“Tiempo de buscar y tiempo de perder” (vs. 6).
El tema de esta sentencia nada tiene que ver con la de la semana anterior. Aquí trata del esfuerzo que hemos de realizar en la vida en busca de nuestros objetivos y la resignación que hemos de aceptar si los logramos y los perdemos.
Salomón afirma que hay tiempo para buscar.
Antes de buscar otras cosas, búscate a ti mismo. No quieras imitar a otros. No desees ser como otros. Se tú mismo. Descubre tus propias capacidades y desarróllalas.
Si te propones escalar cimas elevadas has de trabajar mucho. Yo he tenido éxito en la vida porque he rendido culto al trabajo.
Franklin aconsejaba: “Trabaja. Si no vences hoy, trabaja. Si no vences mañana, trabaja. Has de vencer tarde o temprano”. Y otra vez: “Si te humillan, aprieta los dientes y sigue. Si te difaman, aprieta los dientes y sigue. Procede igual que el tren y te dejarán vía libre”.
Hay tiempo de buscar y tiempo de perder, dice Salomón. Si has buscado, has ganado y luego lo has perdido todo, acepta la derrota con dignidad.
“Tiempo de guardar y tiempo de desechar” (vs. 6).
Esta máxima aparentemente insubstancial tiene que ver con algo muy importante en la vida de la persona: La capacidad de discernir. Saber lo que se debe conservar y lo que se debe desechar.
Que sólo se retenga lo que, después de un examen, se acredite como bueno y auténtico. En esta misma línea escribe Pablo a los miembros de la Iglesia en Tesalónica:
“Examinadlo todo; retened lo bueno” (
1ª Tesalonicenses 5:21). Esa frase de Pablo, “examinadlo todo”, contiene un estimulo a la curiosidad.
Quienes escriben en contra de la curiosidad dicen que a causa de la curiosidad de Eva se perdió el paraíso. Pero una persona sin curiosidad por examinar las cosas de la vida es una persona muerta.
También debe sentir curiosidad por examinar las verdades de la fe que profesa. Los cristianos de Berea sentían este tipo de curiosidad.
“Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos. Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así”. (
Hechos 17:10-11).
En esta libertad para examinarlo todo debes estar muy seguro de lo que crees. Festo, procurador de Judea en tiempos de Cristo, le grita a Pablo:
“Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco”. (
Hechos 26:24).
Las muchas letras no vuelven loco a nadie, excepto a Don Quijote. Pero las muchas y distintas lecturas, sin el examen de la verdad, han hecho perder la fe a cristianos que parecían muy cimentados en la Palabra.
Hace años fui invitado a dar una serie de conferencias en un Congreso de Jóvenes mejicanos que tuvo lugar en Torreón, en el norte de Méjico. Llegaron 1.200 jóvenes de todo el país.
Una noche un joven de 19 años insistió en hablar conmigo. Me contó su historia. Había nacido en una familia de padres cristianos. A los 15 años pidió el bautismo. Fue líder entre los jóvenes de su iglesia. Pero la curiosidad le llevó a leer libros ateos, libros de sectas, de religiones orientales y en aquél momento no creía en nada.
Según Salomón, hay un tiempo para guardar lo que vale y otro tiempo para desechar lo que no vale. Según Pablo: Examínalo todo, pero retén sólo lo bueno.