Ir a la Portada de este Número Número 319. Semana del 09 de Febrero de 2010 
CLAVES
Wenceslao Calvo     

¿Tiene España solución?

Antes de contestar a la pregunta, hemos de dilucidar qué queremos decir por solución. ¿Es la solución una mejora de las condiciones económicas, sociales e incluso morales de la nación? Si esa es la definición, entonces solamente hace falta que se den una serie de circunstancias propicias, que permitan la recuperación de la fibra y el empuje debilitados o perdidos, para poder salir de nuevo a flote. Con toda probabilidad habrá programas de gobierno y gobernantes, que tengan el acierto de dar con tal solución, de modo que se produzca un saneamiento del bienestar y de la atmósfera de convivencia. De manera que desde esa perspectiva la pregunta tiene respuesta afirmativa, e incluso hasta cada cual puede pensar, según sus inclinaciones políticas, de dónde vendrá, quién la traerá y cuándo sucederá.


Pero si por solución entendemos una regeneración profunda del alma de la nación, entonces hay que meditar bien la respuesta a la pregunta.

Cuando uso el término regeneración no estoy pensando en otro que se parece mucho, pero que no es lo mismo, que es regeneracionismo. El regeneracionismo fue una doctrina política que surgió en España como resultado de la crisis de 1898, cuando un grupo de intelectuales y políticos españoles buscaron la manera de sacar a la nación del profundo atolladero en el que había quedado sumida, tras la pérdida de los últimos restos de lo que fuera un gran imperio.

Esa fecha marca un antes y un después, porque en la misma se consuma la decadencia de España, que había comenzado más de tres siglos antes. La pérdida de Cuba, Filipinas y Puerto Rico, a consecuencia de la guerra hispano-estadounidense, hundió a la nación en una crisis de identidad, de desmoralización y de incertidumbre sobre su futuro, que el regeneracionismo pretendía solucionar. Se trataba de reformar y modernizar al país en todas las facetas de la vida, comenzando por la esfera personal.

Era un ambicioso programa en el que las mentes más lúcidas del país se emplearon a fondo y aportaron su visión para sacar a España del estado de postración en el que había quedado. Era preciso acometer una renovación profunda, porque el antiguo paradigma de la España imperial había fenecido.

Hombres como Francisco Giner de los Ríos, Ángel Ganivet, Joaquín Costa, Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu, Antonio Machado y Ortega y Gasset, por citar algunos de entre los intelectuales, y el propio Joaquín Costa, Francisco Silvela, Antonio Maura y José Canalejas, por citar algunos de entre los políticos, se pusieron manos a la obra. El lema de Costa, “Escuela, despensa y siete llaves al sepulcro de El Cid”, ponía el acento en las tres esferas fundamentales donde tenían que producirse los cambios: la educación, la economía y la política. Una escuela laica, una economía práctica y una política centrada en los problemas reales del país.

Tras no pocos sobresaltos y trompicones, traumas, retrocesos y recuperaciones, pareciera que en las tres últimas décadas de democracia, por fin, España ha conseguido encontrar su camino.

Y sin embargo, las cosas no pintan bien. La crisis actual, que es más que económica, tiene que ver con algo mucho más profundo, de manera que la inquietud se extiende ante el panorama presente y el incierto futuro, a causa de la descomposición generalizada que se observa en varios estratos de carácter fundamental. Podríamos tomar aquella frase, hecha luego famosa, que Ortega y Gasset pronunciara en 1931 sobre la recién inaugurada República: ´No es esto, no es esto´, para resumir el estado de preocupación que aumenta por doquier, ante el sesgo que la situación va tomando.

Hace falta algo más que un regeneracionismo del signo que sea, siendo precisa una regeneración entendida en el sentido bíblico del término, es decir, un nuevo nacimiento; algo que está más allá de la capacidad del gobernante más hábil y carismático que imaginarse pueda.

Muchos cristianos evangélicos en España hemos tenido un sueño durante décadas: que llegue el día en el que seamos testigos de un gran avivamiento espiritual que sacuda los cimientos de nuestra nación y, a consecuencia de ello, se produzca una auténtica transformación de la vida nacional en todas sus esferas. Lo que el evangelio ha hecho y está haciendo en otras partes del mundo, es lo que queremos para España.

Y aunque durante décadas hemos escuchado en innumerables ocasiones la afirmación de que ´el tiempo de Dios para España ha llegado´ o de que ´el avivamiento ya está aquí´, lo cierto es que esas frases no se corresponden con la realidad. Son expresiones que, a fuerza de repetirse, se han convertido en lemas fáciles en labios de algunos predicadores, pero no pasan de ser palabras.

Algo más que lemas y palabras es lo que vemos en la historia del rey Josías, que pareciera ser el modelo de lo que todos quisiéramos que ocurriera en nuestro medio. Su vida y su obra podemos leerla en los capítulos 22 y 23 del 2º libro de Reyes

Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador y pastor en una iglesia de Madrid


© W. Calvo, ProtestanteDigital.com (España, 2009).

 

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