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¿Me viste así?
Acabo de recoger a mi hijo del colegio y nos hemos encontrado, al borde de la carretera, dos crías de gorrión abandonadas a su suerte. Fernando estaba indeciso, esperando que yo le diera el visto bueno para acercarse. Enseguida le he animado a cogerlas. Quizás podamos salvarlas.
Sus cuerpecillos estaban fríos. Seguro que hacía horas que se hallaban sobre el asfalto de esta calle solitaria. No sabemos cómo han llegado hasta ahí, pues aunque hay árboles, ninguno estaba cerca. En cierta ocasión oí decir que cuando nacen demasiados polluelos, los padres empujan hasta echar fuera a los más débiles, ¿cómo se puede ser tan cruel? Vete a saber si es eso, si hemos rescatado de la muerte a dos indeseados.
Nada más entrar en casa, nos fuimos a buscar el nido que quedó vacío el invierno pasado en uno de nuestros algarrobos. Mientras templábamos su nueva morada cerca del cocido, les hemos dado de comer. Entre tanto los sostenía en mis manos, me acordé de ti, y de mí. Notaba su indefensión, su hambre, su desamparo, su tristeza. Ahora mi hijo y yo somos sus protectores, su consuelo. ¡Qué contentos estamos! Abrían el pico confiados en que el alimento que les dábamos era bueno. Te digo esto porque sus ojos aún permanecen cerrados, ignoran donde se encuentran. Todavía no saben si están a salvo o si siguen condenados a su suerte. Son tan pequeños, tan débiles ante nosotros...
Sé que en estos momentos duermen tranquilos. Los hemos colocado uno junto al otro, en el nido, de nuevo cerca la lumbre. Creo que la cocina es el lugar más cálido de la casa, donde más tiempo pasamos juntos.
Otro de mis hijos acaba de entrar saludando a gritos. Le hemos hecho bajar la voz, no sea que despierte a los pequeños.
Lo único que hacemos es observarlos, mirar si están bien, deseosos de volver a alimentarlos en cuanto se muevan un poco. Sólo hemos pasado media hora juntos, y ya los queremos como una parte más de la familia, aunque somos conscientes de que cuando crezcan podrán marcharse, si quieren, lejos de nosotros. Son libres. Hasta entonces, les daremos calor y seguridad. No contentándonos con eso, para evitar confundirlos, les hemos puesto un nombre nuevo.
No sé porqué te cuento todo esto, si tú lo sabes todo. Sin embargo, necesito hacerte una pregunta: cuando me encontraste ¿me viste así, Señor?
Isabel Pavón es escritora y parte de la Junta de ADECE (Alianza de Escritores y Comunicadores Evangélicos)
© Isabel Pavón. ProtestanteDigital.com (España, 2006).
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