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Intereses creados
La vida y discusión política pasa en España por momentos algo preocupantes desde una perspectiva de futuro. El ambiente es paradójico, pues por un lado, la economía marcha bien, el paro continúa descendiendo y los afiliados a la seguridad social crecen. Por otro lado, la crispación en el debate político se ha acrecentado considerablemente en el último año. Desde el atentado terrorista del 11 de mayo, los reproches mutuos del PSOE y PP sobre el uso partidista de la masacre reabrieron una especie de caja de Pandora que pareciera haber sobrevivido a las radiaciones de la posguerra española.
Son variados los factores que dan claves sobre esta crispación nacional, pero no es este el asunto. Además, la situación a nivel europeo tampoco anda boyante; el rechazo generalizado a la Constitución europea, los ataques dialécticos entre Blair y Chirac, y el terrorismo que no cesa nos han imbuido en un ambiente turbio donde la duda y el encontronazo toman posiciones de avanzadilla.
Para no añadir más crispación política nacional, basta un ejemplo de interés partidista de fuera de nuestras fronteras y que nos afectó. Hace apenas unos días, en Singapur, daba igual que la candidatura de Madrid para los juegos olímpicos del año 2012 tuviera la mejor valoración en la segunda ronda de votaciones para elegir la sede ganadora. Una vez eliminada la candidatura de Nueva York, los 19 votantes del COI (Comité Olímpico Internacional) que respaldaban el proyecto americano “castigaban” los últimos desaires del gobierno de Zapatero a los EE.UU. haciendo repartir sus votos entre la candidatura de Paris, y sobre todo la de Londres. Ni un solo voto para Madrid por parte de los aliados estadounidenses, lo cual, constituye algo más que una casualidad multiplicada por diecinueve: Politiqueo. En fin, que el vicio de alianzas interesadas dio un puntapié a todo el trabajo de las autoridades madrileñas, así como a la ilusión de muchos de los que participábamos en este proyecto que ya no existe.
Por supuesto que se producen cada minuto otros ejemplos de partidismo mucho más lacerantes en cualquier rincón del mundo , pero sirva este ejemplo deportivo del supuesto espíritu olímpico del juego limpio para recordar otra vez que estamos en un mundo de intereses particulares.
Como cristianos, no tenemos nada que ver con esto… o así debería ser. Como advertencia propia, recuerdo una congregación cristiana de un país cualquiera donde se estableció un intenso debate “teológico” entre sus fieles sobre la situación personal del pastor de la iglesia y su idoneidad para continuar en el cargo por causa de unas difíciles circunstancias conyugales que no vienen al caso. Durante una asamblea de esta Iglesia, observé como las posturas teológicas de apoyo al pastor venían por parte de todos aquellos miembros que, o bien eran familiares o eran amigos de él. Por otro lado, la mayoría de los feligreses que no mantenían una relación personal con el pastor, mantuvieron una teología contraria a la continuidad de este pastor en el cargo.
Tras un revestimiento espiritual o teológico, estos creyentes usaban la teología (o más bien la ausencia de teología) como un herético pretexto para justificar sus lazos y rechazos emocionales con el pastor. Este lamentable suceso real sirve para alertarnos de que ninguno de nosotros estamos libres de lanzar la primera piedra de injusticia.
Como cristianos, es menester que influyamos en la sociedad y que permanezcamos atentos de lo que ocurre en derredor para actuar con coherencia y responsabilidad en todos los campos de nuestra vida . En esta línea, todo lo que subyace en nuestro ser renovado debería partir del hecho de que la verdad y la justicia tienen que ser sustancia de nuestro nuevo yo. Todo aquello lo que se desvía de ese camino, verdad y vida es un guiño al viejo hombre y al mismo diablo.
Lo que ha hecho Cristo en la cruz es mucho, y semejante sacudida a la vulgaridad y mundanidad desde el Gólgota nos ha puesto por gracia en un plano que nada tiene que ver con intereses viciados. Ahora hemos sido adoptados en un reino de justicia, verdad y amor, y sobre estas premisas seremos todos juzgados por un Dios que no tiene nada de escamoteador. Nada más esperanzador y desafiante que saber que ahora todas las cosas son hechas nuevas. Por él.
Luis Marián trabaja en Madrid como
documentalista en la Universidad Carlos III,
y coordinador
de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante
de periodismo y cofundador
de Delirante un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con
no creyentes.
© L. Marián, ProtestanteDigital.com, 2005, España. |
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