Una despedida entrañable
Pudimos recordar a Diana McKinley en sus distintas facetas en las cuales destacó, principalmente su servicio en el centro de retiros, su ternura manifiesta y su sensibilidad en el trato con los demás.
23 DE OCTUBRE DE 2026 · 18:30
En las fotos adjuntas aparece un matrimonio compuesto por Miguel-David y Diana McKinley en una visita que nos hicieron a mediado de la década de los años 90.
Miguel y Diana estudiaron y se prepararon en el Instituto Bíblico Moody, de Chicago, donde incluso se casaron. Allí tuvieron como compañero de estudio al conocido misionero fundador de Operación Movilización (O.M) George Verwer.

Una vez terminada su formación sintieron su llamado para servir al Señor en España y, después de muchas experiencias que pusieron a prueba su fe en muchas ocasiones, llegaron a España y, posteriormente, a Córdoba. Ellos fueron los que nos hablaron del Evangelio a algunas parejas de jóvenes, novios entonces. Fue a partir de esas parejas que se formaron algunas familias que componían una de las primeras iglesias evangélicas de Córdoba, de la década de los sesenta del siglo pasado. En nuestro caso a partir del año 1966. Después de unos seis años en Córdoba, estuvieron en Alcalá la Real (Jaén) y en Priego de Córdoba, donde a través del testimonio de vida y la predicación del Evangelio obtuvieron el fruto de su labor.
Finalmente, a último de los años 70, Miguel y Diana McKinley adquirieron una pequeña finca en el término municipal de Priego de Córdoba, donde fundaron un centro de retiros para jóvenes, pastores y misioneros, el cual poco a poco se fue reformando y ampliando y que desde hace muchos años ya funciona “a tope” y con mucha eficacia. Al centro Miguel McKinley le puso por nombre, “Monte Olivos”, por estar en un lugar relativamente alto y rodeado de muchos olivos, trayéndonos, además, al recuerdo, el otro “Monte de los Olivos” de Jerusalén, en el cual Jesús estando con sus discípulos pronunció su famoso discurso de carácter escatológico. (Mt.24).

Pero dejando para otra ocasión la historia o parte de ella, el martes por la tarde a las 17 horas, la familia McKinley organizó un acto de despedida y en reconocimiento a Diana McKinley que partió a la presencia del Señor, el día 28 de septiembre pasado a los 88 años de edad.
Fue un precioso y emotivo tiempo en el cual tanto alguno de sus hijos como de los que estábamos presentes, pudimos recordar a Diana McKinley en sus distintas facetas en las cuales destacó, principalmente su servicio en el centro de retiros, su ternura manifiesta y su sensibilidad en el trato con los demás. Razón por la cual hubo momentos en los cuales fue difícil contener las lágrimas de parte de los que la conocimos y estuvimos presentes ayer en el acto mencionado; principalmente, lágrimas de agradecimiento por su vida, su entrega y su servicio al Señor todo el tiempo que Él la tuvo entre nosotros. Ochenta y ocho años son muchos años y por mucho que queramos resistir, tarde o temprano a todos nos llega la debilidad y… finalmente, la hora de marchar al lado del Señor que nos llamó.
Entonces, es del todo oportuno expresar nuestro más profundo agradecimiento a nuestros muy queridos Miguel y Diana McKinley por todo su trabajo y servicio en el Señor “el cual no ha sido en vano”. (1ªCo.15.59)
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¡Ah! y para algunos de los que se les dispara el pensamiento, nuestros queridos Miguel y Diana, nada tenían ni tienen que ver con la CIA. No fueron enviados por la CIA. Su llamado fue directamente del Señor y por tanto, nada de carácter “político, para desestabilizar el “régimen franquista”. Eso estaba y está fuera de lugar aquí.
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