“Tiempo de romper y tiempo de coser” (vs. 6).
Comentaristas del Eclesiastés interpretan este texto en su sentido literal. En ocasiones, ya sea por enfado, por desprecio o porque no nos guste la ropa que se ha hecho vieja, la rompemos a tirones.
Otras veces cosemos con esmero las roturas de los pantalones, los vestidos, las camisas, etc. para utilizarlos nosotros mismos o para regalarlos a otros.
Esto nos lleva al tema de la restauración en la vida cristiana.
El propio Salomón dice en
2ª de Crónicas 6:36 que
“no hay hombre que no peque”. En
Eclesiastés 7:20 agrega:
“Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque”.
Esto es romper. El pecado rompe las relaciones con Dios. Esas relaciones rotas pueden ser cosidas de nuevo.
Continúa diciendo Salomón:
“Siete veces cae el justo y vuelve a levantarse” (
Proverbios 24:25). Un claro ejemplo de restauración espiritual lo tenemos en David y su magnífica actitud de arrepentimiento que expresa en el
Salmo 51.
“Tiempo de callar y tiempo de hablar” (vs
. 7).
Saber hablar y saber callar a su debido tiempo es una de las recomendaciones más frecuentes de los sabios de todos los tiempos.
Ningún libro de la Biblia denuncia el poder destructivo de la lengua como lo hace el apóstol Santiago.
El Talmud judío contiene un pasaje en el que se refiere a la tercera lengua. Dice que la lengua mata a tres: al calumniador, al calumniado y al que cree en la calumnia.
Cuando hablas contra tu hermano te dañas tú, dañas a tu hermano y dañas a la persona que te está escuchando. ¡Cuántas veces hemos oído a personas decir: “No me cuentes más chismes. Me están haciendo daño las cosas que hablas”!
- “Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; el que cierra sus labios es entendido” (Proverbios 17:28).
- “El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias” (Proverbios 21:23).
- “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse”
(Santiago 1:19).
Cuando las grandes autoridades religiosas del pueblo hebreo sometieron a Jesús a juicio y buscaban falsos testigos para poder acusarle, el Señor permanecía tranquilo.
Lleno de ira, el sumo sacerdote le pregunta:
“¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra ti?”. Y el evangelista comenta:
“Jesús callaba” (
Mateo 26:62-63).
Pedro, que habría estado por allí cerca, dice en su primera epístola:
“Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (
1ª Pedro 2:23).
Cuando te denigren, cuando te insulten, cuando te calumnien, descansa en el Señor y remite la causa a El.