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LA RUTA DE DON QUIJOTE, Azorin, Artelibro. Rafael Amorós, Ciudad Real 2005, 215 páginas.
José Martínez Ruiz, más conocido como Azorín, nació en Monovar, provincia de Alicante, en 1873 y murió en Madrid en 1967. En su novela LA VOLUNTAD, publicada en 1902, cuenta sus años de estudios secundarios en el internado de los escolapios en Yecla, cuyas experiencias describe con una mezcla de emoción y de enfado.
En 1896, con 22 años, se estableció en Madrid, donde vivió los ambientes de la bohemia literaria. Con Unamuno, Maeztu, Baroja y otros escritores formó parte de la Generación del 98, de la que sería también, años después, el más caracterizado cronista.
Autor de numerosas novelas, obras de teatro y ensayos, Azorin, al igual que otros escritores de su época, combinó literatura y política. Fue uno entre los grandes en aquella generación de escritores que revivieron a la España agonizante tras la pérdida de Cuba y Filipinas. Ortega y Gasset destaca en Azorin la contemplación emotiva o lírica del paisaje, de gran importancia, ya que, en su opinión, “lo que da la medida de un artista su sentimiento de la naturaleza”.
Este sentimiento y la admiración que siempre tuvo a la novela de Cervantes llevó a Azorín tras las huellas de Don Quijote por los caminos de La Mancha . La iniciativa fue del diario EL IMPARCIAL. El 4 de marzo de 1905 este periódico de Madrid publicó el siguiente suelto: “El notable escritor Azorin colabora desde hoy en las columnas de EL IMPARCIAL. Hoy sale de Madrid para describir el itinerario de Don Quijote en una serie de artículos que seguramente aumentarán la nombradía del original humanista”.
Las crónicas, publicadas con el título genérico de LA RUTA DEL QUIJOTE, aparecieron entre el 4 y el 25 de marzo . Recordando el viaje, Azorín contaba cómo “en Alcázar de San Juan alquiló un carrito pues no había automóviles, aunque en el caso de que los hubiera no servirían dado el pésimo estado de los caminos”. De Alcázar a Argamasilla, las lagunas de Ruidera, la cueva de Montesinos, El Toboso, Puerto Lápice. “En todas partes meditamos en nuestro señor Don Quijote con paz y alegría” -escribía Azorín. Decía que el mantenimiento era sobrio. Para las comidas sólo llevaban “buen pan manchego, y queso, buen queso manchego, queso que no tiene rival en el mundo”. Según el escritor de Monovar “no comían otra cosa y no sentían ganas de nada más, pues con el paisaje de La Mancha nos sobraba”.
En el mismo año 1905 se hizo la primera impresión de las crónicas de EL IMPARCIAL en un libro. La obra fue ensalzada por eminencias de las letras tales como Gerardo Diego, Antonio Machado, Miguel de Unamuno y otros. En su discurso de ingreso a la Real Academia Española el 15 de enero de 1996, Mario Vargas Llosa recordó que el primer libro que leyó de Azorín fue LA RUTA DE DEL QUIJOTE y dijo que era “uno de los más hechiceros libros que había leído”. Esther Almarcha dice que las páginas de Azorin “tuvieron la virtud de preparar una nueva etapa caracterizada por ciertos revulsivos contra las tradicionales visiones de La Mancha como espacio desolado, triste, seco, árido y casi fúnebre”.
Al cumplirse el primer centenario de la aparición de este libro de Azorin, el Centro de Estudios de Castilla-La Mancha ha tenido el buen gusto de publicar una magnífica edición de lujo , enriquecida con unas 150 ilustraciones fotográficas, elegidas teniendo en cuenta su relación con el texto de Azorin.
Esta RUTA DE DON QUIJOTE es una delicia de libro . Lo que cuenta, lo que dice, ninguna quintaesencia puede decirlo. Azorín se expresa con claridad, con precisión, con rapidez y, al mismo tiempo, con los mayores matices. Si leer es multiplicar y enriquecer la vida interior, como escribió Nicolás de Avellaneda, los lectores de esta obra terminan su lectura con una sensación de aliento, de vida, convencidos de que contiene más de lo que dice.
Días atrás, con el libro de Azorin a modo de guía, emprendí la ruta de Don Quijote. Me acompañó José Luis Arredondo, abogado mejicano residente en Torreón, Coahuila. Nos une una amistad antigua. Viene a España todos los años y se apunta a los cursos de verano que ofrecen las Universidades. Este año asistió al curso sobre terrorismo internacional que dirigió el juez Garzón en El Escorial. Terminado el curso pusimos rumbo a La Mancha. En lugar del carrito de Azorín nos acomodamos en mi Chrisler Stratus color rojo y transitamos por carreteras asfaltadas. Si Azorin se conformó con pan y queso, queso y pan, nosotros degustamos otros platos de la gastronomía manchega, como duelos y quebrantos, migas y demás.
Pero el itinerario fue el mismo: Argamasilla de Alba, Puerto Lápice, Campo de Criptana, Ruidera, El Toboso, Osa de Montiel. Y los lugares que El Quijote ha hecho definitivamente famosos: Los molinos en Campo de Criptana, la cueva de montesinos, la venta donde fue investido caballero el de la Triste Figura, la Casa de Medrano, en la que Cervantes estuvo preso, las lagunas de Ruidera y otros paisajes inmortalizados en la fábula genial.
José Luis y yo éramos conscientes de que la ruta de Don Quijote no concluía en La Mancha. En su tercera salida caballero y escudero atraviesan Castilla, cruzan Aragón, donde estaba situada la isla Barataria y concluye en las playas de Barcelona con la derrota de don Quijote el bueno a manos del de la Blanca Luna el malo.
Pero el tiempo nos faltó para esta prolongación. Regresamos del escenario quijotesco más soñadores, más enamorados del ideal, más decididos a deshacer los pequeños entuertos con los que tropezamos en nuestro diario vivir.
Juan Antonio Monroy es escritor y crítico literario.
© J. A. Monroy, ProtestanteDigital.com, 2005 (España) |
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