Ir a la Portada de este Número Número 249. Semana del 07 de Octubre de 2008 
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El aficionado

33 canciones (capítulo 1/12)

A partir de la siguiente frase, todo lo que diga sobre mí, y sobre el tema que escribo, será completamente cierto.



Por encima del tecleo de estas palabras (sólo que vosotros no podéis percibirlo, aunque sí imaginarlo) suenan a todo trapo las campanas de I Believe, mi canción favorita de mi EP favorito de My Bloody Valentine. La letra en estos instantes dice: Come back with me and I´ll show you that I really believe (“vuelve conmigo y te mostraré que realmente creo”). Es un día cualquiera de un mes cualquiera. Hace bochorno. Por la ventana se filtra un mínimo de claridad, y me quedo mirando las motas de polvo volar como cada mañana, y quiero que lo sigan haciendo eternamente.

La televisión, encendida y muda, desecha imágenes sin dar un solo respiro. Puedo sentiros: “otro rollo depresivo”. Para nada. Trataré de ser lo más optimista posible mientras pongo en orden las ideas y mi colección de discos, y voy desgranando esas 33 canciones que me marcaron espiritualmente, que es de lo que trata esto. Dejaré una pizca de nostalgia, porque eso nos gusta cuando hablamos de música… y puede que aparezca algún momento doloroso. Sin embargo, por encima de todo, quiero volver a la vida, a la libertad que a veces una pizca de música nos puede dar... así será este ensayo.

Envidio la despreocupación de mi gata en la otra habitación, que oye seguro esta canción a través del muro amortiguado que nos separa, hecha un ovillo y con las patas sobre las orejas. Así que decido unirme. Apago de golpe los altavoces en medio de Emptiness Inside, y como ocurre siempre que corto de golpe cualquier canción de los irlandeses, el silencio se vuelve poderoso e incómodo... probadlo, es un buen ejercicio; si al rato volvéis a poner su música con el mismo volumen, os sorprenderá el ruido que habéis sido capaces de escalar. Pero ya hablaremos de esto más adelante.

Subo la persiana y contemplo el esplendor de este día nublado. Los pequeños pájaros negros de alas largas gritan y se persiguen entre sí, el vecino de enfrente sigue pintando su salón de lámparas de trabajado cristal, y los árboles siguen donde estaban hace cinco minutos. Aparece el primer regalo del día: la armónica del cada vez más olvidado afilador. Se detiene justo debajo de mi balcón. Los sonidos del día a día se incorporan a la banda sonora de nuestras vidas, y nunca nos damos cuenta de hasta qué punto.

Un poco de magia (también conocida como elipsis) y…

 
Ahora escribo desde un rincón de la Universidad de Barcelona. Es una hora del día y un lugar diferente al del párrafo anterior. La música es distinta: una fuente fabrica espuma, y las hojas de los árboles típicos de centro de ciudad siguen con su ronroneo. Pararse a detectar el origen de los sonidos marca la forma que se tiene de escuchar, incluyendo eso que entendemos por música. Pero cada uno funciona de modo distinto. Yo tengo la manía de analizar con lupa, de obsesionarme por una canción concreta, que a veces acaba acompañándome, y forma una parte inexplicable de mi vida. Casi nunca sé a qué se debe este empeño en canciones concretas, pues casi nunca obedece a una cuestión de letra o composición, o estilo. Sencillamente, hay canciones que traspasan kilómetros de aire, o expulsan kilómetros de onda expansiva, penetrando hasta el alma. Estos artículos hablan un poco de esas canciones, siempre desde la experiencia de quien escribe, intentando no recurrir a fórmulas precocinadas, siempre tratando de no sentar cátedra.

Merece la pena recordar que no estamos ante una lista de “las 33 mejores”, o “las 33 importantes / imprescindibles / etc…”. Ni siquiera es un intento de lista. Tampoco soy un musicólogo doctorado en Bach. Apenas sé el orden de las siete notas. Sólo soy un amante de la música, y de cierta música en concreto. Sólo he pasado horas y horas con los auriculares, y sin ellos, oyendo ciertas canciones sin parar. Tengo un buen puñado de discos, y a veces me siento culpable de gastar mucho dinero en ellos, pero no soy quien más música ha oído, ni quien más discos tiene, ni quien más sabe del tema. Como mucho, hay quien me llama friki. Este no es un catálogo, ni un glosario de verdades. No busques la verdad en conocer de cabo a rabo todas los grupos, todas las canciones, todos los éxitos, pues no la encontrarás allí.

Lo que sí encontrarás en esta serie de doce artículos es el pequeño testimonio de alguien que ha sido influenciado por algunas cosas que ha oído. Alguien que no comprende su fe sin un puñado de canciones que un día le hicieron dudar, cambiar, buscar, y vencerse a sí mismo. No son mis 33 canciones favoritas. Son las 33 canciones que, juntas, hablan de lo que creo.

Tengo con la música eso que muchos definen como afición, y que la Real Academia define como “Inclinación o amor a una persona, actividad o cosa”.

Otro pase mágico (o aburrida elipsis) y…

Estoy en casa, con el equipillo de música (porque no es muy grande que digamos), a un volumen más moderado, situado en la génesis de mi afición musical. Todo tiene un principio, y el mío está en un disco de 1993 que se titula, precisamente, In Utero. Para quien lo quiera recordar, este disco está construido desde la rabia y la desesperación más absoluta.

Hay mucha suciedad, mucho malestar en ese disco, y sin embargo, contiene algunas dosis pequeñas de belleza y clamor por algo de paz. Marca el declive de lo que entonces se conocía como grunge, el sonido característico de esa generación X formada por jóvenes sin expectativas, jóvenes sin ganas de despertar de una sociedad a la que bien poco le importaba el sufrimiento a esa edad. Es del grupo liderado por Kurt Cobain, Nirvana.

Un año después, poco antes de la muerte de Cobain, la banda grabó su último disco, un directo acústico en Nueva York, del cual recuerdo especialmente la versión que realizaron de The Vaselines: Jesus Want me for a Sunbeam, cuya letra dice algo así: “Jesús no me quiere como rayo de sol”. Cuando uno presta atención a la letra, un tanto ambigua, descubre en su primera estrofa un detalle muy curioso: “cause sunbeams are not made like me” (“porque los rayos de sol no están hechos como yo”). Es decir, que yo como individuo estoy hecho de una manera determinada, o si lo preferimos, personalizada. Esto, aunque no sea intención del autor de la letra, me hace pensar en que mi relación con Dios, mi fe, es personal, distinta a la del resto de las cosas que me rodean. Parece una obviedad, pero muchas de las canciones que más recordamos, que más tarareamos, están construidas a base de obviedades y frases un tanto imprecisas y puede que hasta superficiales, las cuales, en un momento clave, adquieren una especie de sentido para nosotros.

Algo parecido me ocurrió con la hermosa canción de The Verve, Sonnet. Al escuchar su letra, realmente suena a un grupo de eso que en Estados Unidos catalogan como música cristiana contemporánea (contemporary Christian). Echemos un ojo a la letra:
Yes, there´s love if you want it
Don´t sound like no sonnet; my lord
(Sí, hay amor si lo quieres,
Sin que suene a soneto; mi Señor)
Dreaming about the day when I can see you there
My side
By my side
(Sueño con el día en que podré verte allí
Mi lado
A mi lado)


En letras que no hablan directamente de fe, uno puede encontrar inspiración y profunda reflexión. Esto es importante para cualquiera. La mayoría de estas 33 canciones no pertenecen a grupos cristianos. Son canciones que se cuelan en la vida de uno, que van calando como esas goteras en los días de lluvia torrencial. Como dice una canción del que quizá es el grupo de música folk más importante de esta época, Lambchop:
and I´ve got this feeling
something´s going on
(y tengo esta sensación
de que algo está pasando)


El aficionado, cuando recoge a puñados, ordena con la tranquilidad del samurái, y escucha sus discos, sabe que algo ocurre con algunos de ellos; que después de haber escuchado, ya nunca más será el mismo… (continuará)

Artículo escrito por Daniel Jándula

MULTIMEDIA
Puede escuchar o descargar aquí las siguientes canciones mencionadas en este artículo:
- 1, The Vaselines – Jesus want me for a sunbeam
- 2, The Verve – Sonnet
- 3, Lambchop – Something´s going on

e-Luthiers es un equipo de periodistas especializados y amantes de la música


© D. Jándula (Luthiers), ProtestanteDigital.com (España, 2008).

 

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