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Abismos y puentes
Según pasa el tiempo y caminamos en este sendero de la información sobre la espiritualidad del ser humano y la sociedad, más nos damos cuenta de su importancia.
De hecho, la religión es sólo una de las muchas expresiones de la espiritualidad. Incluso la fe en Jesús entendemos que no es en sí una religión o sistema religioso, sino en lo esencial un encuentro y relación personal con Él.
Decíamos que según avanzamos, es difícil que la realidad no esté unida al hecho espiritual.
Incluso quienes no creen, están “condenados” a entenderse con el hecho religioso, y baste mencionar el reciente Desayuno Nacional de Oración en Washington de José Luis Rodríguez Zapatero.
Y a la inversa, quienes creen deben saber entenderse y dialogar con quienes hablan otro lenguaje al tratar de interpretar la fe. Ese es uno de nuestros esfuerzos como publicación, el tender puentes culturales donde otros sólo ven abismos. Sin negar la evidencia, la diferencia y el debate, pero caminando por lo que nos es común, que lisa y llanamente es que somos seres humanos. Para unos fruto de la casualidad y la evolución, para otros un diseño inteligente, para otros obra de Dios de una u otra manera.
Todo esto se ubica perfectamente en la noticia de portada de esta semana: la archifamosa serie “Perdidos”. Una serie de éxito, que en su trasfondo tiene una corriente espiritual que habla de fe y redención personal, y con una presencia bíblica bastante consistente.
No es que no haya hambre de Dios, de trascendencia, de espiritualidad. Hay desengaño de las religiones, de las jerarquías, de los gurús de cualquier religión que la convierten en un látigo de dominación de otros o hacen negocio de ella.
Hay cansancio de utopías falsas, pero hambre de verdad. Hartazgo de sucedáneos facilones o artificiales, pero sed de agua viva, de fuente inagotable, de manos tendidas, de sinceridad sin intereses, de amor irrevocable, de justicia con el débil.
Las personas de esta sociedad tienen hambre y sed del Dios vivo, de Jesús. Todas las grandes necesidades mencionadas antes sólo las llena Él, y ante Él todos somos sólo una sombra de la eternidad que pasamos como un suspiro, y permaneceremos en esa eternidad de luz sólo si en Él somos.
Por eso queremos ser puentes, lugar de encuentro. No para anunciarnos a nosotros mismos, sino a Aquel que es capaz de llenar y calmar la sed y hambre infinitos del alma del ser humano. Por eso la espiritualidad sigue siendo importante: así nos hizo Dios, y aún es tiempo de gracia para esta humanidad caída que juega a creerse Dios o a usar su nombre en vano.
Estamos “Perdidos”, agnósticos y creyentes. La clave final no es ninguna filosofía o religión. Es Jesús.
© Protestante Digital, 2010, España |