Número 90 - 12 de julio 2005
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La paz no es la meta

La paz no es la meta, la paz es el camino
(M. Ghandi)


Es preferible una paz injusta a una guerra justa (Samuel Butler)

Si quieres hacer la paz no hables con tus amigos, habla con tus enemigos (Moshé Dayán)

El respeto al derecho ajeno es la paz (Benito Juárez)

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo (Jesús de Nazareth)

Todos estos pensamientos tienen una fuerza indudable, aplicable a cualquier conflicto violento, desde el terrorismo hasta la violencia en el propio hogar.

Sin duda hay hechos que nos impactan más que otros, como las masacres terroristas; pero no podemos olvidar esas otras masacres donde muchos más seres humanos murieron asesinados en el anonimato, sin cámaras de televisión, como en Srebrenica, donde 8.000 niños, hombres y ancianos fueron asesinados a sangre fría.

En el mundo actual, más que nunca, necesitamos una paz interior que no dependa de las circunstancias que nos seguirán agitando, golpeando, hiriendo en las retinas o en el alma, según la cercanía mayor o menor de los hechos.

Miremos al hombre que sufrió en sí mismo toda la violencia de manera voluntaria; el que aceptó morir torturado como si fuese un terrorista siendo el hombre de la paz; el que agonizó lentamente asumiendo la culpa de todas las pequeñas y grandes violencias, siendo el único inocente; el justo que murió en manos de la justicia más parcial.

El quiere darnos su paz, no como el mundo la ofrece, pacificando las circunstancias; sino una paz que viene de su perdón, de su amor. A pesar y por encima de las circunstancias.

Hoy, más que nunca, como siempre, necesitamos la paz, su paz. Porque la paz no es la meta. la paz es el camino.

© ProtestanteDigital.com, 2005 (España)

 
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