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Londres 7-J: Rescoldos debajo de las cenizas
Barbaridades como las que acaban de asolar Londres no tienen justificación; tampoco tienen explicación cabal. Cualquier muerte provocada es un inmenso drama incomprensible, pero cuando es indiscriminada, cuando su único objetivo es el terror y su única motivación el odio, se hace aún más profundamente injusta y nos lleva a preguntarnos: ¿cuáles son los valores ético-religiosos que inspiran esta matanza que no busca más que asesinar al mayor número posible de civiles? Son valores que justifican el odio por el odio, que consideran la muerte un objetivo en sí mismo. Son valores despreciables. Dios les dará a sus autores y a sus mentores su oportuna retribución, no tenemos duda, pero por el camino habrán causado inmenso dolor.
Pero también en medio de estas convulsiones los pueblos y sus dirigentes definen lo más profundo de su identidad , y a esto hemos de estar atentos los cristianos, porque son estas situaciones límite las que revelan el corazón colectivo del pueblo que las sufre. Tony Blair acaba de expresar con claridad lo más relevante, lo más profundo, lo más digno de la identidad de su pueblo, que ha emergido espoleada por el drama; lo ha reflejado en una frase: "Es importante que quienes están involucrados en el terrorismo se percaten de que estamos firmemente empeñados en defender nuestros valores y nuestra forma de vida y que éstos son más grandes que su empeño en causar la muerte y la destrucción de personas inocentes en su deseo de imponer el extremismo en el mundo". Y Bush ha recalcado: "No nos inclinaremos ante estos hombres".
En medio de este drama afloró también lo mejor de la cultura política británica, tan permeada por la forma protestante de entender la acción política , y lo hizo en las declaraciones del líder de la oposición conservadora, quien mostró su pleno apoyo al primer ministro. Podría perfectamente haber encontrado formas de sacar beneficio político a la situación, simplemente insinuando que el gobierno no había atendido a todos los avisos previos de la Interpol que anunciaban el riesgo de un atentado como éste; pero Michael Howard dijo: "apoyamos totalmente al primer ministro en lo que ha dicho sobre nuestro firme empeño en defender y proteger nuestra forma de vida". Para Howard pesó más la defensa de la identidad colectiva y la unidad ante la agresión exterior, que el beneficio político propio. Gestos como éste dan lugar a la esperanza.
Los cristianos vemos a Occidente como una cultura en retroceso, pero estas convulsiones hacen reavivar los rescoldos que aún arden debajo de las cenizas , rescoldos que nos hablan de valores, de formas de vida democrática que fueron un día encendidos por la luz de la Reforma. Desde hoy vuelvo a orar por el pueblo británico, cuya identidad y cultura deben tanto al Evangelio, por ese pueblo que Dios utilizó para extender por todo el mundo la Buena Nueva, por ese país que Dios usó para traernos en el s. XIX la luz de Su Palabra a Galicia y a muchas partes de España; oro a corazón abierto para que Dios les dé poder para retirar las cenizas que quieren tapar lo mejor de sus valores, lo mejor de su identidad, la que puede vencer definitivamente al terrorismo, su forma de vida que durante siglos ha sido profundamente moldeada por la Biblia.
X. Manuel Suárez es médico, escritor y Consejero de Medios de Comunicación del Consello Evanxélico Galego.
© X. M. Suárez, ProtestanteDigital.com, 2005 (España) |
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