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ENFOQUE
J. A. Monroy     

Cristianismo y lucha de clases en Marx

Es el tercer artículo que escribo sobre Carlos Marx al cumplirse el 125 aniversario de su muerte. Uno de los temas más destacados en la concepción marxista de la Historia es la lucha de clases.


En el MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA Marx afirma que “la historia de cualquier clase de sociedad hasta nuestros días no ha sido más que la historia de la lucha de clases”. Para Marx, la aparición de la sociedad burguesa no trajo nada nuevo: “No ha hecho más que sustituir nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas formas de lucha a las de antes”.

La injusticia que Carlos Marx denuncia en la lucha de clases la traslada al Cristianismo.

La crítica más severa de Marx contra los principios sociales del Cristianismo se contiene en un artículo titulado “El comunismo” del periódico “Rheinischer Beobachter, escrito en 1847 como réplica a otro artículo de este diario conservador. Marx se hallaba por aquel entonces desterrado en Bruselas y el trabajo fue publicado originalmente por el Deutsche Brüsseler Zeitung el 12 de septiembre de 1 847, el mismo año en que nació su hijo Edgar.

En aquellos días la familia Marx arrastraba una situación económica deprimente. Apenas tenía lo imprescindible para la comida diaria. Más que contra el Cristianismo de Cristo, la rabia de Marx tiene por blanco el capitalismo burgués, producto de un Cristianismo deformado, politizado, materialista e inhumano. El artículo referido se recoge en el tomo SOBRE LA RELIGIÓN en Marx y Engels, preparado por Hugo Assmann y Reyes Mate.

Dice así: “Los principios sociales del cristianismo predican la realidad de una clase gobernante y una oprimida y lo único que tienen para esta última es el piadoso deseo de que la otra se muestre caritativa.

Los principios sociales del cristianismo trasladan al cielo la concreción de todas las infamias aludidas por el concejal del consistorio, y por lo tanto justifican la existencia continuada de dichas infamias en la tierra.

Los principios sociales del cristianismo declaran que todos los actos viles de los opresores contra los oprimidos son o bien el justo castigo del pecado original y de otros pecados, o bien pruebas que el Señor, en su infinita sabiduría, impone a los redimidos”.

El catálogo de acusaciones es largo.

En su análisis parcial y despiadado Marx se muestra muy poco científico. Acusa, pero no prueba. Ataca sin ofrecer razones. El, tan cuidadoso en la selección de argumentos, olvida decirnos si en ese momento piensa en el Cristianismo del Nuevo Testamento o en las religiones salidas de él, que hacen un uso indebido del nombre.

La distinción aparecerá al año siguiente, al redactar en colaboración con Engels el MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA publicado en febrero de 1848.

En el MANIFIESTO Marx dice que “así como el cura ha ido siempre de la mano del terrateniente, así también el socialismo clerical ha ido de la mano del socialismo feudal”.

La diferencia entre “socialismo cristiano” y “socialismo clerical” resulta esencial en el enjuiciamiento general de la crítica marxista de la religión. Cuando Marx ataca al cristianismo piensa en términos de Iglesia católica y protestantismo institucionalizado. En este mismo pasaje del MANIFIESTO agrega que “el socialismo cristiano no es más que el agua bendita con que el sacerdote consagra el despecho del aristócrata”.

Si al criticar el Cristianismo Marx hubiera tenido más en cuenta las raíces y menos los frutos, sus conclusiones habrían sido distintas. Para no captar la preocupación social del Cristianismo primitivo hay que ser muy ignorante o querer deformar intencionadamente los hechos.

J. A. Monroy es escritor y conferenciante internacional.


© J.A. Monroy, ProtestanteDigital.com (España, 2008).

 

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