Número 90 - 17 de julio 2005
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X. MANUEL SUÁREZ 
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Ayuda a Africa.
Lo que nadie se atreve a decir

"El mundo no puede esperar que Africa mejore su propio sostenimiento si el resto de las naciones sigue entregándoles dinero". Una sentencia como ésta parece propia de un neoliberal de la derecha occidental, insensible a las necesidades angustiosas del continente negro; sería de esperar en un frío accionista mayoritario de un laboratorio farmacéutico transnacional, de esos que se niegan a facilitar antirretrovirales por debajo de costo a las comunidades africanas arrasadas por el SIDA. Pues no; lo dijo Uhuru Kenyatta, dirigente del partido KANU de Kenia en una reunión de líderes africanos poco antes de la cumbre del G-8.

"Africa tiene los recursos humanos y físicos suficientes como para no depender de la axuda exterior", decía por otra parte en otro encuentro Mark Hatfield, un estudioso de estrategias misioneras.

Si alguno de nosotros firmase cualquiera de estas dos frases, sería inmediatamente descalificado por imperialista, pero sus autores están autorizados para pronunciarlas porque están inequívocamente comprometidos con la realidad africana. Nos deben hacer pensar. No creo personalmente que haya que acortar nuestra ayuda a Africa, pero estoy convencido de que nuestra ayuda es inútil si no se resuelven problemas serios originados allí en Africa, no en Occidente.

Si tomamos como ejemplo la lucha contra el SIDA , comprobaremos que nuestra ayuda es totalmente inútil si no se superan graves impedimentos que surgen de la ética social de la mayoría de las sociedades africanas. Se sigue diciendo que el SIDA arrasa Africa porque las multinacionales occidentales se negaron a facilitarles medicación a precios asequibles; pues bien, después de mucha presión política, estas multinacionales accedieron a lo que se les pedía ¿y disminuyó el efecto del SIDA? en absoluto. Les daré una información que no se transmite porque no es políticamente correcta: Sudáfrica es uno de los países en los que la enfermedad avanza imparablemente; allí, en la cultura negra sudafricana está implantada la creencia de que el portador de SIDA se curará si viola a una chica virgen; pueden imaginar los devastadores efectos que este miserable criterio ético-cultural ha tenido en la multiplicación de afectados.

Por otra parte, durante años el gobierno progresista de Mandela -y especialmente su ministra de Sanidad- proclamó que era falso que el SIDA tuviese algo que ver con un virus y que se transmitiese por vía sexual; no aducían razones científicas, sino políticas: su aguda inteligencia descubrió que la transmisión sexual del SIDA era un infundio inventado por los colonialistas blancos, con el que querían evitar que los negros se reprodujesen más. Y les pregunto: ¿para qué sirven ante esto los antirretrovirales? con estas bases culturales y políticas, ¿acaso no se convierte en inútil toda ayuda económica exterior? ¿No es irresponsable cerrar los ojos a esta realidad que condiciona todo lo demás? Por otra parte, un organismo tan poco sospechoso como la ONU indica en sus documentos que un problema básico que impide el desarrollo de los países africanos es la corrupción que impregna toda la sociedad de abajo arriba -no sólo en los dirigentes-.

Corrupción, criterios culturales inhumanos, estúpido dogmatismo político, son problemas que no han sido exportados a Africa ni por el colonialismo ni por el imperialismo y que son definitivamente cruciales para impedir su desarrollo social, político y económico; y en el fondo son elementos éticos, no económicos.

Los cristianos hemos de reconocerlos, confrontarlos y darles alternativa adecuada, pero algunos cristianos tienen dificultad para hacerlo porque confunden la necesaria encarnación en medio de la cultura circundante, con la inaceptable dilución de los valores cristianos entre los valores del entorno; este sincretismo, este relativismo cultural, esta actitud acrítica explica la paradoja de que los evangélicos en Africa, tan importantes numéricamente, hayan tenido serias dificultades para transformar radicalmente los valores ético-sociales de sus países. Pablo se hizo "a los judíos como judío"(1) para ganarlos hablándoles en su lenguaje, no para aceptar un mestizaje de valores; la sal debe penetrar profundamente en medio de la comida, pero no para perder su salinidad, sino para impregnar al alimento.

Por esta razón, si de verdad nos preocupa la situación deprimida de Africa, si amamos de verdad a los africanos, hemos de tener en mente estos aspectos que se eluden habitualmente en el debate sobre la ayuda a este continente , hemos de rechazar explicaciones sesgadas basadas en rancias mitologías políticas disfrazadas de progresismo.

Estaremos incapacitados para ayudarles si creemos que las causas de su atraso se reducen sólo al cononialismo occidental o que los africanos no son primariamente responsables de su situación: regalaremos antirretrovirales, pero seguirán violando niñas.

En esto hemos de aprender de Jesús : Él se acercó con toda su amorosa y solidaria humanidad a la samaritana y no le ocultó que "cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido"(2); Jesús condenó con contundencia la hipocresía de quienes acusaban a la adúltera y la trató como nadie lo había hecho, pero esto no le ofuscó para pensar que la adúltera era inocente por ser oprimida y el problema estaba sólo en los demás, sino le dijo con claridad "no peques más(3)". Si hubiese omitido estas dos sentencias que ponían a la luz los pecados de ellas, sentencias que reclamaban un genuino arrepentimiento, Jesús no le habría dado vida ni a una ni a otra.




(1) 1Co 9.20
(2) Jn 4.18
(3) Jn 8.11

X. Manuel Suárez es médico, escritor y Consejero de Medios de Comunicación del Consello Evanxélico Galego.
© X. M. Suárez, ProtestanteDigital.com, 2005 (España)

 
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