Ir a la Portada de este Número Número 343. Semana del 27 de Julio de 2010 
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CLAVES
Wenceslao Calvo     

Ante Dios, de Washington a Obama

William Bradford (1590-1657) fue uno de aquellos ciento dos ´peregrinos´, que a bordo del Mayflower llegaron en 1620 a las costas de América y fundaron la colonia de Plymouth, en el actual estado de Massachusetts. Los comienzos de aquella comunidad de recién llegados no pudieron ser más duros: de los veintiséis cabezas de familias, solo doce sobrevivieron hasta la primavera y de las dieciocho mujeres casadas, solo tres pasaron el invierno. Bradford fue escogido como gobernador de la colonia, estando entre sus deberes más de lo que tal título daría a entender, pues era juez, superintendente de agricultura y comercio y encargado del reparto de tierras.


Bradford escribió la History of Plymouth Plantation en la que describe las vicisitudes de aquellos esforzados pioneros. En el verano de 1623 la cosecha de maíz, producto que los indios les habían enseñado a cultivar, corría peligro y con ello también su propia subsistencia. En palabras de Bradford la situación era la siguiente:
´…por una gran sequía que continuó desde la tercera semana de mayo hasta mediados de julio, sin lluvia y con altas temperaturas la mayor parte del tiempo, comenzaba ya el maíz a languidecer… y algunas de las tierras más secas estaban agostadas como heno marchito… Ante lo cual apartaron un día solemne de humillación para buscar al Señor en humilde y ferviente oración.(1)
La respuesta vino en forma de lluvia, pero no torrencial, como sería de esperar en una tormenta de verano, lo cual habría acabado de destruir lo poco que quedaba de cosecha, sino, como Bradford relata:
´No vino con aire o tormenta o violencia alguna, sino paulatinamente y en tal abundancia que la tierra quedó totalmente empapada.(2)
El grano revivió, al igual que otros frutos, recogiéndose una abundante cosecha que dejó atónitos a los indios y maravillados a los propios colonos.

Pero que puritanos como Bradford y su gente apartaran un día solemne de humillación, palabra que denota probablemente que se trató de un ayuno, ante una emergencia que les amenazaba, no es sorprendente. Después de todo eran cristianos fervorosos que creían en el Dios de providencia y que responde a la oración. Lo sorprendente es que personajes como Washington, Adams y Madison, que estaban muy lejos de ser puritanos, proclamaran días especiales de gratitud, de ayuno y oración frente a las eventualidades que atravesó la nación cuando ellos eran presidentes.

Ante el embargo del puerto de Boston, decretado por el Parlamento británico en mayo de 1774, un suceso que sería el detonante que desembocaría en la guerra e independencia de las colonias, se proclamó un día de ayuno en Virginia para el uno de junio en los siguientes términos:
´Esta Cámara, estando profundamente conmovida por el temor de grandes peligros que se derivan a la América británica por la hostil invasión de la ciudad de Boston, en nuestra colonia hermana de Massachussets Bay, cuyo comercio y bahía van a ser boicoteados el próximo uno de junio por una fuerza armada, considera grandemente necesario que dicho primer día de junio sea apartado, por los miembros de esta Cámara, como día de ayuno, humillación y oración, para implorar devotamente la intervención divina, para conjurar las graves calamidades que amenazan la destrucción de nuestros derechos civiles y evitar los males de la guerra civil…´(3)
Esta resolución fue firmada, entre otros, por George Washington, quien a la sazón escribió en su diario personal en la entrada del día uno de junio: ´Fui a la iglesia y ayuné todo el día.(4) Posteriormente, en 1795 y siendo ya presidente, Washington convocaría un día nacional de agradecimiento con estas palabras:
´Cuando vemos las calamidades que afligen a muchas otras naciones, la actual condición de los Estados Unidos infunde mucho consuelo y satisfacción… En tal estado de cosas es, de manera especial, nuestro deber como pueblo, con devota reverencia y gratitud afectuosa, reconocer nuestras muchas y grandes obligaciones ante Dios Todopoderoso e implorarle que mantenga y confirme las bendiciones que experimentamos. Profundamente conmovido por este sentimiento, yo, George Washington, presidente de los Estados Unidos, recomiendo a todas las sociedades religiosas y denominaciones y a todas las personas, quien quiera que sean dentro de los Estados Unidos, apartar y observar el jueves diecinueve de febrero próximo como día público de acción de gracias y oración, y que ese día se congreguen y rindan sincera y cordial gratitud al gran Gobernante de las Naciones, por las destacadas y manifiestas misericordias que distinguen a nuestra comunidad como nación…´(5)
El siguiente presidente, John Adams, cuyo mandato estuvo dominado por la amenaza de una guerra con Francia, proclamó el 9 de mayo de 1798 día de solemne humillación, ayuno y oración:
´Como la seguridad y prosperidad de las naciones depende en última instancia de la protección y bendición de Dios Todopoderoso y el reconocimiento nacional de esta verdad no sólo es un deber indispensable que el pueblo le debe, sino un deber cuya influencia natural es favorable para la promoción de la moralidad y piedad, sin la cual la felicidad social no puede existir, ni las bendiciones de un gobierno libre ser disfrutadas… y como los Estados Unidos de América están, en este momento, puestos en una situación arriesgada y angustiosa por la inamistosa disposición, conducta y exigencia de una fuerza extranjera… Bajo estas consideraciones me ha parecido que el deber de implorar la misericordia y la bendición del cielo sobre nuestro país, demanda, en este momento, una atención especial de sus habitantes. Por lo tanto, recomiendo que el miércoles nueve de mayo próximo sea observado, en todos los Estados Unidos, como día de solemne humillación, ayuno y oración… Que todas las comunidades religiosas, con la más profunda humildad, reconozcan ante Dios sus muchos pecados y transgresiones con los que somos justamente acusados como individuos y como nación, suplicando al mismo tiempo de su infinita gracia por el Redentor del mundo, que perdone nuestras ofensas y nos incline, por su Espíritu Santo, a ese sincero arrepentimiento y reforma que nos otorga razón para esperar su inestimable favor y bendición celestial.´(6)
El cuarto presidente, James Madison, ratificó personalmente una propuesta hecha por el Congreso y el Senado para que el día 12 de enero de 1815 fuera declarado día de humillación pública, ayuno y oración, ante la guerra que se había desencadenado con Gran Bretaña:
´Considero apropiado, por esta proclamación, recomendar que el jueves doce de enero próximo sea apartado como día en el que todos puedan tener oportunidad de ofrecer voluntariamente al unísono, en sus respectivas asambleas religiosas, su humilde adoración al gran Soberano del Universo, de confesar sus pecados y transgresiones y de fortalecer sus votos de arrepentimiento y enmienda.´(7)
Al cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, cristiano evangélico profeso, ante las gravísimas amenazas terroristas, económicas, militares, sociales y de toda índole que se ciernen sobre su nación, no se le ocurre otra cosa más que emitir una proclama defendiendo la filosofía y estilo de vida gay, lo cual no solo no ahuyenta los peligros que acechan a su nación sino que atrae sobre la misma la ira del Dios Todopoderoso, ese Gobernante de las Naciones y Soberano del Universo, al que sus primeros antecesores en el cargo, que no eran cristianos evangélicos, buscaron aplacar humillándose ante él.



1) History of Plymouth Plantation
2) Op. cit.
3) Journals of the House of Burgesses of Virginia
4) The Diaries of George Washington 1748-1799
5) Apéndice nº 5 del volumen 11 del U. S. Statutes
6) Apéndice nº 7 del volumen 11 del U. S. Statutes
7) Apéndice nº 11 del volumen 11 del U. S. Statutes

Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador y pastor en una iglesia de Madrid


© W. Calvo, ProtestanteDigital.com (España, 2009).

 

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