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Número 90 - 17 de julio 2005
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JOSÉ GRAU 
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Los derechos de Dios (y 2)
Derechos del hombre y derechos de Dios - (IX) 

Comentamos en el artículo de la semana pasada que cada uno de los mandamientos divinos equivale a la proclamación de lo que hoy llamamos derechos humanos. Y descubrimos que el derecho de Dios sobre sus criaturas y sus redimidos, constituye el soporte básico y la garantía divina de los derechos humanos.

Una vez analizados los cinco primeros mandamientos desde esta perspectiva de derechos de Dios-derechos humanos, pasamos a finalizar el estudio de los cinco restantes en el presente artículo.

6.- El sexto mandamiento (Ex 20:6) protege la vida y enseña que sólo Dios tiene el derecho de quitar aquello que Él mismo ha dado.

El sexto mandamiento vindica el derecho a la vida, así como la protección para la eficaz defensa de este derecho Pero hay más todavía, porque no sólo protege al individuo frente a otros individuos sino que guarda al ser humano de sí mismo' es decir, le protege del suicidio. Es un mandamiento liberador para quien quiere poner fin a sus días en un momento de depresión o desesperación. El reconocimiento de Dios como Creador y Salvador conlleva la imposibilidad de poder disponer tanto del principio como del fin de la propia existencia (prohibición implícita del aborto y de la eutanasia) y así, en esta dependencia de Dios, somos liberados de nuestras tendencias destructoras y autodestructoras, al tiempo en que es respetado nuestro derecho (y el de los demás) a la vida.

Ello comporta igualmente la esperanza porque siempre queda una salida (un éxodo) como promesa de gracia y de fidelidad de parte de Dios. La libertad del hombre es una libertad para b vida, no para la muerte. Porque Dios, como dijo Jesús, es Dios de vivos.

7.- El séptimo mandamiento (Ex. 20:7) protege el amor, la familia y el hogar.

De la misma manera que el suicidio representa una capitulación sin esperanza, el divorcio es una quiebra, que puede ser perdonada frente a la cual el séptimo mandamiento quiere recordar que el matrimonio es una "comunidad de vida", un pacto inspirado en el Pacto que une a Dios con su pueblo (Mal. 214)

Frente a las parejas de hecho, de lecho y de deshecho, aquí se vindica el amor; el derecho al único amor que es digno de esta palabra: libre, fiel y responsable.

8.- El octavo mandamiento (Ex 20: 15) reconoce el derecho de propiedad, no en sentido ilimitado sino en sus justas dimensiones (cf. Lev 27)

Este mandamiento nos libera del miedo al expolio, a la indigencia. Proclama el derecho de todo ser humano a los bienes económicos sin los cuales no puede edificar su vida ni puede actuar con libertad.

Algunos intérpretes, como Lochmann y Albrecht, aplican esta prohibición al secuestro de personas para impedir que un israelita sin recursos fuera "robado” y hecho esc1avo. Esto adquiere una dimensión muy actual si pensamos en el moderno terrorismo una de cuyas tácticas es el secuestro de personas. Los gobiernos no pueden ya garantizarla seguridad de sus ciudadanos. Este mandamiento quiere protegernos también en este sentido al implícitamente, el derecho a la vida y a la integridad.

El que roba a su prójimo días de vida, meses, años incluso en ocasiones cometen un crimen comparable al asesinato. El ser humano no puede ser tratado nunca como un medio, un instrumento, porque todo ser humano es un fin. Los secuestros y el chantaje que se hace con ellos nunca están justificados a la luz de la palabra de Dios (cf. Ex. 21:16). "No hurtarás" ni cosas, ni personas, para respetar los derechos del prójimo.

9.- El noveno mandamiento (Ex. 20:16) nos invita a considerar nuestra relación con los demás como una cuestión de testimonio.

Nos libera de la mentira para que reconozcamos en nuestros semejantes el derecho a la verdad. Se nos exige ser testigos de la verdad en todo m01l1ento y circunstancia. Es un derecho que cada uno vindica para sí y que aquí se nos exige que vindiquemos también para los demás.

Porque hablar mentira es hablar "contra tu prójimo falso testimonio" Respeta, pues, el derecho que tiene a la verdad y no hables contra él.

10.- El décimo mandamiento (Ex. 20:17) nos libera de las concupiscencias tan propias de los que no tienen en Dios su contentamiento.

Su función protectora la comparte con el octavo mandamiento, pero lo hace desde el interior de nuestras motivaciones. Este Último mandamiento está redactado en un tono que va más allá de todo juridicisimo. Ningún tribunal, ni ninguna legislación, se atreve a entrometerse en los móviles de las conductas. "No codiciarás" lo puede decir Dios solamente y nadie más.

Al apelar a los resortes interiores de nuestras motivaciones el decálogo se cierra, de hecho, con un llamamiento a nuestra responsabilidad personal.

No queremos ser objeto, o presa, de la codicia de los demás. No codiciemos, pues, nosotros nada del prójimo. Es otra manera de proclamar, nuevamente, el derecho a la integridad personal de cada uno dentro del derecho más amplio a la vida.

CONCLUSIÓN
Ciertamente, el decálogo es para el cristiano una de las perspectivas obligatorias en su estudio de los derechos humanos. Y al igual que en las otras perspectivas bíblicas, comprobamos siempre que los derechos humanos se fundan en los derechos de Dios y en su iniciativa.

En medio de una sociedad descreída y secularizada, los cristianos tenemos un mensaje difícil que comunicar: la plena vigencia de los derechos humanos será probablemente en la medida en que se consiga previamente el respeto pleno y sincero a los derechos del Dios Creador y Salvador.



Artículos anteriores de esta serie:
   1  RaÍz protestante de los Derechos humanos  
   2  Raíz individualista de los derechos humanos  
   3  ¿Quién garantiza los derechos humanos?  
   4  Derechos y "deberes" humanos  
   5  Biblia y derechos humanos: perspectiva general  
   6  No hay derechos humanos sin deberes  
   7  Los derechos humanos y el Decálogo  
   8  Los derechos de Dios  

José Grau es un conocido teólogo y escritor. Este artículo forma parte de una serie que publicó Grau con la Alianza Evangélica Española (correo-e: oficina@AEEsp.net ) bajo el título “Derechos del hombre y derechos de Dios”
© J. Grau, Alianza Evangélica Española. (ProtestanteDigital.com, España, 2005)

 
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