Islas Galápagos (1998)

Una de las cosas que más nos sorprendió al visitar Galápagos -igual que le ocurrió a propio Darwin- fue comprobar la extraordinaria docilidad y confianza de los animales.

29 DE OCTUBRE DE 2026 · 19:00

El autor junto a una hembra dormida de lobo marino (Zalophus californianus wollebaeki). / Ana Viciana.,
El autor junto a una hembra dormida de lobo marino (Zalophus californianus wollebaeki). / Ana Viciana.

Hace casi treinta años, mi esposa y yo tuvimos la oportunidad de visitar algunas de las principales islas que constituyen el archipiélago de las Galápagos (Ecuador).

Famoso por la trascendencia que tuvo en el pensamiento y la obra de Darwin. Realmente, cuando uno observa las especies que forman parte de sus ecosistemas, lo primero que viene a la mente es que cada una de ellas tiene una historia inmediata que la hace extraordinaria y diferente a sus parientes del continente americano.

Tanto si se escrutan las enormes tortugas que le dan nombre al lugar como si se miran los pinzones, las numerosas aves acuáticas como el cormorán incapaz de volar, las singulares iguanas marinas y las terrestres, las focas o los lobos marinos, los rojizos cangrejos o zayapas que resaltan sobre las oscuras rocas volcánicas, todos estos organismos indican que han experimentado cambios microevolutivos que los han convertido en lo que hoy son. 

Sin embargo, no se ha producido ningún caso de macroevolución en ninguna de estas especies adaptadas a su peculiar entorno. Por lo menos, esa fue la impresión que nos causó a nosotros la observación directa de tan singulares organismos

Actualmente, sabemos que no somos los únicos en pensar así. Muchos biólogos, como el canario Juan José Bacallado, creen que en Galápagos no hay ejemplos de macroevolución. En su espléndido libro sobre estas islas volcánicas, se refiere a la fauna y la flora de las Galápagos con estas palabras:

“ (...) son claros ejemplos de “microevolución” (formación de nuevas especies), pues en ellos no han tenido lugar -quizás por tratarse de enclaves reducidos que albergan poblaciones pequeñas- casos de macroevolución, es decir, la aparición de taxones de rango superior formados en las islas.”(1)

Islas Galápagos (1998)

El autor junto a un piquero patiazul (Sula nebouxii)
 

Hoy se cree que las tortugas gigantes llegaron allí desde el continente sudamericano, probablemente transportadas por las corrientes oceánicas, ya que las islas Galápagos son de origen volcánico y nunca estuvieron unidas al continente.

Estos reptiles pueden sobrevivir durante meses sin comer ni beber. Además, aunque no son buenas nadadoras, sus cuerpos flotan y pueden mantener la cabeza fuera del agua para respirar, gracias a su largo cuello.

Una vez establecidas en el archipiélago, se extendieron por distintas islas y el aislamiento, así como los diferentes vegetales que les sirvieron de alimento, contribuyeron a la diversidad microevolutiva que se observa hoy.

Actualmente, solo quedan 12 especies distintas (todas pertenecientes al género Chelonoidis) de las 15 especies reconocidas históricamente.

También el origen de los famosos pinzones de Darwin -esos pequeños pájaros oscuros endémicos de estas islas- hay que buscarlo en América del Norte, Central y del Sur.

Probablemente llegaron en diversas oleadas que se desviaron de sus rutas migratorias como consecuencia de los fuertes vientos alisios y en ellas se diversificaron mediante procesos microevolutivos.

Así mismo, algo parecido debió ocurrir también con las demás especies señaladas: cormorán no volador, pingüino de Galápagos, iguanas, lobos marinos, cangrejos, etc.(2)

Islas Galápagos (1998)

El autor fotografiando una fragata (Fragata minor) en su nido.
 

No existe consenso entre los científicos evolucionistas acerca de las diferencias que supuestamente debiera haber entre microevolución y macroevolución. La mayoría de los neodarwinistas opina que la distinción principal radicaría en la escala temporal y en el nivel de cambio biológico.

Según ellos, la microevolución ocurre a pequeña escala dentro de una misma población en pocas generaciones, mientras que la macroevolución se daría supuestamente a gran escala, a lo largo de millones de años, originando nuevos grupos taxonómicos.

Es decir, la macroevolución sería simplemente microevolución acumulada. Esta postura se conoce técnicamente como “extrapolacionismo” porque se extrapola lo que ocurre en la microevolución a lo que podría ser la macroevolución.

No obstante, diversos científicos evolucionistas renombrados, como Stephen Jay Gould, Niles Eldredge, Steven M. Stanley, Donald Prothero y otros, son contrarios a dicho extrapolacionismo y argumentan que la macroevolución debe poseer autonomía teórica, es decir, que en ella tendrían que operar procesos y reglas distintas desconocidas que no podrían explicarse únicamente analizando los genes de una sola población actual. 

Islas Galápagos (1998)

El autor fotografiando algunas de las pocas especies vegetales que existen en la isla Bartolomé, como esta Tiquilia que crece en un suelo volcánico de lapilli..

Sus propuestas reciben nombres como “equilibrio puntuado”, “argumento de la estasis”, “selección de especies”, “argumento de la irreducibilidad”, “teoría jerárquica”, “contingencia histórica y catástrofes”, “restricciones del desarrollo (Evo-Devo)”, “mutaciones en los genes Hox”, etc.

En definitiva, la microevolución se puede observar en la naturaleza, pero no así la macroevolución ya que el registro fósil indica grandes discontinuidades, extinciones en masa de especies y enormes explosiones biológicas que generan otras especies nuevas diferentes, en breves períodos.

Todo esto dificulta notablemente la comprensión y el consenso del concepto de macroevolución entre los especialistas y contribuye a generar toda una serie de hipótesis opuestas entre sí e indemostrables en la práctica.

La microevolución es clara pero no así la macroevolución, que continua siendo una concepción puramente teórica pero necesaria para el evolucionismo naturalista.

Una de las cosas que más nos sorprendió al visitar Galápagos -igual que le ocurrió a propio Darwin- fue comprobar la extraordinaria docilidad y confianza de los animales.

Éstos no suelen huir del ser humano. Es posible aproximarse hasta un par de metros a los nidos de las distintas aves acuáticas para fotografiarlas y éstas ni se inmutan. Lo mismo ocurre con los lobos marinos, las iguanas o los cangrejos.

Es como si se estuviera en el Edén identificando las distintas especies. Éstas no han aprendido a tener miedo del hombre y actúan como si la maldad no hubiera entrado todavía en su paraíso.

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Notas

 (1) Bacallado, J. J. y De Armas, R., 1992, Islas Galápagos, volcán, mar y vida en evolución, Lunwerg Editores S.A., Barcelona, p. 122. 

 (2) https://scienceandculture.com/2020/11/darwins-finches-galapagos-islands-as-an-evolutionary-model/

Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - Zoé - Islas Galápagos (1998)