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Número 91 - 19 de julio 20050
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MANUEL DE LEÓN
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Sociología y karisma
Movimiento carismático y secularización:
razón histórica y sociológica (II) 

Dice uno de los libros mas antiguos del mundo, de la prehistoria china de hace 4000 años, el I Ching o “Libro de los cambios”, que tras un tiempo de decadencia llega el punto crucial, retorna la poderosa claridad olvidada y, sin violencia, la trasformación de lo viejo se hace fácil y simple, introduciéndose lo nuevo. André Malraux escribió también la famosa frase de que el siglo XXI será un siglo espiritual o no será. En ambas citas se quiere expresar que los cambios que nacen de la “crisis”, pueden suponer una oportunidad o un peligro. La crisis espiritual del racionalismo ha provocado que el siglo XXI sea un siglo espiritual.

Según Arnol Tounbee en su “Estudio de la historia” existe un cambio de paradigmas, en el que se revisan los conceptos y valores que forman la visión de la realidad. La revolución científica, la Ilustración y la revolución tecnológica, que incluyen el método científico como único enfoque válido para entender el universo, la vida en sociedad y la misma persona humana, necesitan de una revisión radical porque tienen severas limitaciones.

La fe continuada en la ciencia y la técnica se está acabando o fragmentando .Lo espiritual, aunque ahora tenga valores relativistas e individualistas, aparece con una fuerza tal que aunque algunos la han presentado como“incertidumbre ansiosa”, sin embargo tiene soluciones en la praxis y obrar humanos . La experiencia religiosa aparece en la posmodernidad entre el paso de certidumbres de la ciencia positiva imperante y la incertidumbre generalizada. La nueva Era anunciada supone un periodo de dimensiones universales. Se habla del Cristo cósmico que en su segunda Venida quiere asumir y reconciliarlo todo.

Los que se proclaman de la Nueva Era se distancian de las iglesias, hay un profundo desencanto, un sentimiento del mal-vivir, de miedo, de inseguridad generalizadas. Un sondeo efectuado en Suiza entre dos mil adeptos proporcionó estos resultados: 92% rechaza a las iglesias; 78% rechaza a la vez las Iglesias y la enseñanza cristiana sobre Dios; 2% se identifica con las Iglesias y la fe cristiana, pero en el 95% de los casos los encuestados se consideran personas religiosas. Pero es una religiosidad donde el esoterismo y la gnosis están apuntando a un saber superior. El esoterismo se refiere a un saber cósmico y la gnosis a un saber religioso. Y también están el ocultismo, la reencarnación y el karma, las medicinas naturales de Oriente y de Occidente, la filosofía india, la astrología oriental y occidental; decenas de métodos de meditación y de yoga, la magia rúnica y la mística céltica, la teognosis, la teosofía, la física cuántica y la resonancia mórfica, los péndulos y la geomancia.

Las religiosidad de determinadas iglesias carismáticas también pone su punto de color en este paisaje de dimensiones cósmicas, en detrimento de las iglesias oficiales, porque estas se suponen instrumentos de opresión sobre los individuos. En muchos casos el movimiento carismático, en su diversidad, usa medios muy parecidos a la meditación Zen y trascendental, la sofrología, los viajes fuera del cuerpo, la telepatía, la telekinesia, las terapias de grupo, el renacimiento, la hipnosis, la regresión, etc. Y esta afinidad tiene un punto común que es la búsqueda de la sanidad o sanar el malestar del ser humano. Cuando fallan la medicina alternativa, la acupuntura, las esencias florales, la homeopatía o los nuevos regímenes alimenticios, se acude a la sanidad del espíritu. En las grandes ciudades los libros de espiritualidad alcanzan el 10% de ventas. Sin embargo ¿ estos conocimientos y prácticas nos ayudan a buscar a Dios y a amarlo para que Él nos trasforme o seguiremos siendo prisioneros de un cosmos en el que el príncipe de este mundo, Gran Seductor, con su señorío de muerte, nos incapacita en las decisiones de la voluntad y en la conciencia para que no nos reclame una espiritualidad del mas allá. Las experiencias placenteras, pueden llevarnos a una paz falsa, perezosa e infructuosa, pues las experiencias que no vienen de una fuente trascendente, de la gracia de Dios, pueden venir de otras fuentes. La experiencia cristiana debe tener el sentimiento de ser “sustituido” sin ser “destruido” al modo de Pablo que decía “ya no vivo yo, sino es Cristo quien vive en mi”. No se puede llegar a la espiritualidad por explicaciones, por meras palabras, por conceptos, sino haciendo camino hacia lo trascendente y eterno.

El desarrollo y el crecimiento continuado del movimiento neo-pentecostal y mas concretamente el carismático, es algo innegable. Su panorámica – no la visión parcial y concreta-, supone una de las fuerzas espirituales mas relevantes de los últimos 50 años como apabullante fenómeno mundial. Es una gran paradoja, en el mundo de hoy, la necesidad de experiencia espiritual frente a la llamada mayoría de edad del hombre, de la irracionalidad e incoherencia frente al método y la ciencia, de lo místico y mágico frente al hombre secularizado que proclamaba el no necesitar mas de paraguas religiosos. Los augurios de una religión reducida a la esfera de la intimidad han fallado estrepitosamente o al menos no han acertado en los términos que se planteó la secularización, el laicismo y la separación Iglesia –Estado.

Para los mas fundamentalistas, el neopentecostalismo, además, ha desplazado la preocupación de las buenas nuevas del Evangelio de Jesucristo como evento pasado e histórico, a una preocupación en el Espíritu como experiencia presente o posible experiencia futura, desplazando la obra perfecta de Dios en Cristo, hacia la emocionante obra de Dios en el corazón del creyente. También las manifestaciones religiosas se han convertido en muchas ocasiones en eventos culturales y tribales como lo pueden ser la Semana Santa en España convertida en religiosidad mágico-sagrada. A este respecto, la Universidad de Granada ha hecho un esfuerzo significativo para estudiar este fenómeno de la Semana Santa en Andalucía, y según un estudio de Rafael Briones Gómez, se cree que hay una revitalización en estos últimos cinco años del 2000, donde se reafirman las tradiciones, se desarrolla la dimensión festiva y participativa, revalorizándose también lo popular como identificativo del pueblo. Pero sobre todo, frente a la racionalidad, frente al experimento y método científico de la modernidad, adquiere un auge sorprendente la irracionalidad, la inutilidad, la experiencia lúdica en esta crisis de emotividad en la cultura occidental. Ayudada esta religiosidad semipagana por el turismo, la Semana Santa andaluza, cuyos valores culturales y sociales son admirados y codiciados por otros, ahora se dedica a producirlos y venderlos ganando dinero y admiración. Se produce pues un mimetismo, una imitación de lo religioso, que no es otra cosa que un mecanismo ritual, donde el pueblo se convierte en actor y líder del acto sagrado. Sin embargo en el hecho religioso andaluz existe una gran manipulación de la muerte de Jesús por parte de los poderes religiosos y políticos, pues como diría el teólogo J.B. Metz sin esta manipulación “la memoria de Jesús sería peligrosa”. Si hubiese una correcta teología, los efectos de la Semana Santa, del Jesús crucificado y resucitado, serían una subversión ante los poderosos, los pobres y marginados. Esta paradoja y esa imitación se da en el movimiento carismático también, aunque sea a otra escala y el mercadeo religioso no llegue a los límites de la expresividad andaluza.

Lo que vamos exponer sobre el movimiento carismático son solo apuntes. La intención en la dura crítica que a veces efectuamos, no es para ofender a nadie, sino para provocar entre nosotros la prevención y el estudio. No es una burla del milagro sino una llamada de atención a la milagrería engañosa e ignorante. Creemos en la sanidad divina pero no en esos sanadores que practican el engaño
.



Artículos anteriores de esta serie:
   1  Fuego del cielo  

Manuel de León es escritor, historiador, y director de "Vínculo" (revista de las Iglesias de Cristo de España).
© M. de León, 2005, Asturias, España.

 
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