
|
 |
 |
 |
|
|
Recomendar |
|
|
Agregar a
favoritos |
|
|
Página de inicio |
|
|
¿Quiénes somos? |
 |
 |
|
 |
 |
 |
 |
 |
[ Imprimir ] [ email ] |
 |
 |
Cuando Dios se aleja
Colgué el teléfono con la sensación de impotencia, con un nudo apretado en mi garganta. Sabía que mis palabras no solucionarían nada, pero aún así, deseé haberlas podido expresar con más vehemencia. La desazón me impidió decir algo apropiado, frases de aliento, tan sólo pude camuflar las lágrimas emitiendo una artificial risa con la que colorear un paisaje grisáceo. Hoy quiero manifestar mi pesar de forma escrita, quiero que sepas que lo siento Javier.
A veces resulta difícil comprender por que Dios permite que nos ocurran ciertas cosas. Parece como si el hecho de ser hijos suyos y haber admitido su potestad nos hiciera merecedores de privilegios a los que otros no pueden acceder. Sin embargo, los propósitos de Dios son inescrutables y en muchas ocasiones incomprensibles.
Cuando después de mucho esfuerzo, de largos años de preparación, compruebas cómo en la recta final las ilusiones se desmoronan quedando esparcidas en el suelo... el trabajo, las incontables horas de estudio venciendo el cansancio, la abnegación a momentos de ocio con tal de poder pasar una página más, todo ello se mezcla en la cabeza produciendo amargor en la boca, unido a un sentimiento de abandono por parte de Dios.
Imagino que fue eso lo que sentiste, viendo pasar estos últimos cinco años en un tren que al final no llegaba a ninguna parte. Desalentado, hundido, izaste tus ojos al cielo pensando que ese Dios, tu Dios, te había dejado sólo en el momento de más necesidad. Sé Javier que todo tiene un propósito. Sé que tú lo sabes.
Durante este tiempo nos has demostrado a quienes circundamos tu corazón que eres un gran luchador, un ser al que amistosamente envidio y a quien me gustaría parecerme o poseer alguna de sus muchas cualidades. Has manifestado denuedo y tesón, ganas por conseguir un objetivo, aspirando a una meta que después de haberla rozado ha desaparecido entre la brumas de la realidad.
Hoy me atavío de voz amiga expresándote con el calor de mi corazón que me siento orgullosa de ti. De pertenecer a ese mundo de seres que te conocen, que han tenido la oportunidad de cruzarse en tu camino. En cierta manera me alegra que Dios no haya permitido que realices ese gran sueño. Quizá el haberlo conseguido te hubiese apartado de nosotros. Él sabe lo que hace. Confía en ello.
Aún escuece la herida, ese sentimiento de sueño incumplido, de frustración unida con el desánimo. Pero pronto cesará el dolor. La herida cicatrizará dejando una leve señal, a la cual el tiempo otorgará prestigio, una señal a la que recurrirás como lo haría un guerrero , para recordar que puedes acceder a todo cuanto desees, por que aunque no lo consigas Dios siempre estará a tu lado.
Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, ProtestanteDigital.com, 2005, España |
|
 |
[ Imprimir ] [ email ] |
 |
 |
 |
 |
|
 |