El capitalismo de vigilancia (III): elementos de una respuesta cristiana

Somos criaturas encarnadas y anhelamos, con razón, relacionarnos cara a cara. Este deseo intenso dado por Dios es una brújula para ayudarnos a navegar por la redefinición engañosa y explotadora de las relaciones. Un artículo de Jonathan Ebsworth, Samuel Johns y Michael Dodson.

  · Traducido por Rosa Gubianas

13 DE OCTUBRE DE 2021 · 09:30

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Foto de Barbara Provenzano en Unsplash CC.

Lea la primera parte de este artículo aquí, y la segunda aquí.

Elementos de una respuesta cristiana

Hemos mencionado varias críticas bien informadas del capitalismo de vigilancia[1] que incluyen algunas recomendaciones políticas o reguladoras para abordar los abusos sistémicos de los monopolios tecnológicos.

El lector preocupado puede encontrar una voz entre las organizaciones que plantean estas cuestiones en todos los niveles de gobierno, como la Electronic Frontier Foundation[2] y el Center for Humane Technology.[3] 

Dado que cualquier reforma de la sociedad será lenta e incompleta, y que no existe ningún mecanismo global para excluirse, ¿cómo debemos vivir dentro del sistema y la arquitectura del capitalismo de vigilancia?

Cultivar la vida más allá de la explotación

Durante la pandemia, productos como Zoom sostuvieron nuestras amistades y nuestro culto; sin embargo, consideramos estas tecnologías como sustitutos.

Esta ansia dada por Dios es una brújula para ayudarnos a navegar por la redefinición engañosa y explotadora de las relaciones descrita anteriormente.

El propio Jesús es el ejemplo preeminente de la elección de las relaciones presentes y físicas, desafiando el ‘alcance’ y la ‘oportunidad’ inmediatos.[4]

Somos criaturas encarnadas y anhelamos, con razón, interactuar cara a cara.

Seguramente Dios podría haber transmitido sus buenas noticias directamente a todo el mundo, pero eligió venir como un bebé, ser aprendiz de carpintero y luego pasar tres años centrado en evangelizar y discipular a unas pocas docenas de hombres y mujeres.

Encontramos temas similares en la correspondencia de Pablo. Se angustia cuando se entera de que la gente que conoce está sufriendo.[5] Escribe para decir a sus lectores que aspira a estar con ellos,[6] con quienes encuentra su alegría.[7] 

Juan también desea compartir el gozo ‘cara a cara’ y no con ‘papel y tinta’.[8]

La instrucción de 1 Pedro, de que los cristianos consideren su identidad ‘como extranjeros y exiliados’,[9] ofrece estímulo y motivación para reenfocar el tiempo y la energía lejos de las redes sociales y hacia el amor a nuestros vecinos físicos.

A los exiliados israelitas en Babilonia se les dice que ‘busquen la paz y la prosperidad de la ciudad a la que los ha llevado el exilio. Orad al Señor por ella, porque si prospera, también vosotros prosperaréis’.[10] 

Se les llama al amor local, en contraste directo con su natural deseo de estar en otro lugar.     

Vivir por ritmos para contrarrestar la adicción

En la historia de la Creación, Dios descansó en el séptimo día.[11] En los Diez Mandamientos, se ordena al pueblo de Dios santificar el sábado, descansando.[12] 

Un primer paso para abandonar la esclavitud digital es dejar de lado nuestros dispositivos durante un día a la semana. Tal vez podríamos seguir el consejo de Andy Crouch,[13] que sugiere que dejemos los dispositivos aparte durante una hora al día, un día a la semana y una semana al año.

A los cristianos se les ordena tener ‘mucho cuidado... con la forma de vivir’.[14] Una de las mejores defensas contra el ajetreo y la adicción digital puede ser una adaptación de la antigua práctica de una ‘regla de vida’.

Un primer paso para alejarse de la esclavitud digital es dejar de lado nuestros dispositivos durante un día a la semana.

La Regla de San Benito[15] proporciona una guía para la vida monástica comunitaria. La norma establece ritmos regulares de oración, sueño, lectura espiritual y trabajo.

Ha surgido un gran interés por considerar cómo los aspectos de la ‘regla’ de San Benito podrían aplicarse tanto a la vida individual como a la comunitaria.[16]

Consideramos muy beneficioso establecer algunos ritmos y prácticas relacionales fundamentales de baja tecnología que reflejen nuestros valores y prioridades más preciados. Pueden combinarse en una ‘regla de vida’ personal.

Esto ofrece una sólida defensa contra la expansión digital que amenaza con inundarnos y puede ayudar a contener nuestra jornada laboral. Sin estas prácticas, es difícil ‘tener vida, y tenerla plenamente’[17] en un mundo dominado por el capitalismo de vigilancia.

Desafiar estas perspectivas es difícil. Trabajar juntos para desarrollar prácticas de ayuno digital, descanso sabático y regla de vida personal nos permite establecer patrones contraculturales que pueden romper la esclavitud del tecnicismo consumista que nos sujeta tan fuertemente.      

Restaurar la verdad en un mundo de posverdad

El filósofo canadiense Charles Taylor escribe que es el ‘prestigio y el aura que rodean a la tecnología’[18] -con su destello de novedad y su promesa de comodidad- lo que hechiza a nuestra sociedad. Nos seduce un simple aforismo: "Lo más nuevo es lo más verdadero".

Nuestra suave conformidad y dependencia encantada de la tecnología recuerda al mundo esbozado por Aldous Huxley en Un mundo feliz (1932).

Tal vez, más que el mundo rígido y mecánico profetizado por George Orwell en su libro 1984 (1949)[19], nuestra suave conformidad y dependencia encantada de la tecnología recuerda más al mundo esbozado por Aldous Huxley en la novela Un mundo feliz (1932).[20] 

Neil Postman escribe: “Lo que Orwell temía era que se prohibieran los libros. Lo que Huxley temía era que no hubiera necesidad de prohibir un libro, porque no habría nadie que quisiera leerlo... Orwell temía que se nos ocultara la verdad. Huxley temía que la verdad se ahogara en un mar de irrelevancia”.[21]

Postman se alineó en gran medida con la visión distópica del futuro de Huxley en Un mundo feliz. Según Huxley, “la gente llegará a amar su opresión y a adorar las tecnologías que anulan su capacidad de pensar”.[22] 

Postman se hace eco de este tono y continúa: “En la era de la tecnología avanzada, es más probable que la devastación espiritual provenga de un enemigo con una cara sonriente que de uno cuyo semblante exuda sospecha y odio”. La advertencia es clara: un verdadero lobo con piel de cordero.

Restaurar la verdad no es una tarea fácil. En su lucha por nuestra atención, los propietarios de las plataformas de medios sociales han aceptado de buen grado la polarización de la sociedad como un efecto secundario sin que sean importantes sus actividades.[23] 

Cuando nos alimentan con opiniones cada vez más estridentes que se alinean con las nuestras, el terreno común y las perspectivas alternativas parecen evaporarse. Para redescubrir la verdad, debemos escapar de las garras de estas herramientas algorítmicas.

Las comunidades de fe podrían desarrollar la noción de “conversaciones generosas” entre las personas que tienen puntos de vista muy divergentes sobre cuestiones controvertidas.

Nos hemos adentrado demasiado en el mundo del espejo de la verdad alternativa y tenemos que volver a aprender el arte de escuchar: recordar cómo considerar perspectivas variadas y recordarnos activamente que los “hechos” a los que nos aferramos han sido con mucha probabilidad entregados deliberadamente por un algoritmo diseñado para ayudar a afianzar nuestra posición.

Las comunidades de fe podrían ir más allá desarrollando la noción de “conversaciones generosas” entre las personas que tienen puntos de vista muy divergentes sobre cuestiones controvertidas. Estas podrían construirse para dar cabida a los desacuerdos, para extender la gracia a los errores y para fomentar un diálogo productivo.

Conclusión

¿Cómo debemos vivir entonces? Los salmistas insisten en que el foco de nuestra mirada es importante. Los ídolos y los falsos dioses siempre competirán por nuestra atención. Con demasiada facilidad permitimos que nuestros ojos se aparten del Dios vivo, extrayendo de nuestras propias cisternas rotas que no pueden retener el agua.[24]

“Alzo mis ojos a los montes, ¿de dónde viene mi ayuda?",[25] comienza el Salmo 121. Los ídolos de las montañas parecen atractivos, pero distorsionan nuestras relaciones al volatilizar lo real y eliminar la experiencia vivida.[26]

Esos mismos ídolos pueden engañar nuestra sensibilidad, alejándonos de Dios y anulando la posibilidad de la intimidad relacional. Nos consternan e insatisfacen de manera profunda, conduciéndonos hacia espejismos y dejándonos insaciablemente sedientos.

En comunidad, podemos situar mejor la tecnología que está destinada a servirnos en el lugar que le corresponde.

Pero el salmista continúa: “Mi ayuda viene del Señor, el Hacedor de los Cielos y de la Tierra”; sabiamente cambia su marco de la montaña a su Hacedor, el fundamento de lo real.

¿Cuál es la idolatría potencial de la tecnología digital? Que te guste una fotografía es bastante inofensivo. El desplazamiento interminable quizás lo sea menos. Pero, sin duda, no es una idolatría.

Como se ha señalado anteriormente, “Guy Brandon destaca el peligro espiritual asociado a la forma en que los medios sociales tienden a convertirse en dominantes en la vida de muchas personas”.[27] Nos hemos vuelto totalmente despreocupados, como escribió T. S. Eliot: “Distraídos por la distracción de la distracción”.[28]

El contenido sin fondo y las notificaciones interminables “socavan nuestra capacidad de concentración e, implícitamente, reducen nuestra capacidad de relacionarnos con los demás, en los términos más básicos, de amar”.[29]

De hecho, “sensibilizar la mente a la distracción... compromete nuestra humanidad”.[30] Es esta perspectiva de la humanidad la que nos preocupa.

En esta época hiperindividualista, es en la comunidad encarnada donde mejor podemos “estimularnos mutuamente hacia el amor y las buenas acciones”,[31] aprendiendo a escuchar y responder a la llamada de Jesús por encima de la cacofonía digital.

En la comunidad, podemos “aprender mejor los ritmos no forzados de la gracia”,[32] poniendo la tecnología que está destinada a servirnos en el lugar que le corresponde. Es en esa comunidad donde podemos florecer; conocer y ser conocidos.

 

Jonathan Ebsworth ha dedicado su carrera a las tecnologías de la información. Recientemente ha establecido una pequeña práctica de consultoría centrada en la innovación tecnológica ajustada al ser humano y ha cofundado www.TechHuman.org, un sitio web destinado a ofrecer ideas sobre cómo podemos vivir bien en un mundo dominado por lo digital.

Samuel Johns escribe sobre la identidad, la inmediatez y la tecnología en el mundo moderno tardío, con especial interés en la persona humana. Estudió en la Universidad de Oxford antes de cursar un máster en la UBC, en Vancouver, sobre la obra del filósofo Charles Taylor “El malestar de la modernidad”.

Michael Dodson es candidato al doctorado en la Universidad de Cambridge, donde estudia informática. Su investigación se centra en la seguridad y la privacidad cuando los equipos digitales se encuentran con el mundo físico, como en los servicios de agua y electricidad, los dispositivos médicos y las aplicaciones de automoción.

Este documento se publicó por primera vez en el sitio web del Jubilee Centre y se reproduce con permiso.

 

Notas

[1] Shoshana Zuboff, op cit, y Guy Brandon (201C6) Digitally Remastered.

[2] Página de inicio de la Electronic Frontier Foundation, "La principal organización sin ánimo de lucro que defiende la privacidad digital, la libertad de expresión y la innovación", (consultado el 10 de mayo de 2021).

[3] Página de inicio del Center for Humane Technology (consultada el 10 de mayo de 2021).

[4] Mateo 4:5-7.

[5] 2 Corintios 1:5-7.

[6] 2 Timoteo 1-4.

[7] 1 Tesalonicenses 2:19.

[8] 2 Juan 12; 3 Juan 13-14.

[9] 1 Pedro 2:11.

[10] Jeremía 29:7.

[11] Génesis 2:2.

[12] Éxodo 20:8-11; Deuteronomio 5:12-15.

[13] Andy Crouch, The Tech-Wise Family: Everyday Steps for Putting Technology in Its Proper Place (Grand Rapids: Baker Books, 2017), p.105.

[14] Efesios 5:15-16.

[15] Regla de San Benito (Regula Sancti Benedicti, ad 516).

[16] Los recursos útiles incluyen: Justin Whitmel Earley, The Common Rule: Habits of Purpose for an Age of Distraction (Downers Grove, IL: IVP Books, un sello de InterVarsity Press, 2019); John Mark Comer, The Ruthless Elimination of Hurry: How to Stay Emotionally Healthy and Spiritually Alive in the Chaos of the Modern World (Londres: Hodder & Stoughton, 2021); Bridgetown Church, 'Practicing the Way, Rule of Life Workbook' [consultado el 26 de febrero de 2021]; Praxis Labs, 'Rule of Life for Redemptive Entrepreneurs', (consultado el 15 de marzo de 2021).

[17] Juan 10:10.

[18] Charles Taylor, Malaise of Modernity (Toronto, CA: Anansi Press, 1991), p.6.

[19] George Orwell, Nineteen Eighty-Four (Londres: Secker & Warburg, 1949).

[20] Aldous Huxley, Brave New World (Londres: Chatto and Windus, 1932).

[21] Neil Postman, Amusing Ourselves to Death (New York, NY: Viking, 1985), p.vii.

[22] Aldous Huxley, 1932, op cit.

[23] The Social Dilemma, dirigido por Jeff Orlowski (Netflix, 2020); "Political Polarization in the American Public" (consultado el 21 de abril de 2021).

[24] Jeremías 2:13.

[25] Salmos 121:1.

[26] Paul Virilio, Michael Degener y James Derian, Desert Screen: War at the Speed of Light (Nueva York: Continuum, 2005).

[27] Guy Brandon, op cit.,p.6.

[28] T. S. Eliot, 1941, op cit.

[29] Guy Brandon, op cit., p. 161.

[30] Íbid.

[31] Hebreos 10:24.

[32] Mateo 11:28-30 (parte) Versión del Mensaje.

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