Del éxito a la fidelidad: empresarios cristianos examinan su liderazgo en el Encuentro LEC

Unos 80 empresarios y directivos se reunieron en Guadalajara en el VIII Encuentro Nacional LEC, en un fin de semana con espacio para el networking, la formación, la reflexión y la generosidad.

GUADALAJARA
15 DE OCTUBRE DE 2026
11:00 CEST
Asistentes al encuentro nacional de LEC en Guadalajara, en diferentes momentos. Fotos: Marcos Sancio,
Asistentes al encuentro nacional de LEC en Guadalajara, en diferentes momentos. Fotos: Marcos Sancio

Administrar con fidelidad los recursos, las capacidades y las responsabilidades que Dios ha confiado a cada persona fue el eje del VIII Encuentro Nacional de Líderes Empresariales Cristianos (LEC), celebrado del 2 al 4 de octubre en Guadalajara. Bajo el lema “Administrando con fidelidad”, el encuentro combinó enseñanza bíblica, formación práctica, testimonios personales y espacios de conexión entre profesionales cristianos.

La cita buscó ofrecer herramientas para afrontar los desafíos del liderazgo empresarial desde una perspectiva cristiana, recordando que el trabajo no es únicamente un ámbito de desarrollo profesional, sino también un espacio para vivir la fe, servir a los demás y ejercer una influencia positiva. Durante las tres jornadas se abordaron las prioridades personales, la delegación, la gestión de conflictos, el cuidado del carácter y la generosidad.

 

Generosidad para impulsar el reino de Dios

Uno de los momentos destacados de la primera jornada fue la presentación de la Fundación Maclellan, dedicada a apoyar iniciativas que contribuyen al avance del Evangelio en distintas partes del mundo.

Morgan Maclellan, miembro de la familia que da nombre a la fundación, acudió junto a su esposa, Lisa, y explicó el compromiso de varias generaciones con la generosidad. Según relató, uno de sus antepasados en el siglo XIX, Thomas Maclellan, asumió el compromiso de entregarlo todo al Señor. Unos treinta años después, volvió a hacerlo pese a haber atravesado dificultades y fracasos en sus negocios. A los 56 años inició una empresa de seguros que permitió generar una fortuna. Con la misma idea de que todos los recursos vienen de Dios y somos administradores, la familia ha continuado desde hace décadas un legado de generosidad, financiando miles de proyectos sociales y evangelísticos en todo el mundo.

La historia familiar ilustró asimismo la convicción de que la generosidad no se limita a las donaciones económicas, sino que también puede expresarse a través de la profesión, la influencia y las capacidades personales. Morgan Maclellan explicó que procura trasladar esta visión a su entorno laboral en el sector financiero, participando en iniciativas que buscan crear espacios para hablar del Evangelio en el ámbito profesional.

Lee Behar, director de Finanzas y director de Estrategia para Europa y Eurasia de la fundación, profundizó en esta idea. “No podemos decirle a otro que sea más generoso, eso debe nacer del corazón”, señaló, destacando la importancia de las historias personales para cultivar una actitud generosa. Presentó también el acrónimo LIFE, que reúne cuatro ámbitos en los que los profesionales pueden poner sus capacidades al servicio de Dios: trabajo (Labor), influencia (Influence), finanzas (Finances) y experiencia o conocimientos (Expertise).

En este contexto se dio a conocer también Generosity Path, una iniciativa vinculada a la fundación que ayuda a reflexionar sobre la generosidad y a desarrollar una cultura de dar.

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El éxito no consiste en conseguirlo todo

La jornada del sábado comenzó con una plenaria del pastor Marcos Vidal, de la iglesia Salem de Madrid, sobre el significado del éxito, a partir del Salmo 7:1-4. Su exposición cuestionó una concepción del éxito basada exclusivamente en alcanzar objetivos personales, acumular bienes o conseguir reconocimiento.

Vidal identificó cinco formas de éxito que, aunque no son necesariamente negativas, pueden convertirse en una trampa cuando ocupan el centro de la vida: el económico, el profesional, el reconocimiento público, el material y el relacional.

Así, el dinero puede acabar siendo una carga que domina a quien lo posee; el éxito profesional puede traer más responsabilidades a costa de la paz personal; y la búsqueda de reconocimiento puede llevar a vivir pendiente de la opinión de los demás.

El problema no reside en esas aspiraciones, sino en el lugar que ocupan, explicó Marcos Vidal. “Buscad primero el reino de Dios” fue la referencia que articuló su propuesta de reordenar las prioridades. La paz no depende únicamente de que las circunstancias sean favorables, sino de que Dios mantenga el lugar central. El verdadero éxito, desde esta perspectiva, consiste en vivir con Dios en el centro, también en el ámbito profesional y en medio de las exigencias cotidianas.

 

Un liderazgo que sirve, delega y cuida a las personas

La formación práctica del encuentro tuvo uno de sus momentos centrales en las intervenciones de Jordi Urbea, profesional del sector de la comunicación y el marketing, que abordó el liderazgo desde una perspectiva cristiana.

Urbea invitó a los asistentes a reflexionar sobre la imagen que proyectan como responsables de equipos y sobre cómo los perciben quienes trabajan con ellos: ¿qué dirían sus empleados si se les preguntara por su manera de liderar? A partir de 1 Pedro 4:10, resumió el liderazgo como una forma de administrar aquello que no nos pertenece, ya que Dios confía a quienes lideran personas, tiempo, talento y recursos.

Su propuesta se articuló en cinco pilares: servir primero, comunicar la visión, delegar con confianza, honrar los dones y cuidar el carácter.

El servicio, aclaró, no significa complacer a todo el mundo, evitar las correcciones necesarias o renunciar a la autoridad, sino ejercerla buscando el bien de las personas y el desarrollo de los equipos. Subrayó también la importancia de transmitir una visión clara, explicar por qué se hacen las cosas y mantenerla presente en la vida diaria de la organización: no basta con formular objetivos, el líder debe encarnarlos.

Sobre la delegación, Urbea recordó las palabras de Jetro a Moisés, en Éxodo 18, para señalar que nadie puede asumirlo todo por sí mismo. Delegar requiere conocer a las personas, invertir tiempo en ellas y asignar responsabilidades de acuerdo con su experiencia y madurez. Distinguió cuatro niveles: indicar cómo debe realizarse una tarea, pedir que se investigue y se propongan soluciones, permitir que la persona decida e informe después y, finalmente, confiarle una responsabilidad completa. El objetivo es favorecer el crecimiento de los colaboradores.

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Llamó asimismo la atención sobre quienes realizan tareas menos visibles pero imprescindibles, y animó a los responsables a rodearse de personas capaces de cuestionar sus decisiones de manera constructiva, reconociendo que el propio líder puede convertirse en un obstáculo para el desarrollo del equipo.

El último pilar fue el carácter. “El equipo sigue lo que ve, no lo que oye”, resumió, invitando a examinar cómo se manifiesta el fruto del Espíritu en el trabajo cotidiano. Advirtió también del desgaste de quienes lideran: un responsable agotado difícilmente puede cuidar de los demás, por lo que insistió en establecer límites, reservar tiempo para Dios y descansar.

En la gestión de conflictos animó a conversar en privado, escuchar antes de juzgar, evitar los rumores y buscar la restauración en lugar de la victoria personal, siguiendo el principio de hablar “la verdad en amor”. La sesión concluyó con un coloquio sobre los límites del liderazgo de servicio y la dificultad de distinguir entre ayudar a los demás y caer en una disponibilidad permanente.

En una segunda intervención, dedicada a las prioridades, planteó una pregunta directa: al terminar una semana de trabajo, ¿estamos satisfechos con lo que hemos hecho o hemos dedicado el tiempo a cuestiones secundarias? A partir del contraste bíblico entre Marta y María, invitó a distinguir entre la actividad constante y la capacidad de detenerse a escuchar a Jesús antes de actuar. Defendió que lo importante debe ocupar un lugar preeminente a lo urgente y recordó que el propio Jesús dedicaba tiempo a la oración.

Identificó cinco ladrones del tiempo: las reuniones sin un objetivo definido, las interrupciones constantes, el teléfono móvil, el perfeccionismo y la dificultad para delegar. Frente a ellos propuso establecer objetivos claros para las reuniones, proteger espacios de trabajo en la agenda y revisar periódicamente el uso del tiempo, con un ejercicio de treinta minutos semanales: cinco de oración, diez para evaluar lo realizado y otros diez para elegir las prioridades de la semana siguiente. La agenda, señaló, revela cuáles son las verdaderas prioridades de una persona.

La fe en medio de la crisis empresarial

Los testimonios personales trasladaron estas reflexiones a experiencias concretas. Francisco Pascual relató cómo su empresa se hundió durante la crisis económica de 2010 y cómo aquello transformó su manera de entender la fe y la confianza en Dios. Su experiencia quedó resumida en una frase: “No esperes a perderlo todo para entregarlo todo”.

En medio de la ruina, explicó, encontró una manera distinta de afrontar las circunstancias: cuando no tenía respuestas, podía decir “Señor, no sé qué hacer, pero mis ojos están puestos en ti”. Con el tiempo, su situación se restauró y volvió a poner en marcha una compañía de equipamiento público, en la que procuran aplicar principios cristianos. Pero el aprendizaje más profundo no fue la recuperación económica: la restauración de Dios tiene como propósito transformar a las personas y hacerlas más parecidas a Cristo. “La tormenta me quitó muchas cosas, pero Él cuidó de nosotros, de mi familia, y lo sigue haciendo”, afirmó.

Paola Terrazas y Manuel Zamudio, que actualmente dirigen Krispy Kreme en España, compartieron también su recorrido profesional y personal, con sus etapas de dificultad y crecimiento, y su deseo de seguir buscando la voluntad de Dios en sus decisiones.

La tarde del sábado se cerró con un panel en el que tres empresarios y directivos compartieron sobre su experiencia, involucrando la fe en sus propios ámbitos de trabajo e influencia. Rubén Galán, directivo de una compañía aseguradora, Ivette Barreto, directora de AMEIB, y Ezequiel Escobar, director ejecutivo de Fiet, dieron continuidad a la temática general del encuentro, ahondando de forma práctica en qué implica ser fiel en el trabajo, en la gestión del tiempo o en el ejercicio del liderazgo de personas.

 

LEC comparte su crecimiento y fortalece sus conexiones

Durante el encuentro, Raúl Martín, secretario ejecutivo de Líderes Empresariales Cristianos, presentó un informe sobre la marcha del movimiento y los cambios internos que está impulsando para continuar su desarrollo.

Entre las novedades destacó la incorporación de Ruth Millán al comité nacional y la labor de los grupos de conexión, orientados a fortalecer las relaciones entre profesionales cristianos. Se presentó también la actividad local de LEC en Galicia, Barcelona, Madrid, Valencia, Málaga, Canarias, Sevilla y Granada.

Martín se refirió además a las oportunidades de colaboración con otras entidades evangélicas: los contactos con consejos evangélicos y con la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE), así como las posibilidades de diálogo con representantes institucionales y con organizaciones de empresarios católicos.

Estas iniciativas forman parte del propósito de LEC de acompañar a empresarios y profesionales cristianos en el desarrollo de sus negocios, ayudándoles a afrontar los retos de su actividad desde la fe y a generar espacios de colaboración. Uno de esos espacios se dio poco antes del comienzo del encuentro con la celebración de Ciento x Uno, en colaboración con la Fundación Maclellan.

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La transformación comienza en la mente

La jornada del domingo incluyó una reflexión bíblica de Jaume Llenas sobre Efesios 4:15-5:4, centrada en la relación entre la nueva identidad de los creyentes y su manera de vivir. Recordó que la iglesia, como nueva humanidad, está llamada a distinguirse por la unidad y la santidad, y se detuvo en tres aspectos de la conducta cristiana: el rechazo de la falsedad, el manejo de la ira y el uso de las palabras. La razón, explicó, no es simplemente cumplir una norma moral, sino reconocer que los creyentes forman parte de una comunidad que se construye sobre la confianza y la verdad.

A continuación, Lidia Martín Torralba, psicóloga, escritora y conferenciante cristiana, abordó la mayordomía del pensamiento y las emociones, un aspecto que consideró escasamente tratado entre los cristianos. A partir de Proverbios 23:7 y de la parábola de los talentos, explicó la relación entre lo que percibimos, la interpretación que hacemos y la respuesta que damos, e invitó a contrastar nuestra manera de pensar con la perspectiva bíblica (Isaías 55:8-9, Romanos 12:2 y 2 Corintios 10:5).

Presentó las emociones como señales que aportan información sobre lo que vivimos, pero que no necesariamente deben convertirse en la guía de nuestras decisiones. Concluyó con preguntas para examinar cómo pensamos, qué hacemos con nuestras emociones y de qué manera ambas dimensiones moldean nuestra influencia como líderes y empresarios.

 

Una fidelidad que se concreta en la vida cotidiana

El VIII Encuentro Nacional de Líderes Empresariales Cristianos articuló sus sesiones en torno a una misma convicción: administrar con fidelidad implica reconocer que los recursos, las capacidades, el tiempo y las responsabilidades no son fines en sí mismos, sino oportunidades para servir.

La propuesta de LEC es acompañar a quienes desean desarrollar su actividad empresarial sin separar sus convicciones cristianas de sus responsabilidades cotidianas, fortaleciendo al mismo tiempo una red de relaciones que permita compartir experiencias, aprender unos de otros y colaborar en proyectos comunes. Para aquellos que deseen saber más o hacerse miembros de LEC, pueden encontrar toda la información en su página web lec.red.

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