una autoconcedida plaza de analista, liberarnos de la cartilla de lo políticamente correcto y regresar a nuestros humildes zapatos.
César Vidal Manzanares
es un conocido escritor, historiador y teólogo.
© C. Vidal, Libertad digital (ProtestanteDigital.com. 2005, España) |
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