Pero para establecer una alianza hay que abrir antes un diálogo, y para producir ese diálogo hay que tener un idioma común, y ese lenguaje común debe articularse a partir de un conjunto mínimo de valores compartidos.
Entre civilizaciones que merezcan el respeto mutuo, estos mínimos compartidos deben incluir necesariamente el respeto a los derechos de la persona, empezando por la libertad de conciencia, un derecho universal.
Abdulrajman Mohamed Saleh, de 23 años,
fue ejecutado este pasado 18 de marzo en La Meca, capital de Arabia Saudí; ¿su delito? convertirse del islam al cristianismo; fue ejecutado con todas las de la ley, esa bárbara ley que pasa por encima de los mínimos exigibles a toda civilización.
Y ahora, ¿de qué vamos a hablar en esa Alianza de Civilizaciones? ¿En qué idioma común dialogaremos?
Si no se comparte un mínimo código de valores, no hay idioma común, y sin él no hay diálogo posible, y la referida Alianza se reducirá a que los de aquí les financiemos a los de
alá proyectos de los que no nos rendirán cuentas –como hacíamos con Arafat–, para quedarnos con la conciencia tranquila mientras ellos aplastan la conciencia y la vida de hombres como Abdulrajman.
Mataron a Abdulrajman y pensaron que habían purificado su “tierra santa”; Dios sabe que ahogaron una de las pocas luces puras que dignificaban a su pueblo, una luz que no morirá hasta que el Señor imponga allí y en el resto de la tierra Su Reino, en el que la justicia y la paz no morirán jamás, en el que el león y el cordero pastarán juntos y todos los reinos de la tierra entrarán en una real Alianza de Civilizaciones con unos valores comunes y un lenguaje compartido que confesará que Jesús es el Señor.