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Los derechos de Dios
Derechos del hombre y derechos de Dios - (VIII)
El punto de partida, como ya hemos indicado, es el preámbulo en donde resuena ya el tono liberador del Decálogo. Este prólogo es todavía mas extenso en Deuteronomio 5:1-6. Que prestemos, o no prestemos, atención a esta introducción determinaría que nuestra interpretación sea legalista o evangélica. Y para nuestro intento de demostrar uno de los fundamentos bíblicos de los derechos humanos es imprescindible que tomemos la perspectiva evangélica y no la legalista, ni la antinomiana.
¿Qué significa la intervención de Dios en la historia de los hombres? "Yo soy el que te saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre”. Este rasgo fundamental vincula a Dios con la liberación de Israel y permite comprender no sólo el fundamento sino también la intención del Decálogo y de toda la ética cristiana.
Todo el Salmo 1 19 no es otra cosa que un cántico de acción de gracias por la Ley. Los mandamientos no están ahí para condenarnos solamente, sino para abrir caminos de conducta agradables a los ojos de Dios y, por consiguiente, liberadores Las orientaciones del Decálogo no nos empequeñecen ni nos tiranizan; más bien, todo lo contrario. Nos élnin1an y nos guían por las sendas de la responsabilidad liberadora.
Y en esta andadura descubrimos que cada uno de los mandamientos divinos equivale a la proclamación de lo que hoy llamamos derechos humanos. Y descubrimos que el derecho de Dios sobre sus criaturas y sus redimidos, constituye el soporte básico y la garantía divina de los derechos humanos.
1.- El primer mandamiento (Ex 20:1-3) nos libera de las servidumbres de todos los "ismos' y modas de cada época que tienden a absolutizar, e idolatrizar, ciertas corrientes culturales, ciertas personas, ciertas instituciones, etc .
El primer mandamiento proclama inequívocamente que sólo existe un Absoluto: Dios. Todo lo demás queda así relativizado. Sólo Dios es Señor, solo El es soberano. Solamente Dios puede exigimos lealtad absoluta, y fidelidad incondicional. Porque sólo Dios es Dios. De ahí se deriva e] derecho de todo ser humano a adorar a Dios y servirle en libertad. "Deja ir a mi pueblo" dijeron Moisés y Aarón al Faraón (Ex. 5.1)
2.- El segundo mandamiento (Ex 20: 4-6) nos libera de las alienaciones y de la tentación de querer encerrar a Dios en los límites estrechos de nuestras definiciones limitadas, siempre finitas, siempre pobres e insuficientes.
¿A qué haremos semejante a Dios? El es Yahvé (Yo soy el que soy) No puede ser comparado con nada ni con nadie. Sólo si guardamos este mandamiento respetamos su trascendencia y él mismo tiempo nos protegemos de alienaciones y superficialidades. Queda vindicado nuestro derecho a la verdad y. por lo tanto, nuestro derecho a relativizar y examinar con mirada crítica todo lo que no sea Dios. Único absoluto.
3.- El tercer mandamiento. (Ex 20:7) nos libera de la concepción mágica de nuestra relación con Dios Si el segundo mandamiento nos guarda del peligro de empequeñecer y limitar, a Dios, el tercero nos protege de la tentación de la manipulación.
El nombre de Dios debe ser invocado en la adoración, en la plenaria y en el culto pero no con finalidades supersticiosas Lejos de toda superstición o intento de manipulación mágica de la Divinidad, el nombre de Dios es para la relación espiritual y personal con Aquel que fue nuestro Creador y es nuestro Salvador Dios nos libera así de la falsa oración ególatra. Es un anticipo del "Hágase tu voluntad" de Jesús.
4.- El cuarto mandamiento (Ex 20:8-11) al vindicar la dignidad del trabajo y la necesidad del descanso, así como la santidad de un día dedicado de manera especial al Señor, nos libera tanto de la ociosidad corno de la productividad convertida en ídolo.
Nos protege del stress y de la responsabilidad laboral Constituye un solemne aviso tanto para los que viven sólo para trabajar como para los que quieren vivir sin trabajar o con el menor esfuerzo posible. El trabajo como camino de dignificación y el derecho al descanso son presentados aquí indisolublemente unidos. Y lo que Dios une haremos bien en no separarlo nosotros. Dos derechos fundamentales generados por la fuerza liberadora del cuarto mandamiento. Tanto la historia del derecho al trabajo como la del derecho al descanso ponen de manifiesto las influencias bíblicas que han operado para el reconocimiento de ambos derechos.
5.- El quinto mandamiento (Ex 2C) 17) nos recuerda que tenemos una "historia". Los que quieren liquidar el Pasado acaban perdiendo su libertad y su identidad.
Honrar a los padres significa reconocer las raíces, la herencia familiar, nacional y cultural de la que procedemos.
Nadie comienza a partir de cero. Y si queremos lanzamos a un futuro mejor hemos de conocer, y reconocer, el pasado que formó nuestro presente para poder corregir y renovar con eficacia "Honrar" no es venerar ni idolatrizar. El culto a las personas, a alguien que no sea Dios, es el fin de la libertad y de la propia dignidad De ahí la interpretación del Nuevo Testamento: "Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres. Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos" (EL 6: 1)
Los padres, tanto como los hijos, tienen el derecho a ser respetados.
El próximo domingo completaremos los cinco mandamientos restantes del Decálogo.
José Grau es un conocido teólogo y escritor. Este artículo forma parte de una serie que publicó Grau con la Alianza Evangélica Española (correo-e: oficina@AEEsp.net ) bajo el título “Derechos del hombre y derechos de Dios”
© J. Grau, Alianza Evangélica Española.
(ProtestanteDigital.com, España, 2005) |
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